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un mundo de misterios por descubrir
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Archive for the ‘Lugares misteriosos’

Rennes le Chateau y el Santo Grial

Julio 10, 2008 By: Javier Gomez Category: Realidad o Ficcion, Lugares misteriosos, Misterios sin resolver No Comments →

Torre Magdala

Torre Magdala en Rennes le Chateau

Viene de “El Santo Grial: la búsqueda mística“…

François Bérenger Saunière era el párroco de la iglesia de la localidad de Rennes le Chateau, un pequeño pueblo que se levanta sobre unas colinas en Francia. Por todos era conocida su pobreza y austeridad hasta que cierto día los habitantes del pueblo comenzaron a observar que a su casa particular llegaban invitados siempre de la alta sociedad. Sus viajes a París se hicieron cada vez más frecuentes y poco a poco fue perdiendo su modestia y convirtiéndola en ostentosidad.

No tardó mucho en extenderse el rumor de que el párroco había encontrado algo junto al altar de su iglesia. Aparecieron cuatro manuscritos escritos en una caligrafía muy antigua, dos de ellos con pasajes de la Biblia, y otros dos que databan de los años 1244 y 1644 en los que aparentemente se describía la descendencia del rey merovingio Dagoberto II. Lo único que realmente se pudo confirmar es que aquellos dos manuscritos que acompañaban a los de los años 1244 y 1644 habían sido escritos por Antoine Bigou, un párroco anterior, un siglo antes, que casualmente era el confesor de Marie de Hatpoul de Blanchefort, descendiente directa del Gran Maestre de los Templarios Bertrand de Blanchefort.

De nuevo volvía a establecerse un lazo entre aquellos documentos y los templarios.

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El misterio de la isla Flannan

Julio 07, 2008 By: Carmen Márquez Category: Lugares misteriosos, Misterios sin resolver No Comments →

Faro en la isla

Corría el año 1900 cuando tuvo lugar el misterioso suceso que a continuación os vamos a relatar. Situémonos primero…

Todo ocurre en las islas escocesas de Flannan, (siete islotes situados cerca de las islas Hébridas), el día 26 de diciembre de ese año. El Hesperus, barco de suministro que hacía su ronda habitual, retrasada unos días a causa del mal tiempo, llega ante el faro de la pequeña isla de Eilean Mor y atraca. El faro, de casi 24 metros de altura y que sólo llevaba un año en funcionamiento, siempre lo recibía con la bandera izada agradeciendo así su llegada. Pero en esta ocasión no fue así.

Entre los ocupantes del barco se encontraba también un tal Moore, uno de los que habitualmente cuidaban el faro y que se reincorporaba tras unas pequeñas vacaciones. Moore fue el primero en preocuparse al sentir que algo no iba bien. Días atrás habían sufrido una terrible tormenta y desde entonces no se veía la habitual luz del faro. Además la niebla aún era densa, creando así un ambiente muy inquietante. Temía que algo le hubiera ocurrido a sus tres compañeros.

A medida que el Hesperus se acercaba, lanzaba señales destinadas a que fueran contestadas por los fareros, pero ninguna obtuvo respuesta. Ya estaba claro, algo les había sucedido.

Ya en tierra, y siempre bajo el mando del capitán Helman, unos cuantos hombres, entre los que se encontraba Moore, se acercaron hasta la puerta misma del faro. Moore tocó pero nadie contestó. El silencio del lugar resultaba ensordecedor. Tuvieron que derribar la puerta para poder entrar en su interior ya que la puerta estaba cerrada con llave…

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El misterio de Tunguska

Julio 04, 2008 By: Javier Gomez Category: Lugares misteriosos, Misterios sin resolver No Comments →

Tunguska

Laszlo correteaba orgulloso por la fría estepa. Era su primera salida con su abuelo, un viejo pastor siberiano que día tras día, desde hacía ya más de 40 años, salía cada mañana con sus ovejas para que éstas reposaran tranquilas y pastaran en las colinas de Tunguska.

“Mira, Laszlo, con este tallo puedes hacer infusiones que te servirán para curarte los dolores de huesos, y con éste es con el que tu madre te hace los emplastes para cuando te caes, aplicándotelo sobre los arañazos”. Laszlo miraba absorto, con sus 7 añitos, a su abuelo, que no paraba de masticar entre sus dientes un fino brote de hierba, y despacio, se agachó para coger otro para él.

