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un mundo de misterios por descubrir
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Archive for the ‘Leyendas’

La maldicion de Tutankamon

Julio 20, 2008 By: Javier Gomez Category: Realidad o Ficcion, Misterios sin resolver, Leyendas No Comments →

Tumba de Tutankamon

La idea de profanar una tumba y el cadáver enterrado en ella suscita los más terribles presagios de mala suerte y muertes. Es algo que subyace en nuestra conciencia social y que nos empuja a buscar explicaciones irracionales en sucesos que difícilmente pueden entenderse. Aquel 26 de noviembre de 1922 se desató la maldición más terrible conocida por el mundo: la maldición de Tutankamon.

La leyenda lo ha acompañado durante más de 3.000 año, oculto entre las arenas del Valle de los Reyes; la maldición implacable persiguió durante años a quienes en su día se atrevieron a profanar su tumba, y su historia se convirtió en un relato que conjura romanticismo, intrigas, luchas, misterios y un rosario de víctimas relacionadas con el descubrimiento de la tumba de Tutankhamon. Elementos suficientes todos ellos para haber creado el mayor mito del siglo XX.

Tutankamon vivió en una época convulsa, de tensiones sociales y políticas en Egipto. A las puertas de su reino estaban los hititas dispuestos a invadir el país, e internamente, el gobierno se resquebrajaba.

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La novia de la Muerte

Julio 17, 2008 By: Domingo A. Gómez Gallego Category: Leyendas 1 Comment →

Carro

Cuenta una vieja leyenda zíngara que hubo una vez una hermosa joven que no tenía marido, ni padre, ni madre, ni hermanos, ni parientes: todos habían muerto. Vivía sola en una cabaña al final del pueblo; y nadie iba a visitarla, y ella no visitaba a nadie.

Una tarde, un apuesto vagabundo llegó hasta su casa, abrió la puerta e imploró: “Soy un vagabundo, y he estado en regiones lejanas. Me gustaría descansar aquí; no puedo ir más lejos”. La doncella respondió: “Quédate aquí. Yo te proporcionaré un colchón sobre el que dormir y, si quieres, también bebida y vituallas”.

Cuando llegó la hora de acostarse, exclamó el vagabundo: “Una vez más, vuelvo a dormir. Hace tanto tiempo desde la última vez…”. “¿Cuánto?”, preguntó intrigada la muchacha. “Querida doncella”, respondió él, ”yo sólo duermo una semana cada cien años”. La muchacha se rió, y dijo: “Bromeas, ¿no? Sin duda eres un simpático granuja”. Pero su invitado no le respondió, pues ya se había quedado dormido.

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El pescador Urashima, leyenda japonesa

Julio 11, 2008 By: Domingo A. Gómez Gallego Category: Leyendas No Comments →

Urashima

Cuentan que hace muchos años vivía en Japón un joven pescador, hábil con los anzuelos y las redes aunque un poco olvidadizo, llamado Urashima. Dicen asimismo que una tarde en la que este había salido a faenar con su barca, al izar las redes encontró atrapada en ellas una gran tortuga verde. Aunque esta podía proporcionar alimento para él y sus padres durante varios días, Urashima se apiadó de ella y la devolvió al mar. Mientras lo hacía sintió que el sueño se apoderaba de él.

Al poco de cerrar el pescador los ojos, una hermosa doncella surgió de entre las olas y, tras subir a la barca, dijo:

―Soy hija del dios del mar. Fui yo quién, bajo la forma de una tortuga, se enredó en tus aparejos de pesca y a quién generosamente devolviste al agua. Esa acción tan noble no puede quedar sin recompensa, así que te invito a acompañarme al Palacio del Dragón, cuyo suelo de coral nunca ha sido hollado por un ser humano, y en donde vivo con mi padre.

La princesa se sentó entonces al lado de Urashima y cogió un remo; el pescador empuñó el otro y ambos comenzaron a remar. Remaron y remaron, adentrándose cada vez más en el océano, hasta que por fin pudieron divisar en el horizonte los altos torreones del Palacio del Dragón.

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El origen de la Tarantela

Julio 06, 2008 By: Anabella Squiripa Category: Tradiciones, Leyendas No Comments →

Tarantella

Tarantela Tarantela,
tarantela cógeme de la cintura
y dame vueltas y más vueltas,
un paso hacia atrás y todo da igual.
Tarantela, tarantela,
mueve la cintura
y también las caderas
tarantela, tarantela.

