Los cuentos de ayer y de hoy

Bella Durmiente

Pese a lo que muchos estamos acostumbrados a pensar los cuentos infantiles no siempre han sido tan “políticamente correctos” como lo son en la actualidad, ya que la época en la que muchos de ellos fueron escritos era mucho más peligrosa de vivir que la actual. Los cuentos se usan como enseñanza, como forma de educar a los niños para que no hagan determinadas cosas como hablar con extraños, escaparse de casa y un largo etcétera, y en base a los tiempos que corran pueden ser más o menos crueles. Si tienen el estómago sensible es mejor que no sigan leyendo, aunque se trate de cuentos infantiles de brujas y niños, pueden herir la sensibilidad de más de un adulto.

El cuento de Caperucita Roja y el Lobo ha contado con multitud de versiones aunque a grandes rasgos contiene la misma moraleja: no fiarse de los extraños. En en cuento original se nos describen algunas cosas que pondrían los pelos de punta a cualquier niño de la época, aunque hoy con la constante cascada de violencia en la televisión y los juegos tal vez no resulten tan aterradores como antaño. En la versión antigua se nos cuenta como el lobo invita a Caperucita a comer de los restos de la abuela, a la que acaba de descuartizar, además de que la niña escapa con la excusa de que necesita ir al baño pues no quiere hacerlo en la cama de su querida abuela.

En el caso de La Sirenita nos encontramos con que la hermosa mujer-pez, tras pasar por innumerables penurias para lograr escapar de su condición de sirena y convertirse en humana, al precio de que a cada paso en tierra sentirá un puñal que se le clava bajo la planta del pie, finalmente es abandonada por el príncipe que decide casarse con una mujer de familia acomodada. Ariel termina por morir de tristeza tras verse sola y abandonada en un mundo que no es el suyo.

Las hermanastras de La Cenicienta, en su obsesión por casarse con el príncipe y sabedoras de que buscaba a su princesa mediante la prueba del zapato de cristal, decidieron usar herramientas para amputarse partes de los pies con objeto de que encajasen en el zapato. El plan falló y el príncipe se dio cuenta del engaño, por lo que mandó que a ambas les arrancasen los ojos y las condenó a vivir en la miseria el resto de sus vidas, cojas y ciegas.

Finalizando, aunque aun quedan muchos más ejemplos, hablaremos de La Bella Durmiente, que en su versión original nos cuenta que la muchacha despierta porque un niño le chupa el dedo, extrayendo así la aguja (huso de la rueca) que la mantenía dormida. Al levantarse se encuentra con dos niños y un hombre anciano que la contempla, para descubrir al poco que durante su largo letargo ha sido “poseída” por el rey en dos ocasiones y que esos niños son el fruto de estas relaciones forzadas.

Publicado en: Leyendas para niños

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