Ni Laszlo ni su abuelo vieron lo que bajaba del cielo a 11 kms./seg. Un estruendo estremecedor rasgó el cielo; sólo tuvieron el tiempo justo para levantar la vista al cielo y ver el fulgurante resplandor que iluminó todo el firmamento. Después, nada. La explosión y el fogonazo posterior arrasó más de 2.400 kilómetros cuadrados de bosque y 60.000 árboles fueron arrancados de raíz.

Era el 30 de junio de 1908, y hoy, 100 años después, aún nadie sabe lo que ocurrió en Tunguska.

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La ruta de la Seda, su Historia

Junio 30, 2008 By: Javier Gomez Category: Lugares misteriosos No Comments →

Samarkanda

La Ruta de la Seda ha estado marcada por muchas historias y leyendas sobre su origen y desarrollo. El empleo de la seda ha sido, históricamente, un privilegio de los nobles y emperadores. Las riquezas que proveían y su vital importancia en la economía de la Antigua China hizo que se convirtiera en uno de los secretos mejor guardados en aquella época, tanto que el propio emperador decretó la pena de muerte para quien intentara exportar huevos de gusanos de seda.

Sin embargo, ningún secreto puede ser tan bien guardado y al final, una princesa allá por el siglo III d.C., lo vendió a Japón con lo que el monopolio de la seda acabó para China. Lógicamente, aquella princesa fue acusada de alta traición. Aún así, el secreto siguió sin llegar a Occidente, y no fue sino hasta tres siglos después cuando hubo un primer contacto.

Corría el año 536 cuando dos monjes nestorianos escondieron unos cuantos huevos de gusanos de seda dentro de unas cañas de bambú, y buscaron caminos poco conocidos para llegar desde China hasta Bizancio con el fin de entregarle el tesoro a Justiniano, emperador de Constantinopla. No pasó demasiado tiempo para que empezara a extenderse el comercio de la seda por la India y otros países musulmanes.

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El misterio de la casa de Amityville

Junio 17, 2008 By: Javier Gomez Category: Crimenes, Lugares misteriosos, Misterios sin resolver No Comments →

“Se vende casa colonial de tres plantas, con seis habitaciones, tres cuartos de baño, sótano, embarcadero y jardín propio; entorno envidiable, junto al río y en un tranquilo pueblo. Sólo 80.000 dólares (poco más de 52.000 euros)”. Referencia: Amityville.

Sólo ya el nombre de la localidad produce escalofríos. Y es que para los que no conozcan la historia real de lo ocurrido en aquella casa, aún le quedan los recuerdos de aquella terrorífica película que dio a conocer los hechos sucedidos en noviembre de 1974.

Casa de Amityville

La mañana del 15 de noviembre de 1974, Ronald deFeo se presentó en el bar del pueblo, aterrorizado y gritando que habían matado a toda su familia, sus padres y sus tres hermanos. Cuando se presentaron en el 412 de Ocean Avenue, los vecinos de Amityville contemplaron con horror la masacre sangrienta que se repartía por toda la casa. Habitación por habitación los miembros de la familia deFeo fueron apareciendo ante sus ojos, asesinados, en medio de un gran charco de sangre y todos, curiosamente, en la misma postura. Poco después descubrirían que habían sido sedados la noche anterior con somníferos y que por lo tanto no llegaron a enterarse de la presencia del asesino.

Evidentemente, el principal sospechoso fue el propio Ronald deFeo, el hijo de 17 años que había conseguido escapar. Y poco tardaron en averiguar su espíritu conflictivo y atormentado. Ronald deFeo terminó por declararse culpable de todas las muertes, pero adujo no haberlo hecho conscientemente. Según el niño, que hoy cumple una condena de 28 años, fue una fuerza sobrenatural y demoníaca la que le poseyó y disparó por él.

Rumores de todos tipo, leyendas y demás historias comenzaron a circular entonces por Amityville. Con el paso de los días, la casa se devaluó tanto que una familia, los Lutz, se atrevieron a comprarla y trasladarse a vivir allí. Era diciembre de aquel mismo año, 1974.

