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Archive for the ‘Tradiciones’

El origen de la Tarantela

Julio 06, 2008 By: Anabella Squiripa Category: Tradiciones, Leyendas No Comments →

Tarantella

Tarantela Tarantela,
tarantela cógeme de la cintura
y dame vueltas y más vueltas,
un paso hacia atrás y todo da igual.
Tarantela, tarantela,
mueve la cintura
y también las caderas
tarantela, tarantela.

La tarantela es un baile popular del sur de Italia. Al ritmo de un marcado compás, sus vivos movimientos funcionan como galanteo entre parejas, acompañadas de castañuelas y de panderetas. Sin embargo, su origen resulta curioso y hasta una tragicomedia.
Resulta que en la Edad Media, en los siglos XI y XII, en la ciudad sureña de Tarento, abundaban las tarántulas, arácnidos muy temidos por la población.

La leyenda cuenta que muchas personas resultaban víctimas de mordeduras de tarántulas, lo que provocaba, en principio, un pequeño dolor, pero a medida que el tiempo pasaba, se volvía peor hasta el punto de sufrir problemas respiratorios y convulsiones. Luego llegaba un ataque de locura e histeria en el cual los enfermos lloraban, gritaban, saltaban y se sacudían. Si la víctima era atendida a tiempo, perecía.

A este mal existía un antídoto muy particular: moverse frenéticamente durante mucho tiempo para así liberar las toxinas del veneno en el sudor. Estos movimientos espasmódicos comenzaron a ser tan frecuentes en la población que los músicos no vacilaron en componer piezas musicales que acompañase a los enfermos. El tratamiento podía durar de 3 a 4 días, con descansos de 4 horas aproximadamente.

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La Rusalka, ninfa acuatica de la mitologia eslava

Julio 02, 2008 By: Domingo A. Gómez Gallego Category: Mitologia eslava, Tradiciones, Mitologia No Comments →

Rusalka, cuadro de Konstantin Vasiliev

En la mitología eslava existen unos espíritus femeninos del agua llamados rusalkas, los cuales habitan en ríos, lagos y, a veces, zonas costeras. Por lo general, se las describe como mujeres hermosas de piel nívea y larga melena verde. Sus ojos son completamente blancos, si es que en ellos no arde un intenso fuego del mismo color que su pelo. Sus ropajes suelen consistir en una túnica blanca o en escuetos vestidos confeccionados con hojas del bosque.

Las rusalkas pasan la mayor parte del año bajo el agua. Hasta principios de junio no abandonan sus hogares subacuáticos, que pueden ser tanto lujosos salones de cristal como modestos nidos hechos de plumas y paja. Entonces, sobre todo por las noches, salen a la orilla y se dedican a hilar, lavar lino o, sobre todo, entonar extrañas canciones desconocidas para el resto de los mortales. También suelen subir a los árboles cercanos al cauce del río, en cuyas ramas les gusta columpiarse, sobre todo si se trata de un sauce o un abedul, y de las cuales solo bajan para ejecutar insólitas danzas en grupo. Allí donde bailan las rusalkas la hierba crece más fuerte, abundante y verde.

Dicen que si el pelo de una rusalka deja de estar húmedo, esta muere. Por ello, siempre que se alejan del agua, internándose en el bosque o el campo, llevan con ellas su peine; al peinarse un pequeño chorro de agua fluye de él.

Para los humanos su proximidad puede resultar peligrosa.

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Ehecatl y los Ehecatotontli

Junio 05, 2008 By: Ademir Morales Category: Mitología azteca, Tradiciones, Mitologia No Comments →

Ehécatl quiere decir “viento” en náhuatl, y se refiere a la vez, al dios del viento de los prehispánicos. Corresponde a una de las advocaciones del célebre Quetzalcoatl, la serpiente emplumada, y expresa el aspecto sombrío y letal de este dios, en general bondadoso. Su jeroglífico en los códices y relieves presenta un rostro humano con barba, pico y un ojo de muerto fuera de la órbita, que acaso aluda a un astro.

Frecuentemente era representado con una máscara bucal roja en forma de pico. Utilizándola limpiaba el camino para Tlaloc, dios de la lluvia, y los Tlaloque, dioses menores de la lluvia. También a veces se le representaba con dos máscaras. Muestra un caracol en el pecho, puesto que el viento es utilizado para hacer sonar el caracol, que asemeja el sonido del viento. Su aliento sonoro motiva el movimiento del Sol, anuncia y hace a un lado a la lluvia.

