Películas malditas: El exorcista

El Exorcista

Si hablamos de El Exorcista, no sabe uno si da más miedo la película o la extraña leyenda negra que la acompaña. Anécdotas como un extraño incendio en el set de rodaje y que algunos técnicos sufrieran accidentes laborales inexplicables.

El Exorcista

Sin embargo, El Exorcista, de William Friedkin, a pesar de los retrasos en el rodaje y a pesar de que algunos rollos de cintas aparecían misteriosamente velados sin que hubiera ninguna explicación aparente, logró convertirse en un clásico del cine de terror con el reconocimiento unánime de la crítica y el público por méritos propios.

Cosa que es poco habitual en este tipo de cine. No en vano, cabe recordar que rodar «El Exorcista» era ir casi a tiro hecho pues se basaba en una novela con trece millones de ejemplares vendidos, la obra de William Peter Blatty, a quien se encargó el guion, era ya conocida por el gran público.

Aun así no es posible negar que la leyenda negra la ha ayudado a envejecer tan bien. Quizás la coincidencia más escalofriante fue el fallecimiento del actor Jack MacGowran poco después de filmar su propia muerte en el filme cosa que llevó al propio director nada menos que a llamar a un sacerdote para que le diera la bendición a todo el equipo. En cambio, que en el estreno algunos espectadores sufrieran ataques de nervios o de ansiedad puede considerarse normal dado el contenido de la película.

El hecho de que se apostaran camilleros e, incluso, ambulancias a la puerta de algunos cines hay que entenderlo más como un ardid comercial de las propias salas que por una auténtica alarma al respecto.

Una de las causas de la impresión que El Exorcista causa hay que entenderla en que estaba aun vigente el parámetro de malos malos y buenos buenos, no existía entonces el registro tan utilizado hoy de malos simpáticos como por ejemplo en «Entrevista con el vampiro» o el malo más o menos ridículo y claro…

En esas elegir precisamente a Satán como malo tenía que dar miedo. Sobre todo cuando el propio guionista y autor de la citada novela aseguraba que todo se basaba en hechos reales que había conocido cuando estudiaba en la universidad, la posesión de un niño llamado Robbie en Mount Rainier, Washington.

Publicado en: Historias Reales Increíbles

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