Y los extraños sucesos volvieron a reproducirse poco a poco. Apenas pudieron vivir 28 días en la casa de Amityville. Todo comenzó nuevamente, con puertas que se abrían y cerraban, con manchas que aparecían en distintos lugares de la casa, con ruidos extraños, y con una presencia sobrenatural que Louis Lutz decía sentir. Día tras día la familia vivía escenas cada vez más terroríficas. La señora Lutz comenzó a soñar con los crímenes sucedidos en la casa… sólo que en sus sueños la familia asesinada era la suya propia. Según el propio señor Lutz, su esposa empezó a comportarse “como una bruja”… había llegado el momento de marcharse, no sin antes avisar al Padre Pecoraro, párroco de la iglesia del pueblo, quien acudió a la casa para bendecirla.

Según el cura, nada más entrar escuchó una voz que le gritaba que se largara de allí, y violentamente fue expulsado del interior de la casa. Luchó por entrar, pero no pudo…

Hasta aquí los hechos reales que realmente han podido constatarse, el asesinato de la familia deFeo, la presencia de los Lutz y la bendición del Padre Pecoraro.

Cuenta la historia que desde entonces, desde la partida de los Lutz, la casa se ha mantenido deshabitada y en venta… Es la versión más misteriosa del caso de Amityville, pero que ciertamente podría esconder un fraude tras ella.

Evidentemente, los investigadores han estudiado el asunto en profundidad, y se ha descubierto que en aquel lugar antiguas etnias indias dejaban morir a sus miembros locos o enfermos, pero, independientemente, de sucesos anteriores y de que realmente los asesinatos sí ocurrieron, lo que ya puede que no sea tan cierto es el motivo que los justificó.

Ronald deFeo se evitó una condena mayor aduciendo ese enajenamiento mental producido por la posesión de su cuerpo, y sobre todo, los Lutz, hicieron de aquella historia un negocio muy rentable, pues dieron la exclusiva a Jay Anson quien escribiera el libro “The Amityville Horror” que se acabaría convirtiendo en un best-seller con películas incluidas a sus espaldas. Sin embargo, los Lutz fueron denunciados por otro editor que quería esos derechos y se vieron forzados a explicar en juicio que ciertos hechos que habían contado podían no ser del todo ciertos, como la levitación de su esposa, o la tormenta eléctrica que azotó la casa el día de su partida (cuando los partes meteorológicos no detectaron nada en aquel día).

Lo cierto también es que la leyenda urbana se ha encargado de ir engordando cada vez más la historia, y se han podido leer cosas como que a Louis Lutz se le comenzaron a caer los dientes; que en cierta ocasión todos los muebles del salón de la casa dieron vueltas por toda la habitación o como el mismo hecho de que se diga que la casa está deshabitada desde entonces. Realmente, poco después la casa fue comprada por los Cromarty quienes siempre mantuvieron que en la misteriosa casa de Amityville, durante su estancia allí, jamás había ocurrido nada fuera de lo normal, lo mismo que también sostienen sus actuales propietarios, los Wilson, quienes aducen que lo único realmente fuera de lo normal es el continuo acoso que sufren por parte de los turistas que día tras día se meten en sus posesiones para tomar fotos o investigar.

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El mar de los Sargazos

Junio 10, 2008 By: Domingo A. Gómez Gallego Category: Lugares misteriosos No Comments →

Pocos lugares inspiraban más temor a los navegantes de antaño que el mar de los Sargazos. Sin apenas corrientes, con largos periodos de calma total, y, sobre todo, con un casi infinito tapiz de algas flotantes en apariencia capaz de retener a cualquier navío, verse atrapado en sus aguas era sinónimo de muerte y desesperación. El aspecto extraño y el penetrante olor que le proporcionan las algas contribuían también a su aura de lugar maldito.

El mar de los Sargazos

Situado en el norte del océano Atlántico, entre los paralelos 20 y 30, abarca una elipse de 650 000 km² (más de la mitad de la superficie de Europa), llegando desde la costa de los EE. UU. hasta la dorsal atlántica. A este mar en frecuente calma acuden a desovar las anguilas de todos los ríos europeos.

Debe su nombre a Cristóbal Colón, quien lo bautizó así al toparse con él durante su primer viaje. El almirante no demostró aquí demasiada imaginación: “Sargassum” era como se denominaba al tipo alga gigante que flota en su superficie. En siglos posteriores los marineros le darían otros nombres más terribles y expresivos, como “el mar del miedo”, “el cementerio de los barcos perdidos” o “la latitud de los caballos”, este último debido a que, cuando se terminaban los víveres, las tripulaciones de los navíos atrapados se veían obligadas a sacrificar sus caballos. Eso si tenían la suerte de llevar caballos a bordo.

