La leyenda del Rey de los Gatos

Los gatos son animales un tanto misteriosos: van y vienen a su gusto, y ni siquiera su dueño puede saber con seguridad donde han estado, ni a donde piensan ir, ni mucho menos qué ideas pasan por su pequeña cabecita. No en vano la tradición los asocia a las brujas y a los magos o los presenta incluso como personificación del demonio, haciendo así que el propietario dependa de su mascota y no al revés.
Una inquietante sospecha acerca de nuestros amigos felinos a la cual dan forma varias leyendas y narraciones populares es la de que llevan una vida secreta, que entre los gatos existe una estructura social compleja y análoga a la nuestra, acerca de la cual no sabemos nada porque ellos la mantienen oculta.
Y existe un Rey de los Gatos, dicen varias leyendas de Irlanda, Inglaterra y Escocia, que se pasea entre nosotros de incógnito.
La siguiente historia fue recogida por Charlotte S. Burke en tierras escocesas en 1884. Existe también una versión inglesa, recopilada por Joseph Jacobs en More English Fairy Tales, mucho más difundida y popular, pero que a mí me gusta menos ya que se aleja de lo fantástico y lo legendario para acercarse al cuento maravilloso. Por tanto, aquí he seguido la otra versión. Y cuenta lo siguiente:
Dos jóvenes de Edimburgo habían alquilado una pequeña casa en un lugar remoto al norte de Escocia. Su intención consistía en pasar allí el otoño, aprovechando para practicar el noble deporte de la caza en los bosques adyacentes. Junto a ellos vivía una anciana a la que habían contratado para que les hiciese la comida, así como el gato de esta y varios perros.
Normalmente, ambos jóvenes salían a cazar juntos, pero una tarde uno de ellos prefirió quedarse en casa. Así que el otro cogió su escopeta y partió sólo en dirección al bosque, prometiendo primero, eso sí, que regresaría antes de la puesta del Sol.
Sin embargo, pasaron las horas y no aparecía. Su amigo esperaba cada vez más preocupado. Ya se había hecho de noche y quedaba muy atrás la hora habitual a la que cenaban, cuando, finalmente, el cazador regresó. Según le pareció al otro joven, traía el rostro muy pálido y aspecto de estar exhausto.
Hasta que no hubieron cenado, no accedió a contar a su amigo lo que le había sucedido. Estaban sentados frente al fuego, con los perros tumbados a sus pies y el gato negro de su cocinera adormecido entre ellos, cuando comenzó a hablar:
―Bien, quieres saber qué ha ocurrido para que haya llegado tan tarde, y te lo contaré, pero has de saber que se trata de algo tan extraño que ni yo mismo estoy seguro de que haya acontecido en realidad.

“Me encontraba en el camino del bosque, apenas a unos veinte minutos de aquí, cuando descendió una espesa niebla que me hizo perder completamente el sentido de la orientación. Intenté ubicarme y regresar en dirección a la casa, pero, al parecer, no hice más que adentrarme entre los árboles. Para mi desesperación, no tardó en hacerse de noche.”
“De repente me pareció ver una luz moverse entre la niebla y la creciente oscuridad. Decidí seguirla a ver si me conducía a algún lugar habitado. Ya había avanzado unos cien metros tras ella cuando se apagó. Como estaba justo al lado de un roble de aspecto robusto, me subía a él a ver si desde algo más arriba era capaz de volver divisar la misteriosa luz. Y vaya si lo hice.”
“Resulta que estaba justo al otro lado del árbol. Desde las ramas vi bajo mi posición ―y aún no entiendo muy bien como puede ser esto― lo que parecía una iglesia. Se oían cánticos, y alcancé a ver que se estaba celebrando un funeral, pues había un ataúd rodeado de antorchas. Pero quienes llevaban esas antorchas…, oh amigo mío, no me creerás cuando te diga quienes portaban aquellas antorchas.”
Y ahí detuvo el joven su narración, alegando que le tomaría por un loco si contaba el resto de la historia. Pero tanto le insistió su amigo para que concluyese el relato que al final acabó accediendo. La expectación flotaba en el ambiente, e incluso el gato de la cocinera parecía escucharles con extremada atención, casi como si pudiese entender lo que decían.
―De acuerdo, pues esto es lo que sucedía: las manos que sujetaban las antorchas y el ataúd eran pequeñas y peludas y tenían las uñas afiladas. ¡Sus propietarios eran gatos, te lo juro, gatos! ¡Y sobre la tapa del ataúd había grabadas una corona y un cetro!
Al decir esto originó un tremendo caos en la habitación: el gato negro de la cocinera comenzó a correr dando vueltas por las paredes a una velocidad inverosímil, y a los dos hombres les pareció oírle exclamar con una voz extraña pero perfectamente comprensible: “¡Por Júpiter, el viejo Pete ha muerto. ¡Ahora yo soy el Rey de los Gatos!”. Tras lo cual se dirigió hacia el fuego, lo esquivó con un hábil salto y desapareció chimenea arriba. Nunca más lo volvieron a ver…
Publicado en: Leyendas para niños
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Los gatos son seres magicos, aunque la mayor parte del tiempo paran durmiendo, son amorosos con sus dueños, y leales. Si tienes un gato cuidalo.
mm io e tenido gatos en toda mi vida desde que naci y era una bebe siempre an estado con migo los gatos de esho de bebe me dormian en una amaca y el gato se la pasaba abajo de mi desde entonses tengo una conexion muy fuerte con ellos los amo y se que ellos ami y mmm no se nada de esas leyendas pero ami me cuidan cuando era niña me cai y un gatito salio de la nada y me empeso a cariciar por eso y mas son tan especiales para mi jijiji saludos
ESO ESPURA MENTIRA PUIES LOS GATOS ,COMO OTROS ANIM,ALES LOS CREO DIOS Y QUE SEAN MISTERIOSO NO SIGNIFICA QUE TENGAN RELANCION CON LAS BRUJAS ,MAGOS Y MUCHO MENOS CON EL DIABLO
SON UNOS ESTUPIDOS A PENSAR ESO
la historia es interesante ya que se trata al gato de la señora como un detalle sin inportanci y sin enbargo resulta se el nuevo rey
Yo cuando estaba pequeño tendría 8 yo siempre perseguía al gato de mi casa. Apuntandolo no me podía ver porque salía y se escondía. Jaja una vez se metió debajo del comedor y me dio lástima ya que no dejaba el podré gato tranquilo y yo para que saliera me puse a llamarlo y le maulle como un gato unos instante loquera mía. Y el gato salió fue a donde estaba y me acaricio. Se abra dado cuenta que en verdad me dio lástima de tanto molestarlo y desde entonces siempre me han gustado los gatos claro deje de perseguirlos jaja