Los indios del Incario aprendieron a sangre y fuego que el oro enloquecía a los españoles. Cuando Francisco Pizarro apresó traicioneramente al Inca Atahualpa, este intentó comprar su libertad a cambio de una habitación llena de aquel metal amarillo que los invasores tanto veneraban. Pizarro aceptó el trato y los súbditos de Atahualpa juntaron oro suficiente como para llenar una habitación, pero después el conquistador no cumplió su palabra. A Francisco Pizarro no le bastaba con una habitación, él quería un imperio entero, uno al menos tan esplendoroso como el que su primo Hernán Cortes había convertido en Nueva España. Y para completar sus ambiciones no podía permitirse el lujo de liberar al emperador inca. De ninguna manera; incluso prisionero, Atahualpa podía convertirse en un estorbo. Para eliminarlo de forma solapada, Pizarro organizó una pantomima de juicio en la que le acusaba de, entre otras cosas, idolatría, poligamia y conspiración contra el rey de España. El emperador fue condenado a muerte ante la confusión de sus súbditos. A pesar de las objeciones de los propios lugartenientes de Pizarro, el señor de los incas moriría ejecutado.

Cuentan que, mientras se celebraba el juicio, algunos vasallos del Inca abrigaron la esperanza de que si juntaban el oro suficiente, mucho más que la vez anterior, los españoles se darían por satisfechos y soltarían a Atahualpa. Los fieles súbditos del Inca recorrieron las cuatro partes del Tahuantinsuyo, juntando todo el oro y las joyas que pudieron encontrar, y en interminable caravana se dirigieron a Cajamarca a hablar con los españoles. Pero antes de llegar recibieron la funesta noticia: la sentencia había sido ejecutada. Ya nada se podía hacer al respecto, por lo que abandonaron su camino.
No está claro qué hicieron los vasallos del Inca con aquel tesoro, si es que alguna vez existió realmente. Algunos dicen que lo enterraron bajo tierra, otros que en el fondo de una gruta sagrada a la que sólo algunos sacerdotes indígenas sabían llegar, los más afirman que se lo llevaron con ellos a una ciudad secreta en las montañas, la legendaria Paititi, último refugio y bastión inca que los españoles nunca encontraron (y que muchos aún siguen buscando).
El caso es que nadie sabe qué fue del tesoro de los incas; y su recuerdo ha excitado durante siglos la imaginación de los aventureros, dando origen a un sinnúmero de leyendas. Una de ellas sitúa parte del tesoro en las cercanías de la localidad peruana de Locumba. La historia que narra está ambientada durante el siglo XIX, y empieza contando cómo un día a principios de siglo el cura de Locumba fue llamado para atender a un indio moribundo.

El indio pasaba ya de centenario, y se llamaba Mariano Choquemamani. Tras recibir la extrema unción, desde aquel humilde camastro en el que se moría de puro viejo, le confesó al cura que era descendiente de Titu Atauchi, cacique de los tiempos de Atahualpa. Titu Atauchi había formado parte de la caravana que se dirigió a Cajamarca para intentar liberar al Inca. Cuando esta se disolvió, una parte importante del tesoro quedó a su cargo. Para que no cayera en manos de los españoles decidió enterrarlo en una montaña cercana a Locumba que se llamaba igual que el pueblo. Titu Atauchi se suicidó sobre el tesoro y sus hombres lo sepultaron con él.
Una capa de arena fina cubrió el sepulcro del cacique. Con el paso del tiempo, encima crecieron hierbas y arbustos, y se amontonaron piedras y cascajos. Un antepasado de Mariano Choquemamani había colocado sobre la tierra unas esteras de caña y un esqueleto de loro para señalar el lugar. Se suponía que junto al cacique, además del oro, estaba enterrado también un gran cesto de mimbre de contenido desconocido.
Mariano Choquemamani no tenía descendientes a quien transmitir el secreto, y por eso se lo contaba al cura. Le dijo a este que así si alguna vez necesitaba el dinero para arreglar la iglesia podría ir y desenterrar el tesoro.