Se cuentan historias muy truculentas acerca del mar de los Sargazos. Aseguran que decenas de veleros quedaron atrapados para no regresar jamás, y que muchos de ellos continúan allí, convertidos en sepulcros flotantes. En 1884 el vapor inglés Britannia encontró uno de estos barcos tripulados por cadáveres, pero su casco estaba tan deteriorado que no fue posible identificarlo.

Una de las aventuras más alucinantes vividas en este infierno verde fue la de Elipha Thomson, ayudante de cabina del velero norteamericano J. G. Norwood, barco que en 1894 fue arrojado por una tormenta al mar de los Sargazos. De las personas que iban a bordo, sólo él logró sobrevivir y regresar a aguas despejadas, en donde otra embarcación lo rescató. Según contó más tarde, debía su vida a los víveres y la chalupa que había encontrado en un vapor abandonado. Elipha declaro haber visto también un galeón español de la época colonial con su bodega todavía llena de oro.

En el caso de Elipha Thomson, como en casi todo lo referente al mar de los Sargazos resulta difícil separar la realidad del mito, un mito que podría haber empezado mucho antes de la llegada de Colón a América. Romanos, griegos y fenicios hablaban ya de un mar de vegetación en el cual los barcos encallaban y se perdían, sin que quede claro si algunos de ellos (probablemente los fenicios) llegaron a ver con sus propios ojos el mar que después se llamaría “de los Sargazos”. El mito pasó al imaginario medieval, y así aparecen en algunos mapas, como el de Andrés Bianco de 1436, peligrosos mares de algas o hierbas junto a islas fantásticas llenas de prodigios.

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El enigma de Silbury Hill

Junio 01, 2008 By: Domingo A. Gómez Gallego Category: Lugares misteriosos No Comments →

Cerca de Stonehenge, en el condado de Wiltshire, se alza otra de las construcciones megalíticas más antiguas de Inglaterra. Con 40 metros de altura y 167 de diámetro, Silbury Hill puede presumir además de ser el mayor túmulo europeo; ninguna otra construcción del Neolítico supera en el continente los 339600 m³ de tierra, roca de yeso y piedra cortada que configuran esta colina artificial.

Silbury Hill

Varias leyendas locales intentan explicar su origen. Una afirma que se trata del sepulcro de un antiguo rey llamado Sil (y de ahí vendría la denominación de la colina); otra asegura que quién está allí enterrado es un caballero con una armadura de oro y un caballo del mismo metal. Según una tercera, el diablo se disponía a volcar un enorme saco de tierra sobre la ciudad de Marlborough cuando fue interceptado por los sacerdotes de Avebury, quienes le obligaron a vaciarlo en aquel lugar.

De estas tres leyendas, las más cercanas a la realidad son las dos primeras, ya que, al parecer, la colina efectivamente sirvió de lugar de enterramiento. Sin embargo, todo parece indicar que su principal función consistía en ser un lugar de culto. En origen, la construcción tenía forma de espiral, con una rampa continua que llevaba desde la base hasta la cima rodeando varias veces el cuerpo central. Es probable que por esa rampa ascendiesen los sacerdotes pre-celtas durante ciertas ceremonias, realizando un recorrido que representaba el viaje del alma al Más Allá tras la muerte.

Con el paso del tiempo, por efecto primero del uso y después del abandono y la erosión, la espiral se fue borrando, dando a la construcción la forma cónica que puede observarse hoy en día.

Silbury Hill desde el aire

La colina pasó así de ser una puerta al Otro Mundo a ser una puerta al pasado que los arqueólogos intentan abrir desde el siglo XVIII. El erudito William Stukeley da noticia de una primera excavación realizada en su cima en 1723 durante la cual se encontraron huesos y pequeños adornos. El duque de Northumberland acompañado de Colonel Drax lo intentaría de nuevo en 1776; en 1849 lo hicieron Blandford y Faulkner; en 1867, el reverendo Wilkinson; A. C. Press en 1886, y Flinders Petrie justo después de la Primera Guerra Mundial. Todos con resultados discretos.

La investigación más exhaustiva hasta el momento ha sido la realizada entre 1969 y 1970 por el arqueólogo Richard Atkinson con el patrocinio de la BBC. Además de obtener una idea bastante exacta sobre el proceso de construcción del túmulo, halló numerosos restos que dan prueba de su reutilización en época romana. Atkinson fechó la construcción de la colina el 1 de agosto del año 2660 a.C., aunque trabajos recientes señalan como más seguro el periodo comprendido entre el 2490 y el 2340 a.C.

