El Bandido Zamarilla y la Virgen de la Amargura

Zamarrillas

En los tiempos en que los bandidos y asalta-caminos campaban a sus anchas por los caminos de España, existió en Málaga un bandolero al que apodaban el Zamarrilla, cuya fama superaba con creces a la de sus contemporáneos. El Zamarrilla se labró su renombre gracias a su valor y también a la temeridad de sus acciones, lo cual también le sirvió para ganarse la atención de las autoridades. Debido a sus fechorías, los alguaciles pronto se pusieron en marcha para capturarle, costase lo que costase.

Y así fue que el Zamarrilla fue acorralado, aunque antes de que se le capturase logró escapar, gracias a su conocimiento del terreno, pero los alguaciles aun le pisaban los talones. Tras cabalgar durante un largo trecho, el Zamarrilla logró llegar hasta una pequeña ermita y se refugió en su interior, con la esperanza de dar esquinazo a sus perseguidores. En el interior de la ermita sólo había un lugar donde ocultarse, el manto de la Virgen, y allí se escondió. Para su sorpresa, sus perseguidores registraron la ermita, pero no pudieron encontrar al bandolero y se marcharon para seguir buscándole por otros lares.

Un buen rato después, cuando el Zamarrilla se sintió a salvo, abandonó su peculiar escondite no sin antes agradecer a la Virgen su protección, detalle que acompañó con el regalo de una rosa blanca que crecía en el mismo camino que conducía a la ermita. Cuando clavó la rosa en el manto, ésta de pronto se volvió roja, y el bandido quedó tan perplejo como asustado, se arrodilló ante la imagen y rogó por el perdón de la Virgen.

Apenado por tal suceso, el Zamarrilla dedicó el resto de sus días a vivir como un ermitaño, trayendo cada poco tiempo una rosa roja a la Virgen a modo de ofrenda, hasta el día en que el bandolero corrió la misma suerte que había hecho correr a otros cuando fue asaltado por unos bandidos. Pese a su avanzada edad, pudo hacer frente a los bandidos, pero resultó herido de muerte, y aprovechó sus escasas fuerzas para hacer una última ofrenda a la Virgen.

En sus últimos momentos de vida y ante la imagen de la Virgen, el Zamarrilla pudo contemplar como la rosa que llevaba entre las manos  perdía el color para tornarse blanca, y comprendió que al final, después de tantos años de penitencia, había sido perdonado por sus malas acciones del pasado.

En la actualidad, la ermita de la Virgen de la Amargura también es conocida como la Ermita de Zamarrilla, y si virgen luce una rosa roja durante todo el año, excepto en el Viernes Santo, es que ésta es sustituida por una rosa blanca.

Otras apariciones marianas:

Foto vía: cofradesmalaga

Publicado en: Leyendas

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1 comentario

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  1. fildelfo figueroa dice:

    Divertida, interesante. Me gustó.

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