Ehécatl

Proporciona vida a lo que está inerte. Ehécatl se enamoró de una muchacha humana de nombre Mayáhuel, y brindó a los hombres la capacidad de amar para que ella pudiera corresponderle a su ardorosa pasión. Su sentimiento amoroso se ha simbolizado con un árbol bello y frondoso, que crece en el lugar en el que arribó Ehécatl a la tierra. De acuerdo al mito azteca, tras la creación del quinto sol, éste estaba quieto en un lugar del cielo, al igual que la luna, hasta que el dios Ehécatl soplo sobre ellos y les motivo su movimiento. Los templos de Ehecatl comúnmente poseían forma circular, a fin de tener menor resistencia al viento y facilitar su circulación. En ocasiones especiales se le asociaba con los cuatro puntos cardinales, pues el viento viene y va en todas direcciones.

El viento por ser invisible requiere de una representación metafórica. Algunos dicen que los Ehecatotontli son “los vientecillos”, pero más bien son las múltiples partículas de energía que constituyen el aire, y mismas que le dan movimiento. A semejanza de Ehecatl, pero tan pequeños que son invisibles, los Ehecatotontli se reproducen por millares y forman culebras de aire, ráfagas, vendavales, borrascas, golpes de viento, trombas, según cuántos sean y con qué intensidad actúen. Se les rinde culto mediante pequeñas estatuillas con cara de niño, que se colocan en los santuarios de los montes, casi siempre ubicados en las cimas.

Ehécatl2

- Fuentes:

  • Adela Fernández, Dioses Prehispánicos de México; panorama, México, 1985

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Chicomecoatl, La Gran Diosa del Maiz

Mayo 28, 2008 By: Ademir Morales Category: Mitología azteca, Tradiciones, Mitologia No Comments →

Chicomecoátl, palabra náhuatl que quiere decir “Siete Serpiente”, era el nombre de la gran diosa del maíz. Sahagún equipara a esta divinal figura con la Ceres de la Roma antigua, y acerca de ella destaca lo siguiente: “…era la diosa de los mantenimientos, así de lo que se come como de lo que se bebe… debió ser esta mujer la primera que comenzó a hacer pan y otros manjares y guisados. La pintaban con una corona de papel en la cabeza, y en una mano un manojo de mazorcas y en la otra una rodela con una flor de sol, su falda y blusón adornados con flores acuáticas”.

Chicomecoátl1

De acuerdo a un canto dedicado a su reverenciada presencia, se sabe que vivía en el celestial y paradisiaco jardín Tlalocan, y que cuando culminaba la fructificación del maíz, retornaba a su plácido hogar. A su templo se le conocía como Chicometeótl iteopan y se le celebraban ritos principalmente en el mes de huey tzoztli o “la gran vigilia”. Los aztecas le dedicaban muchas ofrendas, consistentes más que nada en alimentos, que colocaban a los pies de los dioses particulares de las casas y de los templos. A la postre todo era llevado al templo propio de Chicomecoátl, en donde los alimentos eran degustados por los asistentes. Luego, en otra jornada, (en el mes de esta divinidad, el Ochpaniztli) los sacerdotes designados para llevar a cabo el ceremonial de la diosa Chicomecoátl, se disfrazaban con las pieles de los prisioneros cautivos, sacrificados un día antes y se situaban en las alturas de un templete desde donde lanzaban a la gente del pueblo, los fieles allí congregados, semillas de maíz y calabaza, de colores variopintos. Las hermosas doncellas que cuidaban del templo de la diosa, lucían brazos y piernas ornamentados con plumas, y sus núbiles rostros con marmaja. Ellas llevaban en la espalda siete mazorcas de maíz untadas de hule y protegidas con papel. Precisamente a partir de estas mazorcas se conseguían las semillas para el sagrado ritual del año venidero. Completando este ceremonial se ungía a una mujer joven que tenía el cometido de encarnar a la diosa Chicomecoátl. Portaba además, en la frente, una pluma verde, simbolizando una espiga de maíz; luego, al anochecer le cortaban la pluma junto a la cabellera y los ofrecían a la imagen de la diosa. Por la mañana, en el punto culminante de los festejos para Chimecoátl , se sacrificaba a esta joven y a varios cautivos sobre las mazorcas, en aras de la fertilidad y la prosperidad continua de las cosechas y del gran pueblo mexica.