No obstante, la mayor parte de lo que se sabe acerca de este lugar no pasa de ser pura especulación. A pesar de los pequeños éxitos parciales, Silbury Hill sigue guardando celosamente sus secretos.

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Glastonbury, un campo de estrellas entre las nieblas de la leyenda

Abril 21, 2008 By: Domingo A. Gómez Gallego Category: Lugares misteriosos 2 Comments →

Glastonbury es uno de los lugares con más misterio y magia del Reino Unido. Identificado por muchos con el Ávalon de las leyendas célticas y artúricas, constituyó siempre un importante centro sagrado para los diferentes cultos que se sucedieron en la isla. Se trata de una zona de unos 20 kilómetros cuadrados que comprende principalmente unas pequeñas colinas, las ruinas de una importante abadía medieval, y el pueblo que surgió al amparo de esta y la sobrevivió.

Glastonbury Tor

Dominando todo el lugar se alza la imponente colina de Glastonbury Tor, coronada por una torre que es lo único que queda de una antigua iglesia consagrada a San Miguel. Aunque la colina es de origen natural, en torno a ella se distingue los restos erosionados de un sistema de terrazas erigido por los pobladores prehistóricos del lugar. Algunos estudiosos creen reconocer en ellas una estructura de laberinto cuyo carácter simbólico parece indicar una finalidad religiosa. Se trataría un centro de peregrinaje e iniciación que probablemente se mantuvo con la llegada de los druidas.

Pero la colina Tor no es el único vestigio prehistórico. Para algunos autores, en el paisaje de toda la zona se esconde un zodiaco sagrado, reflejo de las constelaciones del firmamento, y solo apreciable por completo desde el aire. Los antiguos pobladores crearon este gigantesco templo de las estrellas aprovechando los accidentes naturales; su conservación la habrían llevado a cabo iniciados en la antigua sabiduría hasta llegar a época ya cristiana.

Cerca de la Tor se encuentran las fantasmagóricas ruinas de la abadía de Glastonbury. Fundada en el siglo VII, llegó a convertirse en uno de los monasterios más grandes de Inglaterra, hasta que en 1184 fue pasto de las llamas. Tras su reconstrucción, culminada en 1213, y tras posteriores ampliaciones, recuperó casi por completo su anterior importancia. Pero en 1539 fue finalmente abandonada debido a la disolución de los monasterios ordenada por Enrique VIII.

Abad�a de Glastonbury

Según una tradición cuyo origen data del siglo XII, en Glastonbury descansaron los restos del rey Arturo y de la reina Ginebra. Dicen que Enrique II, tras escuchar en 1171 a un bardo galés contar una extraña versión del fin de Arturo en la cual este era enterrado en Glastonbury, conminó al abad de allí a buscar los cuerpos. El rey no le debió de meter mucha prisa, ya que la búsqueda no se llevó a cabo hasta 1191, en tiempos de Ricardo I. Entonces, justo en el punto indicado por el bardo, a 16 pies de profundidad, se halló un gran tronco de roble hueco. En su superficie había adosada una cruz de plomo en la cual figuraba la siguiente inscripción: “Aquí yace el renombrado rey Arturo, en la isla de Ávalon, junto a Ginebra, su segunda esposa”. Y al abrir el rudimentario ataúd aparecieron los restos de los reyes. Cuentan que los huesos de Arturo poseían un tamaño inusual y que Ginebra aún conservaba su melena dorada, la cual se convirtió en polvo nada más ser tocada.

En un primer momento los restos se guardaron en la abadía junto a las reliquias sagradas. Más tarde fueron trasladados a un sepulcro de mármol negro, construido frente al altar principal. Sin embargo se perdieron en 1539, cuando se destruyó la abadía. Se dice que un misterioso caballero vestido de negro y con los ojos rojos atacó lo que quedaba del edificio, acabando con cualquier pista que pudiese conducir al paradero de las regias reliquias.

Pozo del cáliz

Los eruditos ponen hoy en duda la autenticidad de aquellos restos. Afirman que el estilo de la inscripción grabada en la cruz correspondería más con el de la época en que fue encontrada que con el de la época de Arturo, y sospechan de la confluencia de intereses que favorecía su aparición: por un lado, la abadía atravesaba un mal momento económico que la presencia del legendario rey entre sus muros podía ayudar a superar; y, por otro, a los Plantagenet, recientes conquistadores de Inglaterra, no les convenía que entre las clases populares se siguiese pensando que Arturo estaba vivo y algún día regresaría a recuperar su trono.

