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Archive for Abril, 2008

Nicolas Flamel y la piedra filosofal

Abril 30, 2008 By: Domingo A. Gómez Gallego Category: Realidad o Ficcion No Comments →

La piedra filosofal, también llamada “elixir rojo” o “tintura de oro”, es una sustancia en forma de polvo, obtenida mediante complejos procesos alquímicos, que permite transmutar cualquier metal en oro. Se le atribuye asimismo la propiedad de curar todas las enfermedades y proporcionar la inmortalidad a quien la ingiera.

El alquimista, cuadro de sir Williams Fettes Douglas

La transmutación de los metales era el objetivo principal del arte medieval de la Alquimia, que constituía a la vez una búsqueda experimental y espiritual, motivo por el cual sus tratados están escritos en un lenguaje hermético que resulta ininteligible a los no iniciados. Los procedimientos alquímicos conllevan una carga simbólica que sus practicantes deben comprender antes de ponerlos en práctica.

Se basaban en la creencia de que toda sustancia material está formada por los cuatro elementos (tierra, agua, aire y fuego) y dos principios básicos: azufre y mercurio. El alquimista debía buscar una materia prima y realizar sobre ella cuatro operaciones: licuarla, evaporar el agua superflua, separar los dos principios básicos y después purificarlos. Paradójicamente, para obtener la piedra filosofal, la materia prima de partida era una pequeña cantidad de oro, inversión inicial que llevó a muchos a la ruina.

La época dorada de la Alquimia fue campo abonado para timadores que se presentaban ante sus víctimas como depositarios de los secretos de la piedra filosofal. Realizaban demostraciones prácticas basadas en burdos trucos (como, por ejemplo, recubrir de hierro una barra de oro) y en el poder de sugestión que proporcionaba la creencia generalizada en ciertos antecedentes. Existían personajes célebres a los cuales se les atribuía más allá de toda duda el logro de la transmutación de los metales en oro: Ramón Llull, Arnaldo de Villanova, Paracelso, Bernardo Trevisano y, sobre todo, Nicolas Flamel, quien además dejó una narración de sus investigaciones titulada Explicación de las figuras jeroglíficas puestas por mí, Nicolas Flamel, escribano, en el cementerio de los Inocentes, en la cuarta arcada.

Flamel era escribano y librero en la ciudad de París. Una noche un ángel se le apareció en sueños y le mostró un libro extraordinario cuyo contenido, sin embargo, no llegó a ver. Años después, en 1357, un hombre entró en su librería y le ofreció un volumen en el cual Flamel reconoció aquel libro de su sueño. Aunque el hombre le pidió la importante suma de dos florines, él no dudó en comprarlo.

Tenía una tapa de cobre bien encuadernada, sus hojas no estaban hechas de papel ni de pergamino, sino de corteza de arbusto, y parecía muy antiguo. En lugar de letras contenía unas figuras extrañas que Flamel no alcanzaba a comprender, y lo firmaba un tal Abraham el Judío.

Nicolas Flamel

Durante los años siguientes, con la ayuda de su fiel esposa Perenelle, intentó descifrar el contenido del libro. Sin embargo, a pesar de dedicarle varias horas durante todas las tardes, no realizaba ningún progreso. Frustrado, consultó a los alquimistas más célebres de París, pero estos no supieron proporcionarle pista alguna acerca del significado de aquellos símbolos.

Como en Francia no hallaba respuestas, decidió viajar a la cuna de la Alquimia europea: la Península Ibérica. Mientras peregrinaba a Santiago de Compostela, conoció a un judío converso llamado Canches, quien al ver una copia de varios pasajes del libro le dijo emocionado que aquellos signos estaban relacionados con la Cábala. Deciden entonces regresar juntos a París para profundizar en el estudio de la obra. Antes de llegar, Canches, ya muy enfermo desde tiempo atrás, muere.

No obstante, el español ya había dado a Flamel la clave para descifrar el manuscrito, por lo que este continuó estudiándolo en compañía de su esposa, y pronto ambos comenzaron a realizar experimentos. En 1382 logran convertir mercurio en plata. Unos meses más tarde obtienen la piedra filosofal y el 25 de abril transmutan por fin una cierta cantidad de mercurio en oro puro. A partir de aquí amasan una pequeña fortuna que dedican sobre todo a obras de caridad. Al menos, eso es lo que el propio Flamel cuenta en el escrito que se le atribuye.