Fuentes:

González Torres Yolotl , Diccionario de Mitología y religión de Mesoamérica, Larousse, México, 1995

http://es.wikipedia.org/wiki/Chicomec%C3%B3atl

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La Serpiente Emplumada, los Hombres y el Maíz

Mayo 06, 2008 By: Ademir Morales Category: Mitología azteca, Tradiciones, Mitologia 1 Comment →

En la aurora de los tiempos, la verdad aún es inocente y se expone sin más. Luego, desde esta perspectiva inmemorial, quizá lo auténticamente divino fuera lo humano, así en su talante más natural y manifiesto. El Prometeo griego así nos lo traduce en su generoso sacrificio. Su altruismo heroico tan personal.

Como veremos a continuación, lo mismo sucede con la serpiente emplumada, Quetzalcoatl, muy venerada deidad de los antiguos pueblos de Mesoamérica, en su ayuda a la gestación de lo humano y además su mítica ofrenda del maíz, descubrimiento vital para los primeros hombres.

Qutezalcoatl1

En la ciudad sagrada se congregaron los dioses más importantes para conciliar, entre ellos estaban los consternados Citlalinicue, Citlaltonac, Apantecuchtli, Tepanquizqui, Quetzalcóatl y Tezcatlipoca. Debatieron acerca de quién habitaría la recién cimentada tierra, bajo los cielos inmensos apenas forjados. Entonces Quetzalcoatl se avino a resolver prácticamente, el tortuoso dilema. Descendió a Mictlan, el reino de ultratumba, y solicitó a su monarca, el gran Mictlantecuhtli, que le entregase los huesos preciosos que tenía guardados para sí.

—¿Qué harás con ellos, Quetzalcóatl?

Y una vez más dijo (Quetzalcóatl):

—Los dioses se preocupan porque alguien viva en la tierra.

Y respondió Mictlantecuhtli:

—Está bien, haz sonar mi caracol y da vueltas cuatro veces alrededor de mi círculo precioso.

Pero el caracol divino no tiene orificio para soplar. Quetzalcoatl acude al auxilio de sus aliados los gusanos, estos perforan el duro caracol y lo dejan listo. Quetzalcoatl llama ahora a las abejas que penetran por los agujeros del caracol y le hacen emitir con su zumbido en ecos el místico sonido deseado. Ante esto el siniestro Mictlantecuhtli, señor de los muertos, debe ceder. Le entrega los huesos mágicos a Quetzalcoatl. Pero en seguida, en la negrura de su máscara de cráneo, se gesta la traición. Le ordena a sus servidores que detengan a Quetzalcoatl en su partida, puesto que no ha de llevarse el tesoro preciado.

Ante esto Quetzalcoatl decide llevar a cabo una singular estratagema, le solicita a su nahual, a su doble silvestre y animal, que acuda con los sirvientes del señor de los muertos para avisarles que el mismo irá a devolverlos. El nahual a gritos, así lo anuncia.

Pero Quetzalcoatl no lo lleva a cabo; ha ganado tiempo, ha hecho un atado con los huesos de hombre y de mujer mezclados para ahora tratar de huir, finalmente, de la sombría Mictlan.

Mictlantecuhtli furioso, se lamenta:

—Dioses, ¿de veras se lleva Quetzalcóatl los huesos preciosos? Dioses, id a hacer un hoyo.

Y sus sirvientes divinos obedecen: cavan una fosa en la tierra calcinada. Quetzalcoatl al intentar sortearlo, es sorprendido por una codornices que lo asustan. La Serpiente Emplumada muere de espanto. Cae en la fosa. Los huesos se disgregan en torno suyo, luego son roídos por las codornices voraces.

Quetzalcoatl revive entonces y pide consejo a su nahual, su doble en la otredad:

—¿Qué haré, nahual mío?

Y este le respondió:

—Puesto que la cosa salió mal, que resulte como sea.

Quetzalcoatl vs Tezcatlipoca

De esta manera Quetzalcoatl reúne los huesos y sale por fin de Mictlan. Algún tiempo después arriba con su preciada carga a Tamoanchan, lugar sagrado y de sortilegio perenne. Allí la gran Cihuacóatl, patrona de la fertilidad, le ayuda, moliendo los huesos. A continuación esparcen el polvo sobre un barreño mágico. Quetzalcoatl entonces punza su miembro y rocía de la herida practicada, abundante sangre sobre el polvo. De la mezcla surgen los primeros hombres. Quetzalcóatl y los demás dioses velan y hacen penitencia sobre el prodigio obtenido.

Luego proclaman:

—Han nacido, oh dioses, los macehuales (los merecidos por la penitencia).

Pero los humanos, los macehuales, precisan de alimento.

