Delfos: el oráculo os espera

Oraculo de Delfos

Delfos es uno de los santuarios más antiguos y conocidos de Grecia. Situado al norte del golfo de Corinto, en la ladera del monte Parnaso, aquel conjunto de edificios se consagró al dios Apolo, y fue centro religioso y político de la Grecia antigua.

Cuenta la leyenda que Zeus, para situar el punto central de la Tierra, soltó dos águilas, una desde el extremo más occidental del mundo y otra desde el más oriental. El punto donde se encontrasen sería el centro del mundo. Las aves se echaron a volar con igual velocidad y ambas se encontraron en Delfos, al borde de un acantilado. En recuerdo, allí se colocó la famosa piedra Omphalos (en griego significa, ombligo), flanqueada por dos águilas.

Otra leyenda, sin embargo, indica que el origen de Delfos es de origen micénico, y está dedicado a Gea, antigua divinidad de la tierra. Aquel lugar estaba custodiado por la serpiente Pitón, a quien Apolo derrotó. En el punto donde Pitón cayó muerta, Apolo colocó el omphalos, convirtiéndose en ese momento en el hogar del dios.

Pero, ¿por qué relacionarlo además con el oráculo? Desde tiempos remotos, contaba la tradición que el héroe Delfos era capaz de adivinar el futuro leyendo en las entrañas de los animales. Parnaso, quien le daba nombre al monte donde está el santuario de Apolo, además, hacía idénticos oráculos estudiando el vuelo de las aves. Sin embargo, hubo una técnica de adivinación que empezó a hacerse famosa en en el santuario de Delfos.

El dios Apolo hablaba a través de una sacerdotisa, la pitia, que había de ser una muchacha virgen. Previamente, debía ofrecerse una cabra a Apolo; se rociaba al animal con agua fría y si la cabra se estremecía era la señal de que el dios accedía a hablar a través de la pitia. La pitia entonces se purificaba bañándose en agua sagrada y se impregnaba con el olor de laurel quemado. Tras ésto, la mujer se sentaba tras un biombo en el trono de Apolo, un trípode, y, tras un breve tiempo, la pitonisa entraba en trance y empezaba a dar gritos. Éstos eran traducidos en verso por los escribientes, que entregaban el mensaje en papel al que hacía la consulta.

Así, su fama se extendió por toda Grecia, y personajes de la talla de Agamenón, Filipo de Macedonia o el mismísimo Alejandro Magno acudieron al santuario a pedir consejo. Delfos aprovechó estos años para enriquecerse. Las ofrendas eran almacenadas en edificios adyacentes al santuario, y de este modo, en el siglo VI a.C. Delfos ya se había convertido en el centro religioso más importante de Grecia, el lugar donde arquitectos, escritores, y grandes personalidades se consagraban, supuestamente para rendir culto al dios.

Aún así, el incendio del año 548 a.C. y que destruyó el templo no pudo con la mentalidad griega. El templo fue reconstruido, y Delfos volvió con más fuerza que nunca. Incluso después de la invasión romana, éstos continuaron con el culto. Se organizaron, paralelamente a los Juegos Olímpicos, los Juegos Píticos, en conmemoración a la fecha en que Apolo derrotó a Pitón.

Sin embargo, la cada vez mayor división interna de las polis griegas; las luchas y las rivalidades acabaron por politizar a Delfos y su santuario. Finalmente, el gran desencadenante de la decadencia de esta isla fue la conversión al cristianismo de los romanos.

Considerada como una celebración pagana, Teodosio mandó parar las actividades del oráculo. Pocos años después, Arcadio entró en Delfos y la arrasó, no dejando piedra sobre piedra, y quedándose con todos los tesoros que guardaba el Santuario de Apolo.

De aquella época; de aquél santuario; de aquellas leyendas sólo nos quedan algunos restos, gracias principalmente a la labor esforzada de Theóphile Homolle, un arqueólogo francés, artífice de la excavación de Delfos, quien encontró el Tesoro de los Atenienses y la célebre áuriga de Delfos. En 1903 finalizó la excavación y allí, en lo que antes fuera el santuario, inauguro el que hoy es el museo más importante de Grecia, el Museo de Delfos.

Allí podremos rememorar estas historias viendo la copia del célebre Omphalos, la esfinge alada de Naxos, el fresco del Tesoro de Sifnos o la famosa Áuriga de bronce.

Así pues, considérense bienvenidos al Templo de Apolo. ¡El oráculo les espera!.

Para seguir leyendo:

El mito de Apolo, el dios de las profecías

Publicado en: Mitología griega

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3 comentarios

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  1. vosoloi dice:

    Hola, he dado una vuelta por el blog y me parece muy interesante. Hace poco yo inicié mi propio blog con una temática parecida y me gustaria hacer un intercambio de enlaces. Si te interesa, esta es la dirección: http://mis-enigmas-favoritos.blogspot.com Hasta pronto!

  2. day dice:

    hola esta my bueno pero muy breve baybay

  3. jaime salcedo lamus dice:

    el hombre siempre tendra curiosidad por su pasado,futuro, esta en sus genes. sino estas de acuerdo puedes consultarlo con el oraculo de delfos, que en forma de versos respondia,el problema era interpretarlos.

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