Se considera un hecho comprobado que Nicolas Flamel adquirió una gran fortuna en muy poco tiempo, lo cual se convirtió para sus contemporáneos en prueba irrefutable de que poseía el secreto de la transmutación de los metales. Unos años después de su muerte, tanto su tumba como la de su esposa fueron saqueadas para buscar la piedra filosofal y el libro de Abraham el Judío, pero ni una ni otro aparecieron. Algunos dicen que tampoco se encontraron los restos del matrimonio, ya que ninguno de los dos murió realmente, ni morirán nunca, gracias a las propiedades regeneradoras de la piedra filosofal. La escritora inglesa J. K. Rowling aprovechó esta leyenda para su novela Harry Potter y la piedra filosofal.

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Animales con sexto sentido: Moro, el perro vagabundo de los entierros

Abril 27, 2008 By: Javier Gomez Category: Poderes extrasensoriales, Misterios sin resolver 1 Comment →

A veces el comportamiento de los animales sorprende a quienes lo rodean. Más de una vez ellos parecen haberse adelantado a nuestras necesidades, como si supieran lo que queremos o lo que le íbamos a pedir. Pero no sólo atentos a sus amos, el comportamiento animal incluso ha llegado a servir para avisar de grandes catástrofes, especialmente en el caso de seísmos.

Moro el perro de Fernan Nuñez 

El caso de Moro, un perro vagabundo fue especial… y temido. Nadie dudaba en Fernán Núñez, un pueblo de Córdoba, de su sexto sentido, pero nadie lo quería cerca, por miedo o superstición. Tan especial fue su caso que hoy día este perro tiene un monumento en la ciudad… tras haber asistido a más de 600 entierros de vecinos de todo el pueblo.

El animal siempre sabía de antemano quién iba a morir. Su sexto sentido siempre lo guiaba a la puerte de la casa donde iba a producirse una muerte próxima, y allí, pacientemente, esperaba en su puerta. Lo curioso es que su ritual no finalizaba hasta que no había asistido, en el cementerio local, a su sepelio. Obviamente, aquella actitud del animal asustaba a todos los vecinos que no querían verlo ni en pintura, como vulgarmente suele decirse y por ello, en más de una ocasión intentaron echarlo del pueblo. Al menos, que se sepa, en dos ocasiones lo metieron en camiones de transporte sin que lo supieran los conductores. En la primera ocasión, Moro acabó en Granada. En la segunda terminó en Ciudad Real. Pero en ambas ocasiones, a los pocos días, Moro volvía a aparecer en el pueblo por su propia pata.

La única vecina del pueblo capaz de acercarse al animal durante varios años y alimentarlo fue la que por primera vez lo vio en un entierro de un familiar. Desde entonces, lo acogió, por la compañía que en aquel momento tan duro le dio. El animal incluso se acercaba hasta la carretera y más de una vez lo encontraron sentado al borde la misma, esperando. Al poco rato siempre aparecía por la misma un coche fúnebre.

Monumento a Moro en Fernan Nuñez 

Fueron 600 casos los que se contabilizaron que el perro, Moro, fue capaz de predecir. Y siempre, hasta el último de sus días, acompañó hasta el último momento a cada uno de los vecinos de Fernán Núñez.

¿Poder extraensorial? ¿lo que vulgarmente llamamos sexto sentido?, pero el de Moro es sólo uno de los muchos casos de animales en los que se ha constatado que tienen un instinto fuera de lo común.

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Nuberu, el Señor de las Tormentas

Abril 25, 2008 By: Domingo A. Gómez Gallego Category: Mitologia asturiana, Mitologia 1 Comment →

Según la mitología asturiana, un poderoso personaje origina y gobierna las tormentas. Viste ropas raídas, un manto de pieles y un sombrero negro de ala ancha; luce una poblada barba y algunos dicen que, como Odín, es tuerto de un ojo. El Nuberu, que así es conocido, se desplaza por el aire montado en una nube. Habitualmente pastorea otras nubes y les hace descargar su contenido a voluntad, sin importarle las consecuencias que esto tenga sobre las tierras de los campesinos, las cuales suelen quedar en un estado lamentable, ya que pocas cosas gustan más al Nuberu que provocar una buena granizada.

El Nuberu

Al igual que las fuerzas de la naturaleza, el Nuberu es implacable y puede resultar tanto maléfico como benéfico. En ocasiones desciende a tierra entre la niebla y, pasando desapercibido gracias a su aspecto de mendigo, solicita la ayuda de algún lugareño. Según se porte éste con él, así se portará él después con el lugareño. Si le niega la ayuda sufrirá su ira, normalmente en forma de tormenta devastadora. Por el contrario, si le ayuda recibirá después una lluvia benéfica para su cosecha, el aviso de un próximo desastre natural, o, tal vez, una promesa de futura hospitalidad si alguna vez visita la ciudad en la cual vive el Nuberu cuando no anda por ahí originando tormentas.