A esto Quetzalcoatl ha observado a una hormiga huir con un grano de maíz en su espalda para internarse con él en la Montaña de Nuestro Sustento. Quetzalcoatl interroga a la hormiga sobre la procedencia del maíz, pero el insecto se rebela y no le confiesa nada. Al final cede: le mostrará el sitio deseado al dios. Quetzalcoatl se transforma en una hormiga negra, y junto con la hormiga roja recuperarán un gran caudal de grano. A continuación Quetzalcoatl lo lleva hasta Tamoanchan donde dioses y hombres comieron hasta saciarse.

(Citas del Códice Chimalpopoca , Leyendas de los soles , folio 77, trad. Miguel Leon Portilla)

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El nacimiento del Dios Colibrí

Mayo 01, 2008 By: Ademir Morales Category: Mitología azteca, Tradiciones, Mitologia No Comments →

En el México antiguo, en Anahuac, el ombligo del mundo, Huitzilopochtli era el numen principal de los mexicas; el colibrí zurdo, aquel que condujo al pueblo elegido de las diversas tribus nahuas, el pueblo Azteca, desde la misteriosa isla de Aztlan hasta el altiplano mexicano donde se cimentaría la gloriosa Tenochtitlan, allí donde gobernaría el mundo mesoamericano entero.

El mito del nacimiento de Huitzilopochtli nos habla acerca de cómo estos hombres se hallaban inmersos en un universo sobrecargado de sentido: cada respiro suyo, era una ofrenda, cada sueño un contacto místico. Espléndidamente aislados durante milenios, desarrollaron una cosmovisión muy particular y valiosa, porque nos sumerge en ámbitos asombrosos de pensamiento en Otredad, diferente por completo al desarrollado por la razón greco romana, la del cristianismo europeo, la nuestra aún hoy.

Huitzilopochtli1

En Coatepec, la montaña sagrada, cerca de Tula ciudad imponente, una mujer admirable, Coatlicue, la de la falda de serpientes, hacía penitencia barriendo el templo. Súbitamente una pequeña bola de plumas cayó del cielo. Coatlicue la colocó en su seno, sin pensarlo. En ese justo instante quedó embarazada. Indignados, su hija Coyolxauhqui y sus demás hijos los Cuatrocientos Surianos, decidieron tomar venganza de su madre Coatlicue por esta afrentosa circunstancia. La madre se afligió mucho ante tal amenaza, empero, Huitzilopochtli, quien era el que se hallaba gestándose en su vientre, le consolaba hablándole desde allí: “-No temas; yo sé lo que tengo que hacer.”

Uno de los Surianos, Cuahuitlicac, tomó partido por su hermano nonato. Él le brindaba información acerca de los lugares a los que iban arribando Coyolxauhqui y los demás, a fin de alcanzar a su madre para castigarla. “Ya están en Tzompantitlan,ya en Coaxalpan, los veo en la propia cuesta de la montaña, ahora están aquí.”

En ese momento nació el dios Huitzilopochtli, rápidamente se procuró sus atavíos guerreros: su escudo de plumas de águila; sus dardos; su lanza-dardos azul, turquesa, su divino color. Pintó su rostro con franjas diagonales. Sobre su cabeza fijó plumas finas, además se colocó sus orejeras. En uno de sus pies, el izquierdo, que era enjuto, llevaba una sandalia cubierta de plumas. Sus piernas y brazos bañados de turquesa también.

Huitzilopochtli blandió su arma letal, la serpiente hecha de teas, la Xiuhcoatl, con ella hirió a Coyolxauhqui, le cercenó la cabeza, la cual rodó hasta quedar abandonada en la ladera de Coatepec. El cuerpo de Coyolxauhqui se disgregó hacia todos los rumbos posibles.

Luego el Dios Colibrí se irguió, persiguió a los Cuatrocientos Surianos, los acosó cual si fuesen conejos, en torno de la montaña sagrada. Cuatro veces los obligó a rodearla a fin de huir de su furia belicosa. En vano trataban de ofrecer defensa alguna contra él, ni siquiera al son de los cascabeles y ni al golpear de sus escudos.

Coyolxauhqui1

Sólo unos cuantos pudieron escapar de su ominosa presencia, del furor de sus manos batalladoras. Se dirigieron hacia el sur, por eso se llaman los Surianos, los pocos que huyeron de Huitzilopochtli. A los fenecidos, el Dios Colibrí les quitó sus atavíos, sus adornos, su anecúyotl, se los apropió, los incorporó a su destino, hizo de ellos sus propias insignias.

