Iasá y el origen del Arco Iris, leyenda de Brasil

Arco Iris en Brasil

Cuenta una antigua leyenda de Brasil que en la tribu de los Cashinahuas hubo una joven llamada Iasá, cuya belleza era tan deslumbrante que incluso el mismísimo hijo del dios Tupán, llamado Tupá, quedó prendado de ella. Pero Tupá no era ni mucho menos el único que la amaba, al menos a ojos de los demás. El demonio Anhangá contemplaba con celos la relación entre ellos, y no tardó en maquinar un plan para desunir a la pareja, con intención de ganar el corazón del Iasá.

Así fue como Anhangá se presentó un día ante la madre de Iasá y le ofreció todas las riquezas que desease, así como comida y bebida para el resto de sus días a cambio de ortorgarle la mano de su hija. No fue la necesidad sino la ambición de la madre la que llevó a la joven a ser prometida a Anhangá, quien recibió la noticia con desolación. Resignada a su destino pero triste por separarse de su amado Tupá, pidió al demonio un último deseo antes de acceder a casarse y vivir en el inframundo por el resto de sus días. Su deseo fue ver una última vez a Tupá.

Anhangá accedió al deseo de Iasá, pero le impuso como condición que debería hacerse un corte en el brazo antes de partir hacia el cielo, para que la sangre formase un camino que él pudiera seguir. Era obvio que Anhangá no se fiaba del regreso de la joven, y por sorpresa para él, Iasá accedió a ello y dejó un rastro de roja sangre a lo largo de su camino.

Pero Tupá ideó un plan para desorientar al demonio e hizo que Guarací (el Sol) dibujase un rastro amarillo junto a la sangre de su amada, luego que Iuaca (el cielo) hiciese lo mismo con su color azul, y después le tocó el turno Pará (el mar), que aportó al rastro su color azul profundo.

Iasá se iba debilitando por la pérdida de sangre y fatigada cayó al suelo, donde su líquido vital se mezcló con la tierra del suelo, añadiendo una banda naranja a su rastro, que salpicó parte del arco azul dando origen al violeta. Tristemente la muchacha no pudo llegar hasta el cielo para reunirse con Tupá y falleció en una playa, arropada por la suave luz del sol y mecida por el arrullo de las olas del mar.

Fue la mezcla sobre su cuerpo de la dorada luz del sol y el azul del mar la que dio origen al verde, y así fue como el camino de Iasá hacia el cielo quedó para siempre marcado con los siete colores del Arco Iris.

Publicado en: Leyendas

Tags:

Imprimir Imprimir



TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR

1 comentario

Comments RSS

  1. anonimo dice:

    me da escalofrios

Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Top