El sol rojo, leyenda de Argentina

Atardecer rojo

Según cuenta una antigua leyenda de Argentina, existió hace tiempo un valiente muchacho de nombre Igtá, proveniente de la tribu de los mocoretaes, y que estaba perdidamente enamorado de la hermosa Picazú. Ambos jóvenes decidieron unirse en matrimonio, pero para ello necesitarían la bendición de la Luna, así que los padres de la muchacha decidieron recurrir al adivino (Tuyá) para que hiciese la consulta.

El adivino eligió una noche apacible para preguntar a la Luna, que brillaba en lo alto del cielo iluminando montes y campos. El Tuyá se dio por satisfecho con los presagios y decidió aprobar el enlace entre Igtá y Picazú, pero no sin que antes el muchacho pasara por una prueba de valor, lanzarse a las aguas de la laguna y nadar en ella durante un tiempo. Una vez hecho esto, debería emprender una cacería y conseguir varias presas.

Gracias a que Igtá era un gran aficionado a la natación desde muy pequeño y también un gran atleta y cazador, no le costó mucho trabajo superar las pruebas con todo éxito, y pudo traer a su pareja un buen número de presas de caza. Contando tres lunas (meses) tras las pruebas, toda la tribu celebró el enlace entre los jóvenes amantes con todos los honores, bailando, comiendo y bebiendo. El único detalle que se escapó a los novios fue el de consultar también a Tupá, el dios creador de la luz y el Universo, sin cuya bendición el enlace no duraría mucho.

La noche siguiente a la de la boda empezó a llover fuertemente, lo que todos interpretaron como las lágrimas del propio Tupá, quien no estaba de acuerdo con la boda. Igtá y Picazú no pudieron hacer otra cosa que atravesar a nado la laguna para alcanzar una isla que había en ella, donde residían en exilio todos aquellos cuya relación no contaba con la bendición de Tupá, y de la que no podrían volver jamás.

Mientras ambos nadaban, uno de los guerreros de la tribu llamado Ñuatí les lanzó una flecha, acto que los demás miembros de la tribu imitaron hiriendo a Igtá y Picazú, cuya sangre comenzó a teñir de rojo las aguas de la laguna. Cuando el rojo se extendió por la superficie y el sol del ocaso tiñó del mismo color los árboles, e cielo y la tierra, los amantes desaparecieron de la vista de la tribu. El terror se apoderó de los indios, que huyeron pensando que habían ofendido con su comportamiento a Tupá.

Por otra parte Igtá y Picazú lograron alcanzar las orillas de la isla, lugar en el que vivieron el resto de sus vidas, lejos de sus hermanos y hermanas pero juntos como amantes al fin y al cabo.

Publicado en: Leyendas

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1 comentario

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  1. Lulolucas Gaymer dice:

    Hola oye me parece muy buena no lo digo por hacer esperanzas si no porque es muy buena para mi tarea de español

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