El sacerdote escuchó con atención aquella historia acerca de cuya autenticidad no sabía muy bien qué pensar. Pasarían los años sin que nunca se decidiera a buscar el tesoro. Llegó un día en que se sintió mayor y quiso regresar a su tierra natal. Antes de abandonar Locumba confió a su sucesor en la parroquia la historia del indio Choquemamani.

El nuevo sacerdote viviría tranquilo, sin más preocupaciones que las propias de su puesto; hasta que un día un terremoto sacudió el pueblo, derribando varias casas, incluida la iglesia.
El cura recordó entonces la historia que le había referido su antecesor acerca del oro de los incas y pensó que aquella era una ocasión oportuna para intentar averiguar si era cierta. Reunió a todos los vecinos del pueblo, ricos y pobres, blancos, indios y mestizos, y les reveló el secreto, así como su intención de buscar el tesoro. Un indio apareció entre la multitud, un anciano tuerto que se opuso de forma vehemente. “El cacique Titu Atauchi ha sellado el sepulcro con su sangre”, dijo, “dejando al tesoro maldito. Si alguien profana el descanso del cacique, eso traerá la ruina al pueblo de Locumba. Entonces sí que ninguna casa quedará en pie”. Las palabras del anciano hicieron tal efecto en el resto de los indios que el cura prefirió abandonar su proyecto.
No obstante, unos meses después varios vecinos adinerados decidieron asociarse para buscar el tesoro por su cuenta. Subieron al alto de Locumba y encontraron las esteras de caña y el esqueleto del loro. Pero al ver los restos del loro, los indios contratados para excavar el lugar recordaron las palabras del anciano tuerto y se amotinaron. Normalmente dóciles a las órdenes de su capataz, se tornaron fieros y amenazaron con asesinar al primero que se atreviera a hundir su pala en la tierra que cubría la tumba del cacique. De mala gana, los vecinos tuvieron que desistir.
Pasaron los años por Locumba, llevándose a algunos de sus habitantes y trayendo a otros nuevos. Uno de los recién llegados era un hacendado ex ministro que se instaló en sus posesiones del valle. Alguien le narró a este poderoso personaje la historia del cacique Tito Atauchi, y el terrateniente organizó una nueva sociedad para desenterrar el tesoro.
Pío Cornejo, pues así se llamaba el antiguo ministro, no halló oposición entre los indios. El anciano tuerto hacía tiempo que había fallecido y sus palabras apenas se recordaban. Por tanto, una nueva partida de buscadores de tesoros subió al monte Locumba y encontró otra vez las esteras de caña y el esqueleto del loro. Los peones que habían contratado extrajeron las piedras, apartaron las esteras de caña y cavaron, cavaron en la tierra arenosa que había debajo. Pronto apareció la canasta de mimbre que el indio Choquemamani había asegurado estaba enterrada junto al cacique.
Al abrirla encontraron en su interior una vicuña muerta que, momificada, se conservaba casi como el día en que la habían enterrado. Esto asustó mucho a los indios, que lo consideraron una señal de mal agüero. Alguno recordó entonces las advertencias del anciano, y todos los indios abandonaron el lugar sin hacer caso a las palabras de don Pío Cornejo y sus socios. No hubo amenaza ni promesa que siviera para retenerlos.
Como ya no debía de faltar mucho para llegar hasta el tesoro, los asociados decidieron continuar sólos. Ellos mismos empuñaron las herramientas y removieron las últimas capas de arena.
Después de tres siglos bajo tierra, los restos del cacique Atauchi volvieron a ver la luz del sol.

La aparición de aquel esqueleto descarnado avivó la codicia de los presentes; el oro estaba cerca, casi podían olerlo. El ex ministro Cornejo se apresuró a apartar el esqueleto del cacique. Pero en el preciso momento en que le puso sus regordetas manos encima, la tierra emitió un rugido que creció hasta que todo el valle de Locumba tembló de forma horrible. El suelo se agrietó y las casas del pueblo se vinieron abajo. Antes de que la destrucción terminase, un derrumbe tapó para siempre la tumba del cacique y el tesoro.
