El mito del Dios El

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Dentro de la mitología cananea, su panteón de dioses estaba presidido por el dios El (al que también se le conoce bajo el nombre de Elohim en la religión hebrea). Era la divinidad suprema que estaba asociada a los nómadas y cuyas funciones se centraban, sobre todo, en lo ético y lo social.

Las crónicas nos lo describen como un personaje bueno y tolerante, por lo que recibe también las advocaciones de “Padre de los Dioses”, “Padre de los Hombres”, “Rey”, “Creador de las criaturas”, ”Amable”, “Juez”, “Misericordioso” e incluso “Toro”, en alusión esto último a las características de fuerza y fortaleza que se le presuponían. También se le conocía con el apelativo “Dagan”, que quiere decir “Dios de los cereales”.

Por lo que respecta al culto que se le rendía, en el principio sólo se existía entre los pueblos cananeos para luego extenderse entre los asirios y los babilonios. Del mismo modo, era considerado como el padre del dios Baal, por lo que este también era representado a menudo bajo la forma de un joven toro o becerro.

En este sentido, el resto de rituales que formaban parte de la religión cananea giraban en torno a la fecundidad, por lo que era muy habitual que las diosas como Anat, Astarté (también conocida como Atirat) o Asherá eran representadas a menudo estando desnudas, marcando de manera exagerada además sus órganos sexuales y de reproducción. Por si esto fuera poco, estas divinidades tenían a su servicio a las llamadas “prostitutas sagradas”.

Alguna de las prácticas más comunes de los ritos que se realizaban en su culto, consistía en el sacrificio de algunas especies animales en concreto, como pudieran ser las ovejas o los toros, seguido de un acto de “comunión”, en el que los fieles debían de comer parte de los animales que anteriormente habían sido sacrificados.

Publicado en: Mitologia

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