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Archive for the ‘Mitologia asturiana’

Con ayuda de los Malinos

Junio 16, 2008 By: Domingo A. Gómez Gallego Category: Mitologia asturiana, Mitologia No Comments →

A los Malinos ―dice la sabiduría popular― hay que llamarlos al aire libre y en un lugar solitario, en compañía de varios gatos negros o frente al tocón de un árbol sobre el cual se hayan extendido antes varias hojas de helecho verde y una servilleta blanca. Si se pronuncian los juramentos adecuados, ellos vienen y, en cantidad de siete, se introducen mansamente en una pequeña caja de madera que para tal fin debemos portar. A partir de entonces serán nuestros y obedecerán todas nuestras órdenes.

Caja de madera del siglo XIX

Su tamaño no supera al de una mosca, pero pueden llevar a cabo casi cualquier tarea, por imposible que parezca. Sobre todo si esta implica la realización de algo maligno o destructivo, como derribar casas, arrancar árboles, matar animales…; aunque también resultan útiles para las pequeñas labores cotidianas. Van a buscar leña con la que alimentar el fuego, transportan cargas pesadas o ayudan a calcular la capacidad de un carromato, por ejemplo. Ante cualquier dificultad sólo hay que decir: “¡Ayudadme, compañeros!”, y ellos salen volando de su caja de madera y resuelven el problema.

Cuando no pertenecen a nadie, vagan en libertad por el bosque cometiendo fechorías, motivo por el cual resulta peligroso encontrarse con ellos. Son capaces de introducirse en el cuerpo de una persona a través de la boca, causándole enfermedades, agriando su carácter o controlando temporalmente su voluntad. Esto último cuentan que le sucedió a una mujer del pueblo de Buspriz, a la que hicieron salir por la noche de su casa y errar durante horas entre zarzas y maleza, sin que nadie fuese capaz de encontrarla, hasta que regresó a la mañana siguiente, magullada y llena de arañazos.

Aun en cautividad, los Malinos pueden resultar bastante molestos. Si están inactivos durante mucho tiempo, se impacientan y repiten una y otra vez: “¡Mándame algo! ¿Qué me mandas? ¡Mándame algo!”, y no cesan su cantinela hasta que al dueño se le ocurre alguna tarea que les pueda servir de entretenimiento. Para librarse de ellos hay que venderlos, caja incluida, cobrando el doble de su valor o arrojando después al mar el dinero obtenido en la transacción. De otra manera regresarán junto a su antiguo propietario a la primera ocasión que tengan.

- Fuente:

  • Ramón Sordo Sotres, Mitos asturianos poco conocidos, R. Sordo Sotres, Llanes, 1999, pp. 65-79.

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La Guaxa, el vampiro de la tradicion asturiana

Junio 06, 2008 By: Domingo A. Gómez Gallego Category: Mitologia asturiana, Mitologia No Comments →

Sus víctimas, por lo general mujeres jóvenes y niños, languidecen lentamente sin que parezca existir una causa natural para ello. Los vecinos las ven pasar, cada día más pálidas, delgadas y ojerosas, y murmuran en voz baja: “Se la está comiendo la Guaxa”; aunque en realidad casi ninguno recuerda ya quién es la Guaxa, ni, mucho menos, qué se ha de hacer para detenerla.

La Guaxa, dibujo de Alberto Álvarez Peña

Y, mientras, ella sonríe agazapada en su refugio diurno, tal vez una cueva o el tronco hueco de un árbol, con el estómago tibio de sangre ajena, sintiéndose agradecida por haber llegado a ser tan vieja que casi todos la han olvidado.

Sus hábitos son nocturnos, y se puede mover con mucho sigilo. Entra en las casas cuando nadie está despierto, a través de las rendijas de la puerta, el hueco de la chimenea o el ojo de la cerradura. Se acerca a la cama, y, sin que llegues a despertar, te clava su largo, afilado y único colmillo, y comienza a succionar tu sangre. Bebe solo un poco, pero volverá a la noche siguiente, y a la siguiente, hasta que ya no te quede ni una sola gota que merezca ser libada.

La Guaxa es vieja, muy vieja (“de los tiempos de Adán”, dice uno de los informadores del folclorista Ramón Sordo Sotres). Su aspecto es el de una anciana delgada, arrugada y encorvada, con la boca muy grande y ese largo colmillo sobresaliendo de su mandíbula superior. Algunos dicen que tiene ojos de búho, mientras que otros, más efectistas, afirman que en el fondo de ellos brillan chispas que parecen salidas del Infierno.