La tarantela es un baile popular del sur de Italia. Al ritmo de un marcado compás, sus vivos movimientos funcionan como galanteo entre parejas, acompañadas de castañuelas y de panderetas. Sin embargo, su origen resulta curioso y hasta una tragicomedia.
Resulta que en la Edad Media, en los siglos XI y XII, en la ciudad sureña de Tarento, abundaban las tarántulas, arácnidos muy temidos por la población.

La leyenda cuenta que muchas personas resultaban víctimas de mordeduras de tarántulas, lo que provocaba, en principio, un pequeño dolor, pero a medida que el tiempo pasaba, se volvía peor hasta el punto de sufrir problemas respiratorios y convulsiones. Luego llegaba un ataque de locura e histeria en el cual los enfermos lloraban, gritaban, saltaban y se sacudían. Si la víctima era atendida a tiempo, perecía.

A este mal existía un antídoto muy particular: moverse frenéticamente durante mucho tiempo para así liberar las toxinas del veneno en el sudor. Estos movimientos espasmódicos comenzaron a ser tan frecuentes en la población que los músicos no vacilaron en componer piezas musicales que acompañase a los enfermos. El tratamiento podía durar de 3 a 4 días, con descansos de 4 horas aproximadamente.

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La leyenda de Maricuchilla

Julio 05, 2008 By: Domingo A. Gómez Gallego Category: Fantasmas, Leyendas No Comments →

Joven con cuchillo

Antes de convertirse en el espectro en pena conocido bajo el nombre de Maricuchilla, María era ya una joven misteriosa y bella como la Luna. Todos los jóvenes de Oviedo deseaban su compañía, pero ella se mostraba siempre fría y desdeñosa, y los rechazaba con una actitud que en muchas ocasiones llegaba a la crueldad. En el fonde de su corazón, María se regocijaba con malsano placer al observar el sufrimiento de sus pretendientes.

Un día llegó a la ciudad un ermitaño, famélico y desaliñado, que se instaló en una cabaña de las afueras. Se trataba de un hombre santo que pasaba sus días rezando al Señor y vivía de las limosnas que los buenos samaritanos depositaban en su sombrero los domingos por la mañana, cuando todo el mundo acudía a la catedral.

En una de estas ocasiones, sucedió que María se fijó en él y le pareció que debajo de aquella barba desgreñada y aquellos andrajos se escondía un hombre apuesto. Durante los días siguientes, dio muchas vueltas a esta idea, y soñó largamente con la que según ella debía de ser la auténtica apariencia del ermitaño, de tal manera que al final acabó por enamorarse de él.

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La Ruta de la Seda, la leyenda de su origen

Junio 29, 2008 By: Javier Gomez Category: Leyendas 1 Comment →

la Ruta de la Seda

Constantinopla, Antioquía, Bagdad, Teherán, Mashid Bujara, Samarkanda, Kashgar, Ounhuang, Xian y Huangzhou. Son algunas de las etapas históricas de una de las rutas más famosas y antiguas de la Historia: la Ruta de la Seda.

La seda fue, durante muchos siglos, uno de los tesoros más secretos del Lejano Oriente y al mismo tiempo, más codiciados por Occidente. Cientos de años estuvo el secreto de la seda oculto en el admirado mundo de la China bajo el manto de los grandes emperadores.

Y muchas leyendas circulan sobre la aparición de la seda, aunque quizás la más conocida sea la que tiene como protagonista a la emperatriz Lei Tsú, la tejedora de la primera seda. Paseaba tranquilamente por palacio cuando, un día, se detuvo a observar a una oruga que estaba tejiendo su capullo. Cuando la emperatriz intentó deshilvanarlo le resultó imposible pues la consistencia de éste era mucho mayor que el de cualquiera de los tejidos que se hacían en palacio.

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Leyenda de la cabeza engendrada en una tumba

Junio 28, 2008 By: Domingo A. Gómez Gallego Category: Leyendas No Comments →

Hay en el sur de Chipre un territorio completamente desolado que hace muchos años era fértil y próspero. En este paraje se alzaba una espléndida ciudad llamada Sietelías, y si algún día un viajero vuelve a pasar por allí tal vez pueda encontrar aún los restos semienterrados de sus magníficos edificios. Aunque será mejor que no se entretenga demasiado observándolos, pues el lugar está maldito y resulta, por tanto, poco recomendable permanecer en él.

La culpa de su ruina la tuvo un joven enamorado de una dama hermosa y agradable, la cual murió de forma repentina poco antes de que él regresara de un viaje. Al enterarse de la muerte de su amada, casi enloqueció de dolor. Buscó el blanco sepulcro de mármol en el que la habían enterrado, lo abrió y se echó dentro con ella. Hasta la mañana siguiente no abandonó su compañía.