En las narraciones populares no existe consenso acerca del nombre o la ubicación de la ciudad del Nuberu. Su nombre oscila entre “Orita”, “Lita”, el sugerente “Ciudad del Grito” u otros, y se suele tratar de una ciudad lejana situada más allá del mar, por lo general en Egipto. Allí, dicen, el Nuberu tiene esposa e hijos, es conocido como Xuan Cabrito (o Cabrita) y considerado un gran señor. Cada día viaja desde su hogar a Asturias montado en una nube.

Los principales enemigos del Nuberu son los curas. Sobre ellos recae la difícil tarea de intentar ahuyentarlo de las cosechas. En cuanto los campesinos ven asomar al Nuberu, corren a buscar al sacerdote del pueblo, que, quiera o no, debe cumplir con su obligación si quiere evitar las iras de sus propios feligreses. Una vez frente al Nuberu, lo habitual es que el cura le arroje lo primero que encuentre a mano (y que puede ir desde una piedra hasta su propio bonete, pasando por un zapato) con la esperanza de descabalgarlo de su nube o, tal vez, de rasgarla obligándole así a retirarse. Con tan limitados recursos no resulta extraño que muchas veces el cura salga perdiendo y sus vecinos tengan que agarrarlo para que el Nuberu no se lo lleve con él.

Según la tradición popular, lo más efectivo para alejar al Nuberu es hacer sonar la campana de la iglesia, pues su tañido le desagrada enormemente, bien sea porque, como algunos dicen, en su sonido va implícita una oración o simplemente porque no le gusta su timbre metálico. Otros métodos consisten en colocar un carro con las patas apuntando al cielo, situar en los tejados de la casa un hacha con el filo hacia arriba o quemar laurel y romero al aire libre, dejando que el humo ascienda hacia las alturas. Rezar una oración a Santa Bárbara también hace que se vea obligado a pasar de largo, llevando sus nubes a descargar a otra parte.

Muniellos (Asturias)

Acerca del Nuberu existe un relato popular muy característico, el cual todos los folcloristas recogen, aunque con numerosas variantes. Cuenta que una tarde el Nuberu se bajó de su nube para descansar un rato en una montaña, y cuando volvió a buscarla ya no la encontró. Obligado por tanto a pasar la noche en tierra, el Nuberu pide entonces alojo en las casas más cercanas. El dueño de la primera le echa de mala manera, pero el de la segunda lo recibe amablemente, le da de cenar y le ofrece un cuarto en el que pasar la noche. A la mañana siguiente, el Nuberu le dice a su anfitrión que si alguna vez va a Egipto, a la Ciudad del Grito, pregunte por Xuan Cabrito, que es él. Tras despedirse, el Nuberu sube a un monte cercano, desde el cual provoca un temporal que arrasa las tierras del vecino que no lo quiso acoger y una fina lluvia que vuelve más fértiles las del pastor que le tan bien le trató. Después monta en una nube y se marcha volando.

Años más tarde, el pastor se ve obligado a embarcar rumbo a las cruzadas, dejando atrás a su prometida y abandonando su casa y su tierra. Antes de arribar a Tierra Santa, el barco en el que viaja naufraga, y el pastor, tras pasar por diversas aventuras, llega a una ciudad cuyos habitantes le dicen que es la Ciudad del Grito. Pregunta por Xuan Cabrito y los lugareños le indican su dirección.

Al llegar a esa casa, el pastor es recibido por un criado que le conduce ante la esposa del Nuberu. El Nuberu no está, pero no tarda en llegar, portando un saco lleno de sapos y culebras, que al parecer es lo que cena de forma habitual. Nada más entrar en su casa percibe la presencia del extraño: “Aquí huele a cristianizu”, exclama al principio con suspicacia, aunque después, al ver quién de quién se trata, se alegra enormemente.

Sin embargo, el Nuberu tiene malas noticias que darle al pastor: su prometida piensa que ha muerto y se va a casar con otro al día siguiente. El pastor se desespera al oír esto, porque es imposible que le dé tiempo a regresar para impedirlo. Pero el Nuberu le dice que no se preocupe, él le ayudará a llegar. Se dirige entonces a la cocina y llena una jofaina de agua. La pone en el suelo y le dice al pastor que salte por encima. Hace este lo que le piden, y al tocar el suelo al otro lado descubre que ya no se encuentra en casa del Nuberu, sino en la plaza de su pueblo, con tiempo de sobra para detener la boda de su prometida.

Od�n

En otras versiones, el pastor regresa a casa montado en una cabra mágica que el Nuberu le presta, o en una nube que el mismo Nuberu acepta conducir bajo la condición de que no mencione a Dios ni a los santos. El pastor incumple su promesa y el Nuberu le arroja de su nube, aunque afortunadamente ya están sobrevolando el pueblo y cae encima del árbol de la plaza mayor, que frena la caída. En otras variantes, poco antes de llegar a casa del Nuberu el pastor atraviesa una densa niebla en la cual se pierden dos amigos que le acompañaban y acerca de los cuales nunca vuelve a saber nada. Según algunos al principio de la historia al Nuberu no se le escapa su nube, sino que cae a tierra junto a un rayo.