Pero las leyendas en torno a Glastonbury no terminan con el cadáver de Arturo. Otra de ellas, tal vez de origen más tardío que la anterior, trata acerca del Santo Grial. Cuenta cómo hace veinte siglos Jesucristo y su tío José de Arimatea viajaron a Britania y en Glastonbury levantaron la primera iglesia de las islas. Se supone que después volvieron a Palestina, pero, una vez crucificado Jesús, José de Arimatea regresó a Glastonbury acompañado por un grupo de seguidores y portando un cáliz con la sangre de Cristo. Al llegar enterró el cáliz en un punto cercano a la colina Tor, del cual surgió un manantial. Su agua poseía propiedades curativas y rejuvenecedoras. Ese manantial correspondería con el pozo conocido hoy como Pozo del Cáliz o Pozo de la Sangre, cuyas aguas son de color rojo debido a las características especiales de la rocas circundantes.

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El misterio del pozo del tesoro en la isla Oak

Marzo 31, 2008 By: Carmen Márquez Category: Lugares misteriosos, Misterios sin resolver No Comments →

Isla de Oak, en Nueva Escocia, Canadá… Corría el año 1795 cuando un muchacho de unos 16 años llamado Daniel McGinnis, que se hallaba en medio de sus vacaciones estivales, llegó remando hasta la solitaria Isla de Oak para pasear por ella. Y eso hizo, pero mientras guiaba sus pasos entre los robles que dan nombre a la isla observó bajo una rama cortada, de la que colgaba una vieja polea, que la tierra había sido removida y, con su joven imaginación exultante llena de historias de tesoros ocultos, dejó la isla para ir a buscar la ayuda de sus amigos en la búsqueda de respuestas.

Actual entrada al pozo

Actual entrada al misterioso pozo de la isla Oak

Y así lo hicieron. Los tres amigos llegaron y excavaron… y pronto pudieron confirmar que efectivamente allí había excavado alguien con anterioridad y, además, había intentado que nadie más pudiera hacerlo. A poco más de medio metro de profundidad encontraron piedras que habían sido puestas allí como tapadera, y tanto a los 3 metros como a los 6 placas fabricadas con madera de roble. Pero llegó el momento en que comprendieron que ya no podían continuar, así que optaron por dejar marcado el lugar y se marcharon.

Y desde entonces son muchos los que han intentado encontrar el supuesto tesoro, o por lo menos descubrir cual es el misterio que se oculta bajo tantos metros de tierra, piedra y madera. Nada se sabe aún al respecto. Sigue asombrando al mundo cómo alguien hace más de 200 años pudo construir un pozo que ha sido capaz de resistir todo tipo de excavaciones e investigaciones sin llegar a desvelar el misterio que esconde.

Expediciones posteriores, como la que llevó consigo Simeon Lynds, descubrieron más tablas de madera cada 3 metros y planchas de fibra de coco. Pero la gran sorpresa se produjo cuando alcanzaron entre los 27 y los 30 metros de profundidad, donde una losa fabricada en pórfido, material que utilizaban desde tiempos inmemoriales civilizaciones como la egipcia o la romana. Esta losa, en cuya superficie podían verse caracteres extraños, les paró el paso. Según cuentan, (esta tabla se perdió hace ya mucho tiempo), lo que ponía podía traducirse como: “40 pies más abajo hay enterrados 2 millones de libras“.

Pero ocurrió que por debajo de esta losa el agua comenzó a fluir y, aunque intentaron achicarla, nada pudieron hacer teniendo que abandonar finalmente la excavación.

Pozo de la isla Oak

Esquema de las distintas capas que se han ido encontrando

Años más tarde, en 1.849, los dos muchachos que ayudaron a Daniel McGinnis, colaboraron con la Sociedad Truro para resolver al fin el misterio de esta Isla. El encargado de dirigir toda la operación se llamaba Joham B. McCully y fue él quien descubrió el porqué el agua subía sin control por el pozo y cómo dirigirla hacia otro lado. Ahora bien, poco le duró el invento, pues el dique se vino abajo con el continuo empuje de las mareas altas. Una vez más el guardián del tesoro parecía hacer de las suyas y cumplir bien con su cometido. Ahora bien, esta expedición sí que logró encontrar una posible cámara en la que estaría guardado el tesoro, lo que no llegaron a acceder a ella. En el año 1861 se volvió a intentar, pero tampoco esta vez una forma de evitar que el agua y el barro lo destrozara todo impidiendo el paso.

