Las Hespérides y las manzanas de su jardín

Las Hespérides eran las hijas de Atlas y de Hesperis, también conocidas como las Atlántides. Sus nombres eran Egle, Eritehia, Hesperia y Aretusa. Su misión era la de custodiar las manzanas de oro de las que se decía provenían las brillantes y hermosas luces de la puesta del sol.

El origen de estos dorados frutos proviene de Gaia, la Madre Tierra, quien las creó para celebrar la unión en matrimonio entre Hera y Zeus, los dioses del Olimpo. Su cuidado fue encomendado a las Hespérides y así se encargaban de anunciar el final del día con sus dorados rayos y el inicio de la noche de bodas. De hecho, los griegos consideraban la manzana como un símbolo del amor.

Pero en el Jardín de las Hespérides crecían más plantas, a cada cual más bella y con más poderes mágicos. Un feroz dragón de nombre Ladon, puesto allí por mandato de Hera ayudaba en la vigilancia del lugar. La diosa lo había decidido así porque no se fiaba demasiado de las cuatro hermanas.

Estas diosas del ocaso eran criaturas juguetonas a quienes les encantaba cantar y tocar dulces y alegres melodías. Se decía que, al igual que las sirenas, atraían a los hombres con sus canciones y luego los enloquecían.

La famosa “manzana de la discordia” causante de la guerra de Troya, fue robada del Jardín de las Hespérides por Eris, diosa del conflicto, la lucha y, como no, la discordia.

Eris fue la única diosa a la que no se invitó a la boda de Peleo (nieto de Zeus) y Tetis (una ninfa del mar), y padres de Aquiles. Igual que la malvada bruja del cuento de la Bella Durmiente, Eris se presentó en plena ceremonia y arrojó la manzana en la que había una inscripción que decía: “para la más bella”. Hera, Atenea y Afrodita comenzaron a discutir entre sí y Zeus tuvo que intervenir. Así que pidió a Hermes que viajase hasta la tierra de Paris y que le comunicase que él debía ser el responsable de tomar la decisión.

Supongo que sabréis el resto de la historia, pero por si acaso os la recordaré.

Las tres diosas intentaron influir en Paris ofreciéndole algo a cambio. Hera le prometió reinar entre los hombres. Atenea, la victoria en todas las batallas. Y Afrodita, la mujer más bella: Helena de Troya.

Paris lo tuvo claro. Eligió a Afrodita. Y ahí empezó todo.

Cuenta el mito que Hércules, en una de sus labores, tenía que conseguir algunas de las manzanas del Jardín de las Hespérides. Después de haber engañado a Atlas para que se las trajese, el héroe se las llevó a Eristeo. Dado que, al final nadie sabía qué hacer con ellas, Hércules decidió dárselas a Atenea quien las devolvió a su lugar de origen.

La ubicación del Jardín de las Hespérides no está del todo claro. Algunos creen que estaba cerca del Monte Atlas. Otros lo sitúan en Arcadia, en Grecia. También dicen que son las mismísimas Islas Canarias y Madeira. El nombre de Atlántides nos recuerda a la mítica Atlántida

Lugares similares al Jardín de las Hespérides aparecen en muchas culturas. La idea de un paraíso custodiado por bellas mujeres, dotadas de gran talento e inteligencia no es sólo cosa de los griegos. Es un mito universal.

Publicado en: Mitología griega

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2 comentarios

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  1. LaLa dice:

    como se llama el autor de este cuadro?

  2. Judith dice:

    El autor es Albert Herter, un artista neoyorquino. Para más información busca en Google. Allí encontrarás tanto su biografía como su obra.

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