Ulises y el naufragio en la isla de Calipso

Retomamos nuestro relato de las aventuras de Ulises and company. Los habíamos dejado, recordadlo, en Tinacria, la isla del sol, donde la tripulación, en ausencia de su rey, había contravenido las normas sagradas comiéndose los bueyes de Helios. A eso antes lo llamaban sacrilegio.

Lo que sucedió entonces dejó bien claro que los compañeros de Ulises habían transgredido el orden divino: las partes troceadas de los bueyes que quedaban en las ollas continuaban balando, como si nada. Eran animales inmortales, eran animales que ningún humano hubiera debido jamás tocar. Pero lo más extraño es esa obnubilación de los marineros que, pese a todo, siguieron comiendo, saciándose, finalmente cayendo dormidos y ahondando en su ulterior perdición que , en efecto, ya se preparaba.

Cuando se despiertan el día está tranquilo: cielo despejado, mar en calma. Inconscientes, suben al barco y abandonan la isla. Pero Helios había protestado ante Zeus. Al enfadarse, Helios solía amenazar a los olímpicos con no volver a iluminar el firmamento, dejando a mortales e inmortales en la más absoluta oscuridad.

También esta vez blandió ante el padre de los dioses tal amenaza. Y Zeus respondió: tranquilo, los culpables serán castigados. Y así, cuando en el barco se las creían muy felices, Zeus cubrió el cielo de nubes y desató una terrible tempestad: truenos, relámpagos, olas gigantescas…la nave se resquebrajó como un débil palillo y todos perecieron ahogados. Todos menos Ulises, claro, quien pudo agarrarse de un madero.

Las corrientes lo llevarán de aquí para allá durante nueve días. Hasta que, al final, las olas lo regurgitaron en una playa.: Ulises acababa de llegar a la isla de Calipso, la maga buena y hermosa.

Es una isla fuera del mundo, por así decir. Fijémonos en la etimología, tantas veces descubierta por los estudiosos de la Odisea: Calipso, sin duda nombre derivado del verbo griego kalyptein, ocultar, esconder. Ulises vivirá muchos años con Calipso de esa manera: lejos de todas las miradas, oculto, el mundo no sabrá de él. Y será precisamente al décimo año de esta cohabitación entre los dos amantes, la diosa o maga Calipso y el héroe y rey de Ítaca Ulises, por donde comienzan los primeros versos del poema épico que conocemos con el título de Odisea.

Es curioso: también la Ilíada empieza en el décimo (y último año) de la guerra de Troya. Parece que a Homero, o quien se oculte detrás de ese nombre, le gustaba el número diez. Y si empieza aquí la narración, ¿qué hay de todo lo demás?

Pues todo lo demás, todo lo que venimos contando en entregas diferentes, lo relatará el propio Ulises en la corte del rey Alcínoo (y hay radica la modernidad de la Odisea respecto a la Ilíada: en ese procedimiento del flashback, de saltos atrás en el tiempo, reveladores de una trama narrativa muy compleja) cuando, al abandonar a su amada Calipso en pos de su más amada patria (donde lo esperan su esposa Penélope y su hijo Telémaco), arribe a la isla de los feacios. Pero no adelantemos acontecimientos…

Publicado en: Los viajes de Ulises

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