Diversas son las teorías que se han lanzado sobre el origen de este pozo. Se habla de los Caballeros Templarios, se comenta que si Sir Francis Drake o que si el Capitán Kidd, incluso se dice que pueden ser las joyas de la Corona Francesa que desaparecieron en 1791, pero lo cierto es que aún no ha podido ni confirmarse ninguna de ellas, ni encontrar el supuesto tesoro que esconde. Hoy en día es propiedad privada y sus actuales dueños siguen buscando el tesoro…

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Las siete ciudades de Cibola

Marzo 27, 2008 By: Domingo A. Gómez Gallego Category: Lugares misteriosos, Leyendas 1 Comment →

Para los conquistadores América era la tierra de las maravillas. Todo parecía posible en aquel nuevo mundo descubierto por Cristóbal Colón: ríos tan anchos que parecían conducir a las puertas del paraíso, selvas exuberantes que escondían a bestias fantásticas, hombres que vivían semidesnudos pero se adornaban con ricas piezas de oro, grandes y sofisticados imperios… Así cuando en 1530 llegan rumores a la Nueva España sobre la existencia de un magnífico reino llamado Cíbola a tan solo 40 días de viaje hacia el norte, los castellanos se ponen en marcha sin dudar, dispuestos a adentrarse otra vez por tierras desconocidas.

Francisco Vázquez Coronado

El gobernador de la Nueva España, Nuño de Guzmán, organizó en menos de un año un contingente de más de 400 castellanos y 20000 indios, destinados, en teoría, a conquistar Cíbola. El pequeño ejército vagó por las regiones de Sinaloa y Culiacán sin encontrar ninguna de las siete ciudades (la menor de ellas tan magnífica como Tenochtitlan) que supuestamente formaban aquel reino maravilloso. Ni rastro de sus calles de plata, sus casas empedradas con turquesas y esmeraldas, o sus templos altos como torres. Nuño tuvo que conformarse con fundar la localidad de San Miguel de Culiacán antes de regresar a Nueva España.

Pero la historia de Cíbola apenas había comenzado. En 1536, cuando sus siete ciudades ya casi habían sido olvidadas, llegan a Nueva España Alvar Núñez Cabeza de Vaca y sus compañeros: Alonso del Castillo Maldonado, Andrés Dorantes y su esclavo Estebanico, según las crónicas “negro alárabe de Azamor (localidad de la costa atlántica de Marruecos)”. Ocho años antes habían participado en la nefasta expedición de Pánfilo de Narváez a la Florida, de la cual eran los únicos supervivientes. Durante ocho años habían caminado a pie desde Florida hasta Nueva España, a través de la selva y el desierto, conviviendo con distintas tribus de indios y ganándose el pan a base de realizar curaciones milagrosas. Regresaban de su alucinante odisea harapientos y miserables, pero con una gran noticia: en su peregrinar se habían enterado de que al norte existía un país muy rico que no podía ser otro que el mítico Cíbola.

El virrey Antonio de Hurtado prefirió ser cauto. Encargó el asunto a Francisco Vázquez de Coronado, buen amigo y hombre con fama de cabal, quien a su vez decidió enviar antes una avanzadilla que le informase de las características del terreno, las posibilidades de aprovisionamiento y la veracidad de los rumores acerca de aquel territorio. El responsable de aquella misión sería el monje franciscano fray Marcos de Niza.

Mapa francés de Norteamérica

En 1539, fray Marcos parte de San Miguel de Culiacán acompañado de otro fraile, un nutrido grupo de indios y, por disposición del Virrey, el intrépido Esteban, el esclavo de Dorantes, como supuesto guía.

La primera parte del viaje no puede ser más esperanzadora para fray Marcos. Cada vez encuentra poblaciones más ricas, lo que le confirma que va por buen camino. Sus habitantes repiten lo que el ya conoce acerca de Cíbola, pero aportando datos más precisos. Según le cuentan, en Cíbola visten con camisas de algodón largas, ceñidas con cintas de turquesas y cubiertas por buenas mantas. Más allá de aquel reino habría otros, como Marata, Acus o Tonteac, cuya gente llevaría puestas unas ropas de la misma tela que el hábito del monje. El franciscano recibe además los mensajes de Esteban, a quien ha enviado por delante, y que le apremia asegurando que cada vez están más cerca de Cíbola.

