La leyenda de las cataratas de Iguazú

Cataratas de Iguazu

Apoyado en la barandilla admiraba, con la mirada perdida, el tremendo salto de agua de la Garganta del Diablo. Las manecillas del reloj seguían girando lentamente en mi reloj, y sin embargo, para mí, el tiempo se había detenido. Estaba solo, pero no estaba solo; los turistas me rodeaban. Reinaba el silencio, pero había ruido; de niños, de gritos, de voces que no sabían apreciar la gran verdad que se descubría a mis pies…. Mis cinco sentidos se encontraban poseídos por aquella increíble maravilla de la Naturaleza, las cataratas de Iguazú..

Cuenta la leyenda que…

Habitaba el río Iguazú una monstruosa criatura; una serpiente, por nombre Boi, a quien los indígenas habían de ofrecer en sacrificio cada año a una joven muchacha, arrojándola a los rápidos del Iguazú.

Cierto año, al frente de una de esas tribus guaraníes llegó un joven, Tarobá. Cuando llegaron a la ceremonia de sacrificio, se enamoró perdidamente de la bella joven a la que ese año debían sacrificar. Por todos los medios, Tarobá intentó convencer a los ancianos de todas las tribus que se le perdonara la vida a Naipí, que así se llamaba la joven. Pero sus intentos fueron infructuosos. La joven había de ser sacrificada porque así lo quería la diosa Boi. Lejos de amedrentarse, Tarobá, la noche anterior al sacrificio, cogió su canoa, y llevando en ella a Naipí, la raptó.

Al enterarse de lo sucedido, Boi, la serpiente, los persiguió. Asomando su lomo en el río lo partió en dos, y originó así las grandes cataratas del Iguazú. Tarobá y Naipí quedaron atrapados en esas aguas. Tarobá quedó convertido en árbol, justo encima de la Garganta del Diablo, mientras que la cabellera de Naipí se convirtieron en las impresionantes aguas que descienden turbulentas por la misma Garganta. Boi, la diosa, volvió a sumergirse, y desde el fondo de las cataratas vigila constantemente que Tarobá y Naipí no puedan unirse nuevamente…

Sin embargo, dicen los indígenas del lugar que cuando el arco iris se dibuja entre la bruma que se levanta allá abajo, donde rompe la catarata, Tarobá y Naipí unen su amor…

Fue más de una hora la que pasé allí, absorto, pero para mí no fueron más de cinco minutos. El tiempo había pasado sin darme cuenta; las emociones me habían conducido a lugares insospechados, y mi corazón, mi mente y mis oídos navegaron en las aguas del Iguazú, de la mano de Tarobá y Naipí… al mirar hacia abajo, el arco iris se dibujó y con ella una sonrisa en mis labios… burlando al destino, de nuevo unidos…

Publicado en: Leyendas

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8 comentarios

Comments RSS

  1. khb dice:

    esta muy bonita la leyenda me encanto espero kk le guste a mi maestra geronima

  2. sofia benson dice:

    me parese cool pero hay partes que deberian quitar y otras correjir

  3. clarita dice:

    a lo mejor la leyenda es solo eso. pero el lugar es hermoso y merece ser visitado ,como una de las maravillas del Mundo

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