“Y este Huitzilopochtli, según se decía, era un portento, porque sólo una pluma fina, que cayó en el vientre de su madre, Coatlicue, fue concebido. Nadie apareció jamás como su padre. A él lo veneraban los mexicas, le hacían sacrificios, lo honraban y servían. Y Huitzilopochtli recompensaba a quien así obraba. Y su culto fue tomado de allí, se Coatepec, la montaña de la serpiente, como se practicaba desde los tiempos antiguos.” (De los informantes de Fray Bernardino de Sahagún)

Hoy es factible comprender, en este relato mítico, una lectura de la victoria cotidiana del Sol en contra de la noche, la Luna y las estrellas del firmamento. Porque las palabras dicen al mundo de diferentes maneras, y el silencio expresa sus motivos. El silencio: la voz del dios oculto, que nunca ha terminado de relatar(nos) sus hazañas, en el corazón mismo del Ser.

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Supersticiones marítimas

Febrero 20, 2008 By: Domingo A. Gómez Gallego Category: Tradiciones 3 Comments →

Los marineros se han refugiado siempre en una serie de creencias que les ayudan a soportar las duras condiciones de la vida en el mar. Cuando viajas en un barco sólo una débil estructura de acero (o madera) te separa de perecer en la inmensidad del océano. Las supersticiones aportan entonces una cierta sensación de control sobre elementos decisivos para la supervivencia, la mayor parte de las veces tan azarosos como, por ejemplo, las condiciones atmosféricas. Si no rompes ningún tabú y adoptas las medidas adecuadas la ira de los dioses se aplaca, la tormenta no estalla, el viento sopla favorable y tu barco llega sano y salvo a puerto.

velero en una tormenta

Recogemos aquí creencias de épocas diversas:

1) Los barcos, como las personas. Cada navío tiene un nombre distinto y, en cierta manera, su propia personalidad. A veces se les personifica hasta el extremo de atribuirles buena o mala suerte. Siempre han existido barcos con fama de gafe, y otros de los cuales se decía que disfrutaban siempre de tiempo favorable y que, en ocasiones, si sus tripulantes necesitaban algún producto lo encontraban casualmente a la deriva.

La botadura de un barco equivale a su bautizo, y constituye un momento de bastante carga simbólica. La costumbre de romper una botella de champagne contra el casco tiene su origen en la antigüedad, cuando se vertía vino tinto en la cubierta como libación a los dioses del mar. Los vikingos hacían esta ofrenda con la sangre de algún prisionero sobre cuya espalda arrastraban el barco al bajarlo al mar.

El nombre del navío también es importante. Los armadores de épocas pasadas intentaban evitar aquellos relacionados con el fuego, los relámpagos o las tormentas. Según algunos, no se debía cambiar nunca el nombre del barco, aunque entre los piratas era práctica habitual.

2) Malos augurios. Existían fechas nefastas durante las cuales nadie debía abandonar el puerto. En el ámbito anglosajón se consideraba tentar a la suerte salir al mar los viernes (día en que crucificaron a Jesucristo), el primer lunes de abril (día en que Caín mató a Abel), el segundo lunes de agosto (día en que Dios Castigó a Sodoma y Gomorra) o el 31 de diciembre. Los miércoles, sin embargo, eran días favorables. Por otro lado, constituía un mal presagio escuchar las campanas de una iglesia desde el barco mientras este zarpaba.

También podía haber señales positivas. La mejor, los fuegos de San Telmo, esa luminiscencia que aparece en los extremos de los palos del barco bajo unas determinadas condiciones atmosféricas. No obstante, en algunas zonas se creía que si iluminaban a un marinero este moriría antes de que pasaran 24 horas.

mascarón de proa del Cutty Sark

3) Amuletos y objetos gafe. En la Isla de Man consideraban que una pluma de reyezuelo constituía un buen amuleto contra los naufragios y los ahogamientos, aunque sus propiedades sólo duraban doce meses. En otras zonas era habitual llevar un aro de metal en la oreja para alejar las tormentas.

Con el objetivo de proteger al barco y a su futura tripulación, los armadores colocaban una moneda bajo el palo mayor, tal vez como pago preventivo al barquero infernal Caronte. Una estrella polar dibujada en el extremo del bauprés también ayudaba. Sin embargo, la protección del barco y su tripulación recaía sobre todo en el mascarón de proa. En su origen, los mascarones iban dentro del barco, cumpliendo una función religiosa: primero como cabezas de animales sacrificados a los dioses, después estas fueron sustituidas por tallas de madera. Finalmente pasaron a la proa, bajo la forma de algún animal totémico o alguna deidad marina, hasta que a principios del XIX se popularizaron las figuras femeninas (vestidas o no), por la creencia de que su visión amansaba a los dioses del mar. Si el mascaron fallaba en su cometido, y por tanto el barco naufragaba, se le cortaba la cabeza para que no volviera a ser utilizado.