Ya sólo le falta atravesar un pequeño desierto, y fray Marcos decide descansar unos días en un pequeño pueblo antes de la jornada definitiva. Nada más salir de allí encuentra a uno de los indios que iban con Esteban, cubierto de sudor y muy afligido. Le cuenta que al llegar a las cercanías de la primera ciudad de Cíbola, el señor de la misma les prohibió muy enojado entrar en ella, prohibición que fue trasgredida por Esteban. El indio vio cómo Esteban salía de la ciudad perseguido por la gente de ella, y como le mataban a parte de los que iban con él. Sin embargo, desconocía la suerte final corrida por Estebanico.

Aldea Zuñi

Para desazón del fraile, a los dos días encuentran ensangrentados y agotados a otros dos indios del mismo grupo, quienes le confirman la muerte de Esteban. El buen fraile se ve obligado entonces a dar la vuelta, pero ya que está tan cerca de la ansiada Cíbola no quiere marchar sin echar antes un vistazo a la ciudad. Sube a un cerro cercano y mira hacia el otro lado. Allí está la mítica Cíbola, y lo que ve no desmerece a lo que durante tantos días había soñado: calles brillantes, magníficas casas de varios pisos; una ciudad mayor y mejor que cualquiera de las descubiertas hasta entonces en el Nuevo Mundo. Y esa no es sino la menor de las siete ciudades. El fraile clava una cruz en el cerro, tomando posesión simbólica de aquella tierra en nombre del virrey y de su majestad el emperador, y emprende el camino de regreso.

Tras conocer su informe, Antonio de Mendoza encarga a Vázquez de Coronado la conquista del reino de Cíbola. La expedición, que contará con trescientos españoles y ochocientos indios de Nueva España, parte en 1540 al mando de Coronado y con la guía de fray Marcos de Niza.

Pero la empresa de Coronado no empieza bien. El maestre de campo muere en una escaramuza, y al poco se encuentran con unos exploradores enviados por el virrey que se habían adentrado 200 leguas al norte sin encontrar nada digno de mención. Fray Marcos, que ha visto la ciudad con sus propios ojos, logra tranquilizar a los demás con una elocuente descripción de las maravillas que les aguardan.

Tras días de trayecto sin más novedad que el creciente escepticismo de Coronado y sus hombres, la expedición llega a la base del cerro desde el cual el fraile divisó Cíbola. Ansiosos suben la loma, imaginando las casas de piedra, las calles de plata, la inmensa ciudad más magnífica que la mismísima Tenochtitlan… Pero al llegar arriba y mirar al otro lado no ven nada, apenas una aldea polvorienta de rústicas casas de adobe en la cual les esperan 200 indios armados. Esto supone un tremendo jarro de agua fría para toda la expedición, y para fray Marcos en particular, que recibe las maldiciones de todos sin ser capaz de entender qué ha pasado.

Monument Valley (Arizona)

A pesar del desánimo, la expedición de Coronado continuará su viaje, adentrándose cada vez más en el corazón de lo que algún día será Estados Unidos. Descubren el río Colorado y su cañón. Y, buscando una nueva ciudad maravillosa, Quivira, traspasan el río Arkansas y se convierten en los primeros europeos en ver las inmensas manadas de bisontes. Pero al final sólo les aguarda otra aldea mísera. En 1542 regresan a Nueva España con una sensación de absoluto fracaso. Fray Marcos de Niza moriría en 1558, debilitado las penurias pasadas durante la expedición y vencido por la tristeza.

Cronistas posteriores alimentaron el mito de “Las siete ciudades de Cíbola” uniéndolo a una vieja leyenda hispánica, según la cual, tras la conquista árabe de la península, siete obispos lusitanos huyeron a través del Atlántico hasta llegar a una isla llamada Antilia, Cada uno de ellos fundaría una ciudad, por lo cual su isla también se conocería a partir de entonces como la “isla de las Siete Ciudades”. A pesar de las posibles conexiones entre las dos historias, los que participaron directamente en la búsqueda de Cíbola nunca mencionaron en sus relaciones esta vieja leyenda.

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