Su visión provoca terror a los que por casualidad la encuentran de noche en mitad del bosque, aunque en esas ocasiones no suele resultar peligrosa. Prefiere salir huyendo y se oculta o, como mucho, lanza una burla al caminante.

En algunas partes de Asturias se la asocia con la curuxa (la lechuza), ave nocturna cuyo canto es de mal agüero. Por ello y por su carácter vampírico Alberto Álvarez Peña piensa que podría estar relacionada con la Strix de la tradición latina.

La existencia de la Guaxa como tal (o, para ser más exactos de su mito) lleva siendo debatida por los folcloristas asturianos desde que Jove y Bravo la describiese por primera vez en 1897. Algo más de cien años después, en 1998, Sordo Sotres recoge el testimonio oral de un vecino del concejo de Nava que recuerda haber oído hablar a sus mayores acerca de la Guaxa, describiéndola de la misma manera que Jove y Bravo, como la maléfica anciana vampiro de un solo diente. Esto parece demostrar definitivamente que no se trata de un mito inventado o exagerado.

-Fuentes:

  • Ramón Sordo Sotres, Mitos asturianos poco conocidos, R. Sordo Sotres, Llanes, 1999, pp. 7-23.
  • Alberto Álvarez Peña, Mitología asturiana, Pico Urriellu, Gijón, 2001, pp. 110-114.
  • Xuan Xosé Xánchez Vicente y Xesús Cañedo Valle, El gran libro de la mitología asturiana, Trabe, Oviedo, 2003, pp. 134-139.

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Nuberu, el Señor de las Tormentas

Abril 25, 2008 By: Domingo A. Gómez Gallego Category: Mitologia asturiana, Mitologia 1 Comment →

Según la mitología asturiana, un poderoso personaje origina y gobierna las tormentas. Viste ropas raídas, un manto de pieles y un sombrero negro de ala ancha; luce una poblada barba y algunos dicen que, como Odín, es tuerto de un ojo. El Nuberu, que así es conocido, se desplaza por el aire montado en una nube. Habitualmente pastorea otras nubes y les hace descargar su contenido a voluntad, sin importarle las consecuencias que esto tenga sobre las tierras de los campesinos, las cuales suelen quedar en un estado lamentable, ya que pocas cosas gustan más al Nuberu que provocar una buena granizada.

El Nuberu

Al igual que las fuerzas de la naturaleza, el Nuberu es implacable y puede resultar tanto maléfico como benéfico. En ocasiones desciende a tierra entre la niebla y, pasando desapercibido gracias a su aspecto de mendigo, solicita la ayuda de algún lugareño. Según se porte éste con él, así se portará él después con el lugareño. Si le niega la ayuda sufrirá su ira, normalmente en forma de tormenta devastadora. Por el contrario, si le ayuda recibirá después una lluvia benéfica para su cosecha, el aviso de un próximo desastre natural, o, tal vez, una promesa de futura hospitalidad si alguna vez visita la ciudad en la cual vive el Nuberu cuando no anda por ahí originando tormentas.

En las narraciones populares no existe consenso acerca del nombre o la ubicación de la ciudad del Nuberu. Su nombre oscila entre “Orita”, “Lita”, el sugerente “Ciudad del Grito” u otros, y se suele tratar de una ciudad lejana situada más allá del mar, por lo general en Egipto. Allí, dicen, el Nuberu tiene esposa e hijos, es conocido como Xuan Cabrito (o Cabrita) y considerado un gran señor. Cada día viaja desde su hogar a Asturias montado en una nube.

Los principales enemigos del Nuberu son los curas. Sobre ellos recae la difícil tarea de intentar ahuyentarlo de las cosechas. En cuanto los campesinos ven asomar al Nuberu, corren a buscar al sacerdote del pueblo, que, quiera o no, debe cumplir con su obligación si quiere evitar las iras de sus propios feligreses. Una vez frente al Nuberu, lo habitual es que el cura le arroje lo primero que encuentre a mano (y que puede ir desde una piedra hasta su propio bonete, pasando por un zapato) con la esperanza de descabalgarlo de su nube o, tal vez, de rasgarla obligándole así a retirarse. Con tan limitados recursos no resulta extraño que muchas veces el cura salga perdiendo y sus vecinos tengan que agarrarlo para que el Nuberu no se lo lleve con él.