A bordo se consideraba que traían mal fario las flores y los paraguas. También entregar una bandera a alguien a través de los travesaños de una escalera o ponerse la ropa de un compañero fallecido antes de terminar la travesía.

4) Animales. En términos generales estaba mal vista la presencia en el barco de animales con pelo, al contrario que la de los animales con plumas. Aunque había excepciones: que un gallo cantase a bordo era una señal inequívoca de mala suerte, y la presencia de un gato siempre era apreciada, ya que mantenían a raya a los ratones y proporcionaban distracción a los marineros, aunque algunos creían que los de su especie podían invocar tormentas.

Aunque a veces una aleta de tiburón podía servir de talismán, un tiburón siguiendo al barco por el lado de popa presagiaba la muerte de algún tripulante.

Infligir daño a un albatros podía acarrear consecuencias nefastas, como las que sufre el protagonista del poema “La canción del viejo marinero”, de S. T. Coleridge, al parecer inspirado por la vida del corsario George Shelvocke, quien tras matar a un albatros tuvo siempre mal tiempo. La causa de este tabú radicaba en la creencia de que los marinos muertos se reencarnaban en albatros.

albatros

5) Pasajeros peligrosos. Uno de los grupos de supersticiones marineras más curioso es el referente a pasajeros supuestamente funestos. Resulta ya un clásico la creencia de que las mujeres a bordo atraen las tempestades. Los curas también suponían una presencia funesta, al igual que los finlandeses, que tenían fama de ser brujos capaces de hechizar el barco e invocar tormentas.

Pero con independencia de su nacionalidad o condición, cualquiera tenía prohibido silbar a bordo, actividad que podía despertar a los vientos y provocar un temporal, o hacer sonar el cristal de una copa, ya que esto provocaba en algun lugar distante el ahogamiento de un marino.

Los difuntos tampoco eran pasajeros apreciados. A nadie le gustaba transportar un ataúd en su barco, y los marineros que morían en alta mar eran arrojados al océano envueltos en una mortaja de lona con una bala de cañón dentro. La última puntada que cosía la mortaja atravesaba la nariz del fallecido, para que su fantasma no persiguiese al barco. Los ataúdes constituían una mala carga incluso vacíos.

6) ¡Hombre al agua! Pocas experiencias debe de haber más terribles que caer al agua en alta mar y ver cómo tu barco se aleja poco a poco. En épocas pretéritas muchos marineros no sabían nadar, y además se consideraba fuente de mala suerte rescatar a una persona que se estuviera ahogando. Suponía inmiscuirse en los asuntos de los dioses del mar o del destino. Por otro lado, cuando alguien moría ahogado, su cadáver, según creencia muy extendida, iba directo al fondo del mar, a los nueve días regresaba a la superficie y después se hundía definitivamente. Ver un cadáver durante ese breve periodo de tiempo era un mal presagio.

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Hechizos vudú

Enero 14, 2008 By: Domingo A. Gómez Gallego Category: Tradiciones, Realidad o Ficcion, Lugares misteriosos 2 Comments →

El escritor y periodista Lafcadio Hearn fue un inquieto trotamundos. De madre griega y padre irlandés, nació en una de las Islas Jónicas y vivió en Dublín, Gales, Francia, Nueva York, Cincinnati, Nueva Orleans y Martinica, antes de encontrar un hogar en Japón, país del cual acabaría nacionalizándose. Se apasionó por la cultura, las costumbres y las creencias de cada uno de los lugares por los que pasó, y sobre muchos de ellos escribió artículos o volúmenes enteros en los que reflejó la vida cotidiana de sus habitantes con espíritu de antropólogo y alma de literato.

Lafcadio Hearn

Entre los artículos que dedicó a Nueva Orleans, al menos un par versan exclusivamente acerca de la oscura magia vudú. Tras observar que, en la época (finales del XIX) y el lugar en que escribe, el vudú ha dejado de ser una religión para convertirse en una serie de prácticas mágicas, recoge las más difundidas y aceptadas por los vecinos de la ciudad, incluyendo los hechizos más temidos.

