Las Xanas, leyendas de ninfas asturianas

Ninfas de Waterhouse

Bellas mujeres que cantan junto al agua y atraen a los hombres con el hechizo de sus melodías. Esa descripción puede llevarnos a pensar en las leyendas de sirenas, pero si indagamos un poco veremos que por todo el mundo existen historias parecidas. La variante asturiana del mito nos lleva a las fuentes y a las ninfas que allí viven: las xanas.

Al contrario que en otras regiones, en que las mujeres se aprovechan de su hermosura para condenar a los hombres, la mayor parte de las historias de xanas las presentan como bondadosas e inmensamente ricas. Se supone que están atrapadas o ligadas a sus fuentes, cuevas o manantiales, sin poder alejarse de ellos, por lo que buscan constantemente la ayuda de labradores, cazadores o caminantes para que las liberen.

Por toda Asturias aparecen variaciones del mito, pero todos coinciden en que las xanas son mujeres de cabellera rubia y ojos verdes o azules, que ocupan sus días en hilar y tejer urdimbres de oro que amontonan en cestos dorados. La presencia de este metal precioso es constante en las historias de xanas, atribuyéndoseles la posesión de auténticos tesoros formados por utensilios de uso cotidiano, como peines, usos y ruecas, que ofrecen como recompensa a cambio de ser liberadas de su hechizo.

Otra parte importante de la leyenda de las xanas es su implacable castigo a aquellas personas de mal corazón, que traicionan su confianza o que aceptan ayudarlas y se acobardan en el último momento. Se dice que las xanas requieren una prueba de valor para ser salvadas, esta prueba puede ser de fuerza de voluntad o de valor.

Un ejemplo de estas pruebas aparece en la historia del panecillo de los cuatro cuernos. En esta leyenda se cuenta que una xana prometió a un humilde campesino inmensas riquezas a cambio de que la ayudara a romper el sortilegio que la mantenía atada a su fuente. Para ello debía guardar en su casa un panecillo de extraña forma y con cuatro abultados picos. El hombre prometió hacerlo llevó el pan a su casa, donde explicó a su mujer que se harían ricos si conservaban intacto el pan.

Pasados unos meses, y a pesar de las advertencias de su marido, la mujer empezó a pensar que era estúpido estar pasando hambre cuando tenían el pan guardado en un armario, de modo que dio un mordisco a uno de los cuernos y trató de ocultar su mordisco estirando la masa restante. Sin embargo, mientras hacía esto, del bollo empezó a manar un poco de sangre, por lo que la mujer se asustó y dejó el pan en el armario.

Transcurrido un año, el campesino lleva el pan a la fuente y lo arroja al agua. En ese momento, el panecillo se transforma en un hermoso caballo… al que le falta una pata, de modo que no puede sacar a la xana de allí. Ésta se enfada y maldice a la mujer del campesino al averiguar que ella era la responsable.

Publicado en: Mitologia asturiana

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