Sucellus y el mayor temor de los Druidas

Sucellus

Muchos de nosotros estamos familiarizados gracias a los cómics de Asterix y Obelix con el supuesto único temor de los galos: que el cielo cayera sobre sus cabezas. Pese a parecer más una invención cómica del autor, lo cierto es que esta frase tiene su origen en un mito concreto, y cuya explicación encontramos en la forma que tenían los celtas de concebir el mundo.

Durante su campaña de conquista de las Galias, el mismísimo Julio César se reunió con los célebres Druidas, los sumos sacerdotes celtas, y tuvo ocasión de preguntar cual era su mayor temor, y para su sorpresa la respuesta fue esa, que el cielo se desplomase sobre sus cabezas.

Aunque durante algún tiempo esta respuesta fue interpretada como un desafío o una falta de respeto a César, resulta que procede del mito del dios celta Sucellus (El que golpea bien) protector de las cosechas y del alcohol. Su nombre procede del vocablo gaélico “cellos”, cuyo significado es “golpear”, una característica reforzada por el martillo con el que siempre se le representa y con el que puede golpear la Tierra para hacerla fértil.

Otro fenómeno natural atribuido a Sucellus es el de los truenos, en un paralelismo más que evidente con el Thor de los nórdicos, que provoca golpeando con su martillo la bóveda celeste en una curiosa rutina de “mantenimiento” del mundo. Este dios golpea incesantemente un punto determinado de la cúpula celeste para mantenerla en su lugar y en perfecto funcionamiento. El gran temor de los druidas era por tanto que Sucellus dejase de realizar esta tarea, lo que provocaría un colapso del mundo y la consiguiente caída de los cielos sobre sus cabezas.

Foto vía: RhôneA7

Publicado en: Mitologia celta

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1 comentario

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  1. pintero dice:

    Yo en mi interpretación, sobre este caso, me voy por los lados del castigo que se intuye/se sospecha/se espera/ es inminente cuando las acciones, de los hombres, no se ajustan al bien. Y para César pudo haber sido una amenaza; de ahí su potencial rechazo o desacuerdo.

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