El viaje de Ulises: Circe y los lestrigones

Circe

Habíamos dejado a Ulises y a sus compañeros desconsolados tras el segundo encuentro con Eolo. Echados a la mar por enésima vez, hacen escala en una isla desconocida: el país de los lestrigones.

Curado de espanto pero cada vez más desconfiado después de las ya numerosas peripecias que ha tenido que sufrir, Ulises decide fondear su propio barco en una playa desierta, alejada del resto de la flota, pese a que habían oteado a lo lejos un puerto franco y una ciudad.

Se decide enviar una expedición hasta la ciudad. De camino, los marineros se encuentran con una mujer enorme. Se quedan pasmados, aunque la mujer se ofrece amablemente a acompañarlos hasta el rey del lugar, que es su padre. Al llegar, horror, los lestrigones parecen tener un concepto un tanto peculiar de la hospitalidad: el rey sin mediar palabra ¡se come a uno de los griegos!

Éstos salen corriendo, espantados. Avisan al resto de compañeros: los lestrigones son caníbales. Intentan subir a los barcos, soltar amarras. Pero los antropófagos los habían seguido, con el insaciable rey a su cabeza. Los atrapan como moscas y allí mismo se los comen.

A todos menos a Ulises y a la tripulación de su nave, que recordemos se había mantenido un poco apartada. Así pues, la maldición de Polifemo se va perfilando. De toda la flota con la que el rey de Ítaca había partido desde Troya en este punto permanece apenas un barco. Incluso esto será demasiado: al final sólo un tripulante volverá a Ítaca, Ulises mismo.

Los griegos arriban a otra isla: Ea. ¿Qué hacer? Ya no se fían de nada ni de nadie. Pero tienen que repostar, buscar provisiones. Parte de los marineros no quieren bajar. Finalmente Ulises convence a la mayoría. Deciden, pues, investigar la isla. ¿Qué descubren?

Un magnífico palacio en el centro rodeado de una selva llena de animales salvajes que se comportan como mascotas: lobos que parecen cachorrillos y leones que actúan como gatitos. Extraño, pero no amenazador. Así que la patrulla de exploración se presenta en el palacio. Allí vive una mujer increíblemente hermosa (ya se echaba en falta el elemento femenino, ¿no?). Lo que los griegos no saben es que se trata de una poderosa bruja o hechicera: Circe.

Circe los invita a beber algo. Encantados, los amigos de Ulises no sospechan lo que está a punto de ocurrir. La bebida contiene una poción mágica. De repente, los griegos se convierten en… ¡cerdos!

Mientras Ulises y el resto de la tripulación esperan impacientes. El esposo de Penélope decide él mismo internarse en la isla.

Cuando está cerca del palacio, de nuevo lo sobrenatural irrumpe en escena. El dios Hermes se le aparece y lo avisa de lo ocurrido. También le da un antídoto contra la bebida de Circe. Ya en palacio, la hechicera lo hace pasar. Lo agasaja, lo trata con amabilidad. Entonces le ofrece una copa de sabroso néctar. Ulises le sigue el juego: ok, venga ese licor. Pero al beber Ulises, gracias al antídoto, no se transforma en cerdo. Mantiene su aspecto de varón, de ser humano, de rey de Ítaca.

De un salto saca su espada y amenaza a la bruja. Ésta lo reconoce y exclama: “¡Tú eres Ulises! Lo sabía:contigo no funcionaría mi hechizo. ¿Qué es lo que quieres?”. Ulises le exige la liberación de sus compañeros. Antes de eso hay una cuestión interesante por resolver: ¿por qué Circe convertía a todos los que llegaban a su isla en animales, ya fueran cerdos, lobos o leones?

¿Recordáis el episodio con los lotófagos? La amenaza que se cierne en cada momento sobre los griegos es la del olvido. Renunciar a su condición humana: seres que tienen un origen, una familia, una patria. Ni los lotófagos, ni Polifemos, ni los lestrigones, ni Circe eran humanos en sentido estricto. No todos eran “malos”, o crueles para los griegos, pero todos representaban esa amenaza: hacer desistir de su empresa, la de volver a casa con los suyos.

Y de hecho Circe no sólo no se mostrará despiadada sino que, una vez que rompe su propio hechizo, los compañeros de Ulises tienen mejor aspecto, se muestran rejuvenecidos. Y lo que ocurre a continuación es que el mismo Ulises empieza un ardiente romance con la hermosa maga. La isla de Circe se convertirá para Ulises en un pequeño paraíso. Pero no, aquí no acaba la historia…

Publicado en: Los viajes de Ulises

Tags:

Imprimir Imprimir



TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR

3 comentarios

Comments RSS

  1. que esto no es nadaminteresadoòrque es muy aburridoponga algo mejor

  2. Patricia dice:

    El texto es precioso y muy didáctico. Me han dado ganas de volver a leer la novela.
    Gracias

  3. Constanza dice:

    Maravilloso, gracias!!!

Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Top