Terroríficos resultan los encantamientos que el escritor grecoirlandés agrupa bajo la etiqueta “magia de almohada” y que consisten en causar enfermedades o incluso la muerte de la víctima poniendo ciertos objetos en su almohada sin que se de cuenta, sobre todo si es de plumas. Era creencia extendida en Nueva Orleans que si introduces en la almohada de alguien trozos del ala de un gallo sacrificado u objetos como huesos, pelo, cuerdas trapos, etc., este se pondrá enfermo. Sí la almohada pertenece a un niño y lo que se mete en ella son granos de maíz, el niño no crecerá más. Si pertenece a un adulto, mediante una serie de conjuros secretos, un pájaro monstruoso se formará a partir de las plumas de la almohada, creciendo poco a poco cada noche hasta que se desarrolle por completo. Entonces la persona muere, tal y como sucede en el relato “El almohadón de plumas”, del uruguayo Horacio Quiroga.

Pero las posibles víctimas no han de temer nada si adoptan las medidas adecuadas a tiempo. Para anular estos hechizos, basta con poner unas tijeras abiertas bajo la almohada momentos antes de ir a dormir, o mirar en su interior cada pocos días y, si se encuentra algo sospechoso, espolvorearlo con sal y quemarlo

ceremonia vudú

Otra categoría importante de conjuros estaría formada por los llevados a cabo en las cercanías de la casa de la víctima, generalmente arrojando objetos o sustancias ante su entrada. Una forma de hacerlo sería trazar una línea de aceite frente a la puerta de entrada. Si el dueño de la casa la cruza cae bajo la maldición del vudú. Una variante consiste en esparcir trocitos de hojas secas o simplemente suciedad. Otra, en dejar allí una tinaja llena de aceite con ciertos objetos flotando y una vela encendida. Una vez más, echar sal sobre los objetos empleados en el encantamiento supone una forma de anularlos, aunque no hace falta si tienes una o dos gallinas de una raza especial con plumas rizadas, porque, según la creencia popular, se comen las maldiciones.

Desde el punto de vista de la víctima, está claro que, más allá de que estos conjuros puedan o no tener algún tipo de efecto mágico real, suponen una agresión desagradable. En gran parte porque son anónimos: el afectado encuentra el objeto mágico destinado a hacerle daño, pero no sabe quién se lo ha dejado. La amenaza vudú no tiene rostro. Por eso y por el carácter casual de muchos de los objetos empleados habitualmente, los creyentes en esta forma de vudú pueden caer en la paranoia. Lafcadio Hearn cuenta casos de vecinos suyos convencidos, sin tener la menor prueba que apoyase tal idea, de ser las víctimas de poderosos brujos que conspiraban contra ellos.

barrio francés de Nueva Orleans

La vida en Nueva Orleans a finales del XIX transcurría en un ambiente mágico en el que cualquier elemento cotidiano (desde el vuelo de una mosca a la molestia persistente en un oído) adquiría un significado que iba más allá de lo visible a primera vista. Desde entonces han transcurrido más de cien años y la ciudad ha sufrido vicisitudes diversas, incluyendo desastres casi bíblicos. ¿Siguen vivas allí las prácticas del vudú más allá de los espectáculos de carácter turístico? Si alguna vez visita la hermosa Nueva Orleans, cuando por la noche regrese a su habitación de hotel no olvide echar un vistazo al interior de la almohada. Por si acaso.

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Ver a los muertos, segun el folclore astur

Enero 08, 2008 By: Domingo A. Gómez Gallego Category: Tradiciones, Fantasmas No Comments →

En Asturias, aquel que poseía la facultad de ver y comunicarse con los espíritus de los fallecidos recibía el nombre de vedorio. Según la creencia popular, estas personas podían transmitir mensajes entre los vivos y los muertos, eran capaces de predecir futuros entierros y sólo ellos estaban libres de cualquier daño si se cruzaban de noche con la Güestia (o Santa Compaña), la procesión de almas en pena que desfilaban por los caminos portando un hueso encendido como antorcha y repitiendo una y otra vez su advertencia: “Andad de día, que la noche es mía”.

la Guestia o Santa Compaña

Estos médiums tradicionales asturianos no adquirían su don por nacimiento, sino durante el bautismo. Si el cura utilizaba en ese momento la estola negra propia de la liturgia de Jueves Santo o los oleos de ungir a los muertos, extraídos del nogal, el niño crecería con la facultad de ver a los muertos. En algunas zonas, se pensaba además que ese poder podía transmitirse como por contagio: si te cruzabas con el vedorio cuando este regresaba del cementerio y te entregaba algún objeto que hubiera recogido allí, tal vez una piedra de forma curiosa o una flor rara, a la noche siguiente podías encontrarte con una desagradable sorpresa. Debido a este miedo al contagio, los vecinos rehuían su trato, por lo cual se veían obligados a llevar una vida solitaria.