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como que ahora nadie sabe de los tesoros d los incas???…no comparto esa inferencia mi estimado amigo.
atte.
indi
Comentario por Indi03-06-2008 @ 6:51 pm
Juan de Betanzos escribió en Cuzco alrededor de 1551 la que se considera una de las primeras obras de carácter indigenista. Se conservan dos copias del manuscrito, una en la Biblioteca del Escorial, Madrid, y otra más completa en la Fundación March de Palma de Mallorca, procedente de la biblioteca del Duque de Medinaceli. La transcripción y notas son de Mª del Carmen Martín Rubio, de la Universidad Complutense de Madrid, a quien se debe la primera edición completa, en la Ed. Atlas, Madrid 1987, en commemoración del quinto centenario del descubrimiento de América. En esta selección las aclaraciones de la transcriptora, siendo pocas, las hemos puesto entre paréntesis en lugar de en notas.
Comentario por REEEEE24-07-2008 @ 2:28 am
NUNCA ENCONTRARAN EL TESORO DE LOS INCAS
Comentario por juan22-01-2009 @ 4:17 am
ola me gustaria viajar y encontrar maravillas del mundo como ayudante de cualquier buscador y paleontologos si saben de alguien enviarme un mensaje adios
Comentario por urco05-02-2009 @ 9:10 pm
Por fin una historia con un final feliz y ojalá el ministro Cornejo se lo tragara la tierra y ojalá si algun día el oro fuera encontrado que sea encontrado por el pueblo peruano ese pueblo que realmente se lo merece los pobres de la tierra ,los desendientes de los incas,son los deseos de este hermano chileno.
Comentario por Francisco Maetinez Osses14-04-2009 @ 4:13 am
bueno ya no e mito d q los incas an enterrado sus tesoros por el temor de saqueo d los españoles ps x los sitios reconditos de peru hay tesoros los pobladores temen sacarlo x su gas vevenoso soy un buscador resibo datos de tesoros cazatesorosperu@hotmail.com
Comentario por paul02-05-2009 @ 5:50 pm
yo se donde esta el tesoro pero nunca buscaria a algien que me ayude porque la codisia humana es muy grande y acavarian contodo asi sea mucho prefiero cojer un poco y dejar el resto esmejor asi y algo mas no esta donde lo vuscan nunca lo encontraran a y cuando un hombre quiere lo logra
Comentario por alexander sanches24-06-2009 @ 9:46 pm
ve pobre ignorante como vas a saber donde esta osea piensa
Comentario por cinthia30-01-2010 @ 4:07 am
TESOROS EXISTEN, EL AÑO PASADO LLEVAMSO DETECTORE DE ORO, POR LA ZONA DE CHOTA-CAJAMARCA, ENCONTRAMOS ESQUELETOS, Y ALGUNOS METALES COMO BRONCE, PRONTO HABRA UNA NUEVA EXPEDICION, SALUDOS DESDE TRUJILLO-PERU
Comentario por mac05-06-2010 @ 10:45 pm
LO MAXIMO K HE ENCONTRADO FUERON 3 MONEDAS D PLATA X 1 CERRO CERCA A MI CASA CON MI DETECTOR AFICIONADO EN EL MES D MARZO SI INICIAN OTRAS BUSKEDAS AVISEN demon_laurent@hotmail.com
Comentario por Franko19-06-2010 @ 6:15 pm
Creo k el peru encierra mas tesoros que el propio oro, si no la cultura , la armonia de vivir con la naturaleza. los conocimientos muy avansados ,es un misterio el paititi ,no todo ojo lo llegare a ver , solo el que este libre de codicia lo encomtrara y k pena k lo primero k venga en mente es en saquearlo
Comentario por joe20-06-2010 @ 6:35 am
Yo digo que finalmente se regresen el oro encontrado en Perú, Bolivia, Colombia ….. por los estadunidense y los europeos, y que no esperen más tiempo, con el fin de que pasen los 100 años para que sea legal que se lo queden. Es triste visitar el templo del sol en el Cusco y ver que el lugar en el que debería estar el ovalo dorado ya solo el reflejo de las lindas y perfectamente trabajadas piedras incas.
Comentario por marianna23-07-2010 @ 9:44 pm
q fomeee lo q se lo meresen son los chilenos ese oro
Comentario por karina muños ojeda27-08-2010 @ 1:35 am