Nueve meses después, el joven escuchó una voz atronadora que, sin embargo, no venía de ninguna parte, la cual le dijo: “Vete a la tumba de tu doncella, ábrela y mira lo que has engendrado”.

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La sonrisa de Tepoztecatl

Junio 12, 2008 By: Ademir Morales Category: Mitología azteca, Mitologia, Leyendas No Comments →

En el corazón de la provincia central mexicana, en el estado de Morelos, se yergue la imponente silueta del místico cerro del Tepozteco. El pintoresco pueblo de Tepoztlán se resguarda bajo sus graves sombras. Este lugar es un sitio sui géneris, en donde intelectuales, esoteristas, ufólogos , pintores, escritores, intelectuales, indigenistas, turistas mexicanos y de otras varias naciones, encuentran una atmósfera multifacética y rica, en donde la influencia prehispánica, los riqueza arquitectónica colonial, y el ambiente cosmopolita y altamente cultural que impregna el pueblecillo, lo tornan irresistible y mágico en grado sumo.

Tepoztlan1

Y el cerro del Tepozteco, que corona el cinturón de formaciones rocosas de la zona, guarda muchas historias, anécdotas y leyendas desde los tiempos de silvestre sortilegio de los antiguos mexicanos.

Uno de esos relatos cuenta acerca de una doncella que acostumbraba bañarse en una barranca del lugar. En aquel sitio se decía que a las doncellas “les llegaban aires”, y tal fue el caso de esta joven de la leyenda que comentamos: pronto quedó encinta. La familia avergonzada y furiosa, hizo varios intentos por deshacerse del recién nacido. En una ocasión lo arrojaron desde una las alturas contra unas rocas, sin embargo los vientos lo hicieron levitar suavemente hasta una llanura cercana; en otra oportunidad, fue abandonado en una zona de magueyes, pero en un instante las pencas se inclinaron hasta llegar a sus labios demandantes de niño, para dejarle beber el dulce aguamiel. En otra tentativa por acabar con la vida del niño, fue puesto al alcance de las hormigas gigantes, mas éstas bestias, lejos de picarlo, se dedicaron a alimentarlo solícitamente…

Pero un matrimonio de ancianos, que descubrió al bebé, lo adoptó. Este infante milagroso se trataba de Tepoztécatl, el gran patrono del pueblo de Tepoztlán. Próxima a la casa de Tepoztécatl habitaba Mazacuatl, una temida serpiente de Xochicalco, a la que la gente del lugar daba de comer por medio de la ofrenda humana de ancianos.

En cierta infausta ocasión, los señores del pueblo anunciaron al viejo que adoptó a Tepoztécatl que debía ser sacrificado a esta monstruosa serpiente. Tepoztécatl decidió aventurarse sacrificio en lugar de su anciano padre a fin de salvarle la vida. Se dirigió a Xochicalco, y en su ruta fue juntando aiztli, es decir fragmentos filosos de obsidiana, que iba depositando en su mochila. Al arribar a Xochicalco se expuso ante Mazacuatl, el ofidio coloso, que lo engulló sin demora. Poco después, en el interior del estómago de Mazacuatl, el gran Tepoztécatl usó todos los aiztli, para desgarrar las entrañas de la horrida bestia.

Mientras volvía al hogar, se encontró con una fiesta en la que hacían sonar el teponaxtli, tambores prehispánicos, y chirimías, flautas folklóricas. Tepoztécatl anheló tocar estos instrumentos y, al serle vedado, diseminó una tormenta que arrojó arena y guijarros a los ojos de todos. En el momento en el que pudieron reaccionar los celebrantes, el niño se había esfumado con los instrumentos: se oía a los lejos el sonido de ambos.

El niño divino arribó por fin a Tepoztlán y se hizo de los cerros más altos. Se colocó sobre el cerro Ehecatépetl. Tepoztécatl gozó de amplia consideración en su pueblo natal y fue designado Señor de Tepoztlán y sacerdote del ídolo Ometochtli (Dos Conejo). Pero años después desapareció, no se sabe si murió o se fue a otra parte, pero hay quienes dicen que se fue a vivir junto a la pirámide, para siempre.

Tepoztlan2

Y allí sigue la pirámide, en la cima del cerro Tepozteco y sólo los más tenaces y resistentes viajeros logran subir allí, para ver el milagro absoluto del mundo en el espectáculo grandioso de la lejanía y el horizonte jubiloso ondulando al compás de teponaxtles y chirimías con acordes de silencios y enigmas.

Y entonces el dios, oculto en el corazón del mundo, sonríe.