Según la tradición popular, lo más efectivo para alejar al Nuberu es hacer sonar la campana de la iglesia, pues su tañido le desagrada enormemente, bien sea porque, como algunos dicen, en su sonido va implícita una oración o simplemente porque no le gusta su timbre metálico. Otros métodos consisten en colocar un carro con las patas apuntando al cielo, situar en los tejados de la casa un hacha con el filo hacia arriba o quemar laurel y romero al aire libre, dejando que el humo ascienda hacia las alturas. Rezar una oración a Santa Bárbara también hace que se vea obligado a pasar de largo, llevando sus nubes a descargar a otra parte.

Muniellos (Asturias)

Acerca del Nuberu existe un relato popular muy característico, el cual todos los folcloristas recogen, aunque con numerosas variantes. Cuenta que una tarde el Nuberu se bajó de su nube para descansar un rato en una montaña, y cuando volvió a buscarla ya no la encontró. Obligado por tanto a pasar la noche en tierra, el Nuberu pide entonces alojo en las casas más cercanas. El dueño de la primera le echa de mala manera, pero el de la segunda lo recibe amablemente, le da de cenar y le ofrece un cuarto en el que pasar la noche. A la mañana siguiente, el Nuberu le dice a su anfitrión que si alguna vez va a Egipto, a la Ciudad del Grito, pregunte por Xuan Cabrito, que es él. Tras despedirse, el Nuberu sube a un monte cercano, desde el cual provoca un temporal que arrasa las tierras del vecino que no lo quiso acoger y una fina lluvia que vuelve más fértiles las del pastor que le tan bien le trató. Después monta en una nube y se marcha volando.

Años más tarde, el pastor se ve obligado a embarcar rumbo a las cruzadas, dejando atrás a su prometida y abandonando su casa y su tierra. Antes de arribar a Tierra Santa, el barco en el que viaja naufraga, y el pastor, tras pasar por diversas aventuras, llega a una ciudad cuyos habitantes le dicen que es la Ciudad del Grito. Pregunta por Xuan Cabrito y los lugareños le indican su dirección.

Al llegar a esa casa, el pastor es recibido por un criado que le conduce ante la esposa del Nuberu. El Nuberu no está, pero no tarda en llegar, portando un saco lleno de sapos y culebras, que al parecer es lo que cena de forma habitual. Nada más entrar en su casa percibe la presencia del extraño: “Aquí huele a cristianizu”, exclama al principio con suspicacia, aunque después, al ver quién de quién se trata, se alegra enormemente.

Sin embargo, el Nuberu tiene malas noticias que darle al pastor: su prometida piensa que ha muerto y se va a casar con otro al día siguiente. El pastor se desespera al oír esto, porque es imposible que le dé tiempo a regresar para impedirlo. Pero el Nuberu le dice que no se preocupe, él le ayudará a llegar. Se dirige entonces a la cocina y llena una jofaina de agua. La pone en el suelo y le dice al pastor que salte por encima. Hace este lo que le piden, y al tocar el suelo al otro lado descubre que ya no se encuentra en casa del Nuberu, sino en la plaza de su pueblo, con tiempo de sobra para detener la boda de su prometida.

Od�n

En otras versiones, el pastor regresa a casa montado en una cabra mágica que el Nuberu le presta, o en una nube que el mismo Nuberu acepta conducir bajo la condición de que no mencione a Dios ni a los santos. El pastor incumple su promesa y el Nuberu le arroja de su nube, aunque afortunadamente ya están sobrevolando el pueblo y cae encima del árbol de la plaza mayor, que frena la caída. En otras variantes, poco antes de llegar a casa del Nuberu el pastor atraviesa una densa niebla en la cual se pierden dos amigos que le acompañaban y acerca de los cuales nunca vuelve a saber nada. Según algunos al principio de la historia al Nuberu no se le escapa su nube, sino que cae a tierra junto a un rayo.

Los folcloristas relacionan al Nuberu con las divinidades paganas de la tormenta, como el Taranis celta. Con Odín guarda un cierto parecido físico y algunas similitudes en el comportamiento, ya que el dios nórdico también se hace pasar por mendigo para moverse entre los mortales sin ser reconocido. Otro detalle que podría resultar significativo es el hecho de que la ciudad del Nuberu, aunque en un país real, esté tras el mar, al igual que muchas tierras mágicas habitadas por seres sobrenaturales, como el Tir Na Nog de los celtas.

Teniendo esto en cuenta, podemos aventurar que el Nuberu es un dios pagano que, de forma bastante airosa, sobrevivió a la cristianización de Asturias, la cual, por otro lado, debió de resultar bastante difícil. Aún en el siglo XVIII el obispo de Oviedo se quejaba de los restos de paganismo que sobrevivían en la región. No sólo dentro de las narraciones populares vencía el Nuberu a los representantes de la Iglesia.

-Foto vía: Ecotur.

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