Sin embargo, no sólo los vedorios podían ver a los muertos. Nadie estaba libre de cruzarse con la Güestia, que en ese caso constituía un anuncio de muerte segura. Se libraban de las funestas consecuencias del encuentro los que tuvieran a un amigo o un familiar fallecido entre los componentes de la comitiva espectral, o aquellos con la rapidez suficiente como para dibujar en el suelo un círculo con un pentagrama inscrito y meterse dentro. A veces una persona normal acompañaba a un vedorio y sólo este veía la procesión de las almas, en tales ocasiones, si aquel quería verla también (y quedando impune) sólo tenía que situarse detrás del vedorio y apoyar la barbilla sobre su hombro.

lobo blanco

Cualquiera podía encontrar a un conocido, hierático y taciturno al borde del camino, para al llegar a casa enterarse de que había muerto poco antes lejos de allí. No eran infrecuentes tampoco las historias de apariciones de almas bajo formas humanas o no humanas, por ejemplo como un lobo blanco, o como un perro negro inverosímilmente grande o una serpiente muy larga, o, incluso, bajo forma de raíz de árbol, que regresaban para dar un último mensaje a los vivos y hacer una última petición antes de partir hacia el cielo o el infierno.

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Rituales y tradiciones para Nochevieja y Año Nuevo

Diciembre 27, 2007 By: Carmen Márquez Category: Tradiciones 2 Comments →

El Día de Año Nuevo es el día más especial de todo el año. Y esto es porque lo sentimos como un punto de partida para volver a empezar, para retomar proyectos aparcados o simplemente para enmendar malos hábitos adquiridos durante el año anterior.

Ritual fin de año

Y no creas que esto es un invento de los tiempos modernos. Ya en épocas antiguas se realizaban rituales en el cambio de año para separar lo viejo de lo nuevo, como por ejemplo lo de apagar el fuego que ardía permanentemente en las casas para encender uno nuevo. Otro ejemplo es de los romanos, los cuales se regalaban monedas bañadas en oro acuñadas con la cara de Janus, dios de las puertas, y de los finales y comienzos, y que se representa con una cabeza que posee dos rostros mirando en direcciones contrarias, es decir, al pasado y al futuro. (Es por ello que January, enero en inglés, viene de Janus, y da nombre al primer mes del año).

También existían rituales para Nochevieja en otras culturas, como en la celta en la cual se regalaban ramas de muérdago sagrado para atraer la prosperidad o se realizaban ceremonias con velas a través de las cuales se pretendía armonizar las fuerzas de la Naturaleza.

Hoy en día encontramos que uno de los rituales más extendidos es el de comerse las 12 uvas de la suerte siguiendo las campanadas finales del campanario que anuncian los últimos 12 segundos del año. Se cree que si te da tiempo de comértelas todas y sin atragantarte, disfrutarás de buena suerte en los 12 posteriores meses que conforman el año que empieza. Más tarde se brinda con champán o sidra en familia y se escriben en un papelito los propósitos que se quieren cumplir a lo largo del año nuevo.

Pero esto no es así en cada rincón del mundo. En Venezuela se reúne la familia en las casas y preparan durante todo el mes de diciembre las hallacas que luego se regalarán en la víspera del Año Nuevo como símbolo de la amistad y del amor fraternal. En Escocia, sin embargo, llevan a cabo lo que llaman “Hogmanay“, el cual consiste en prender fuego a un barril de madera que lanzarán por las calles para que ruede por ellas. Se preparan así para que entre el año nuevo. Llegados ya los primeros minutos de enero van a casa de la familia para plantar allí su “primer pie“. Creen que si la primera persona que se presenta en tu casa en el año es morena de cabello traerá con ella la buena suerte.

Ritual fin de año escocia

En Alemania intentan adivinar el futuro con el ritual conocido por “Bleiglessen”, mediante el cual funden plomo en una soldadora y dejan caer las gotas en un recipiente cuando se acercan las primeras horas del día. El plomo se enfría y se solidifica, creando formas que ayudan a predecir lo que traerá el año que comienza.

Los chinos, por su parte, realizan rituales muy antiguos que pretende que los malos espíritus desaparezcan y utilizan los fuegos artificiales para espantarlos. Los brasileños en cambio bailan, cantan y rezan en las playas pidiendo que se cumplan sus deseos a la Iemanja, diosa del mar.

Sea como sea, te encuentres donde te encuentres y realices el ritual que realices, encomiéndate al año nuevo y empiézalo lleno de alegría. Eso te llenará de fuerza y estabilizará tus energías.

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