El Cuelebre, la sierpe fantástica de Asturias

El Cuelebre

En la mitología popular asturiana los dragones se llaman cuélebres, y tienen forma de serpiente, alas y una vistosa crin tras la cabeza. Algunas descripciones incluyen pequeñas variantes, como atribuirles color negro, pelambrera particularmente abundante, un par de cuernos o varias colas y cabezas. Su tamaño oscila entre grande y descomunal.

La tradición los presenta como criaturas malignas. Y no es de extrañar, ya que, además de hacer estragos entre el ganado, devoran seres humanos, normalmente arrastrándolos al agua o succionándolos desde el fondo de algún barranco. A veces hablan, y cuando lo hacen es casi siempre para lanzar comentarios afilados y venenosos destinados a hacer perder toda esperanza a sus presas.

Completa este retrato negativo la capacidad hipnótica que les atribuye una de las informadoras de Ramón Sordo Sotres, habilidad que parece corroborada por una leyenda en la cual un cuélebre ordena a un toro empujar a la protagonista hacia la sima en la que él se encuentra.

Los cuélebres son criaturas de tierra y agua. Aunque habitan sobre todo en cuevas y hondonadas del terreno, se trata casi siempre de lugares cercanos a manantiales, y no es raro que el cuélebre viva en el manantial mismo, emergiendo de él cuando se presenta algún incauto. En ocasiones, objetos de una persona que cayó a un pozo por culpa del cuélebre vuelven a salir a la superficie a muchos kilómetros de allí, lo que sugiere una especie de continuidad de las fuentes, como si bajo el suelo de Asturias existiese una oscura red de canales por los cuales sólo estos seres supiesen transitar.

Quien está atento es capaz de percibir la presencia de un cuélebre en las cercanías: puede verse el rastro que dejan en la nieve o en los campos de maíz cuando vuelan (casi siempre lo hacen a ras de suelo, arrastrando la cola), y oírse los silbidos y siseos que emiten mientras deambulan por el bosque. Cuando las aguas de una fuente se retiran de repente para regresar sucias al poco tiempo, no hay duda de que la causa es un cuélebre.

Muchas veces esas son las únicas señales que los habitantes de un pueblo tienen de que una de estas desagradables criaturas ronda los alrededores. Pero lo habitual es que se manifiesten de forma más virulenta, pudiendo llegar a exigir un tributo, el cual casi siempre tiene que ver con la comida; de hecho, suele consistir en un suministro regular de hogazas de pan o de doncellas hermosas, esto último si el cuélebre en cuestión resulta ser muy sibarita.

Deshacerse de un cuélebre no resulta fácil, puesto que, como están recubiertos de duras escamas, resultan prácticamente invulnerables. Para matarlos o ahuyentarlos hay que utilizar el ingenio. La manera habitual consiste en darles a comer un bollo de pan con alfileres, fragmentos de la hoja de una guadaña o piedras al rojo en su interior. En lo externo, su único punto débil es la garganta, y el día propicio para acabar con ellos, el de San Juan.

El ciclo vital de estos animales fantásticos no está demasiado claro. Pueden surgir fruto de los hechizos de algún mago, como sucede con el de la cueva de San Cirbían, creado a partir de la cuerda que ataba los brazos de la infortunada doncella a la que debía custodiar. Los cuélebres son excepcionales guardianes de tesoros y de doncellas encantadas, y en otras leyendas ellos mismos son la doncella encantada.

Dejando aparte los casos de encantamientos, no existe unanimidad acerca del origen de los cuélebres. En algunas narraciones populares se dice que pueden crecer a partir del pelo de una joven arrojado a una fuente. Por su parte, Alberto Álvarez Peña opina que se trata simplemente de las culebras macho, que al contrario que las hembras no dejan de crecer y al llegar a una edad determinada les salen alas.

El cuélebre

Pero si misterioso es su inicio, no lo es menos su final. Aunque de extraordinaria longevidad (algunos dicen que no mueren), llega un momento en el que se sienten viejos y cansados. Entonces abandonan para siempre su guarida, remontan el vuelo y avanzan sobre la tierra en dirección al mar. Al llegar al infinito azul se lanzan en picado, sumergiéndose en el agua, descendiendo cada vez más hacia las profundidades, hasta llegar a una ciudad repleta de tesoros en la que pasarán el resto de sus días. El folclorista Aurelio del Llano situaba esta ciudad en el mítico mar Coagulado.

Las leyendas y las narraciones populares sobre los cuélebres son extraordinariamente abundantes. Resultan bastante curiosas las ambientadas en monasterios, de las cuales hay al menos tres, bastante similares. En ellas el cuélebre habita en las cercanías de un monasterio o de un convento y se cuela por las noches en su interior, o en el del cementerio anexo, para devorar los cadáveres de los religiosos enterrados. Finalmente, los monjes, o algún peregrino que pasaba por allí, logran acabar con él.

Estas historias parecen recrear la vieja lucha entre lo cristiano y lo pagano, en donde las serpientes, además de simbolizar la sabiduría y la renovación, daban forma a los genios del lugar.

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-Bibliografía:

  • Ramón Sordo Sotres, Mitología de Asturias y Cantabria. Entre los ríos Sella y Nansa, R. Sordo Sotres, Llanes, 1991, pp. 59-70.
  • Alberto Álvarez Peña, Mitología asturiana, Pico Urriellu, Gijón, 2001, pp. 27-40.
  • Alberto Álvarez Peña, Mitos y leyendas asturianas, Pico Urriello, Gijón, 2003, pp. 115-133.
  • Miguel Arrieta Gallastegui, Asturias legendaria, Trea, Gijón, 2004, pp. 45-57.

Imágenes vía (respectivamente): Deviant Art y El agujero negro.

Publicado en: Mitologia, Mitologia asturiana

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6 comentarios

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  1. AMy dice:

    cuando era niña mi madre escuchaba una canción de victor manuel que se llama “el cuélebre” la verdad pensé que sólo era una canción inventada por su autor, pero hasta ahora veo que es un mito de su continente. saludos desde américa

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