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Ometeotl, el dios que se hizo a sí mismo

Junio 03, 2008 By: Ademir Morales Category: Mitología azteca, Mitologia, Leyendas No Comments →

La deidad primordial que de la nada misma se gestó, el que por haber sido inventor de sí mismo no precisa justificación ontológica alguna, se llama Moyocoyani, “el que se creó a sí mismo”. Esta entidad se pensó y se inventó para constituir el principio y generar todo lo que a la postre llegó a existir. Queda denominado y definido por la profunda noción in nelli teotl, “dios verdadero” que se refiere a aquel fundado, cimentado en sí mismo. Es el verbo de la creación y está constituido por el ollin, “movimiento” y las sustancias cósmicas.

Ometecuhtli

Conformado por el todo, se reúnen con él los opuestos, lo antagónico y por lo tanto es genitor del caos, pero como principio de la inteligencia es también el armonizador, el ordenador. Si bien es espíritu y materia (energía), fuego y agua, blanco y negro, estatismo y movimiento, caos y orden, vida y muerte, creador y destrucción, consecuentemente al acoplar en sí mismo las fuerzas contrarias de lo positivo y de lo negativo, es dual. Por eso se llama Ometeotl, “Dios de la dualidad” y vive en el Omeyocan, donde convergen los opuestos, el todo.

Por su naturaleza misma, Ometeotl es masculino y femenino y así se manifiesta simultáneamente como Ometecuhtli “Señor de la dualidad” y Omecihuatl “Señora de la dualidad”, y son la Pareja Creadora, dioses de la creación y de la vida.

También recibía el nombre de Tloque Nahuaque “dueño del cerca y del lejos”. Era la divinidad suprema y el principio de todo lo que existe. No intervenía directamente en los asuntos humanos. Se dedicaba a reposar y meditar en el Omeyocan, su morada divina, mismo sitio que estaba situado en la parte superior de los trece cielos. Allí se creaban también a los niños que nacerían posteriormente en la tierra.

Bibliografía

  • Yolotl Gonzalez Torres, Diccionario de Mitología y Religión de Mesoamérica, Larousse, México, 1995
  • Alfonso Caso, El Pueblo Sol, FCE, México, 1953

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La leyenda de la estatua juez

Mayo 23, 2008 By: Domingo A. Gómez Gallego Category: Leyendas No Comments →

Constantinopla estaba llena de maravillas, como, por ejemplo, las dos serpientes de latón que se entrelazaban en la plaza abovedada del Prodomo. De una de sus bocas manaba leche, y de la otra vino, sin que nadie pudiese averiguar nunca de donde provenían aquellos licores, lo cual nos hace sospechar que su creador, además de dominar la aleación de los metales, poseía avanzados conocimientos de artes mágicas.

Iglesia de Santa sof�a

En el centro de la misma plaza se erguía la inmóvil figura de latón de un hombre con su mano derecha extendida palma hacia arriba, obra probablemente del mismo artesano que fabrico las serpientes. A aquella estatua acudían los mercaderes cuando no se ponían de acuerdo sobre el precio de algún artículo. Entonces el comprador abría la bolsa que contenía sus monedas e iba depositando los ducados, uno a uno, sobre la mano de la estatua. Cuando la cantidad alcanzaba el valor real de la mercancía, la estatua cerraba su mano.

Un día, sucedió que un noble quiso vender uno de sus mejores caballos, para lo cual entabló negociaciones con un vecino de la ciudad. Como a pesar de regatear durante largas horas no llegaban a ningún acuerdo, decidieron acudir al Prodomo a consultar a la estatua.

Estatuilla de latón

El comprador comenzó a poner monedas en la mano de latón, tal y como era costumbre, de una en una. Pero, nada más depositar el primer ducado, la mano se cerró, provocando exclamaciones de sorpresa entre los presentes, pues estaba claro que aquel caballo valía al menos 300 ducados, y eso tirando por lo bajo.

El noble, sintiéndose ultrajado por el veredicto de la estatua, montó en cólera con ella. Desenvainó su espada y le asestó un mandoble tal que le cortó la mano de cuajo, inutilizándola para siempre. Sin embargo, era hombre de honor y había prometido acatar lo que dictaminase la figura de latón, así que, una vez calmado, recogió la moneda y se marchó de allí, dejando el caballo al comprador.

El vecino regresó feliz a casa con su nuevo caballo, pero nada más cruzar la puerta de entrada el animal cayó muerto. De toda su compra, los únicos bienes que le quedaron fueron un pellejo de caballo y cuatro herraduras, objetos cuyo valor de venta ascendía exactamente a un ducado.

Esta leyenda se la contaron en Constantinopla al hidalgo cordobés Pero Tafur en el año del Señor de 1437.

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