Los folcloristas relacionan al Nuberu con las divinidades paganas de la tormenta, como el Taranis celta. Con Odín guarda un cierto parecido físico y algunas similitudes en el comportamiento, ya que el dios nórdico también se hace pasar por mendigo para moverse entre los mortales sin ser reconocido. Otro detalle que podría resultar significativo es el hecho de que la ciudad del Nuberu, aunque en un país real, esté tras el mar, al igual que muchas tierras mágicas habitadas por seres sobrenaturales, como el Tir Na Nog de los celtas.

Teniendo esto en cuenta, podemos aventurar que el Nuberu es un dios pagano que, de forma bastante airosa, sobrevivió a la cristianización de Asturias, la cual, por otro lado, debió de resultar bastante difícil. Aún en el siglo XVIII el obispo de Oviedo se quejaba de los restos de paganismo que sobrevivían en la región. No sólo dentro de las narraciones populares vencía el Nuberu a los representantes de la Iglesia.

-Foto vía: Ecotur.

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Los circulos de las cosechas

Abril 24, 2008 By: Javier Gomez Category: Misterios sin resolver 2 Comments →

Casi 30 años se cumplen ya de la aparición de los primeros círculos de las cosechas en Inglaterra, y aún tantos años después, siguen siendo un misterio que nadie es capaz de explicar. Se ha dicho que son obra humana, pero lo cierto es que en experimentos realizados por humanos, nadie ha podido igualar esos dibujos tan absolutamente simétricos y perfectos. Además, desde entonces, cada año aparecen casi 250 dibujos más repartidos ya por todo el mundo.

Circulos de las cosechas

Los círculos de las cosechas comenzaron en agosto de 1980 en Wiltshite, en Inglaterra. A partir de aquella fecha, se registraron formaciones similares por todo el país, ante el asombro de los ciudadanos que veían como esos enormes dibujos, que desde el aire tienen un diseño tan perfecto, aparecían en cuestión de minutos.

Éste es uno de los mayores misterios que encierran. A veces esos diseños han aparecido en cuestión de pocos minutos, como por ejemplo el producido cerca de Stonehenge. Allí, varios testigos declararon que en esa zona no había nada a las 17,30 h. de aquel día. Apenas media hora después se descubrieron en aquel mismo lugar hasta 151 círculos concéntricos con una medida total de 279 metros. Cuando se estudiaron se dieron cuenta de que las plantas sobre las que se dibujaban esos círculos no habían sido siquiera cortadas, sino que estaban aplastadas pero sin romper el tallo. Cada planta se inclinaba a un lado y se enlazaba con la anterior. Además estas plantas estaban afectadas por anomalías químicas y electromagnéticas.

Circulos de las Cosechas 2

En Inglaterra a los círculos de las cosechas los llaman “Crop circles” o “círculos de los cereales“. Sin embargo, si al principio se encontraban en estos tipos de cultivo, ahora ya se han extendido a todo tipo de campos y por todos los países del mundo. De hecho, las últimas alteraciones se han encontrado en Argentina, pero también las ha habido en Canadá, en Estados Unidos, en Rusia o en Holanda, entre otros. Además, ya no se trata sólo de círculos, sino que también han comenzado a aparecer dibujos esotéricos, como el Menorah, candelabro judío de siete brazos, símbolos religiosos o rostros humanoides.

Circulos de las cosechas triple Julia

El escepticismo que han despertado a veces este tipo de apariciones proviene de cierta ocasión en que dos ingleses, Bower y Chorley, se autoinculparon de los diseños. Extrañamente, se hizo toda una gran campaña al parecer destinada a desviar la atención de la formación de aquellos círculos, pero lo cierto, es que años después se pudo demostrar que estos dos ingleses nada tuvieron que ver en esas apariciones.

Son muchas las teorías que se han lanzado sobre los círculos de las cosechas, siendo las más recurrentes la de que se trata de comunicaciones emitidas por entes extraterrestres. Los naturalistas apoyan la tesis de que son mensajes que nos está emitiendo la Madre Tierra como queja al trato que le damos, mientras que los más lógicos afirman que se han formado por algún tipo de vibraciones de ultrasonidos o radiaciones emitidas por quizás algún tipo de experimento secreto.

La teoría más firme y conocida es la de Forgione que le da un punto de vista mucho más místico al decir que es la “irrupción inesperada de lo divino en nuestra realidad” y que nos encontramos ante un nuevo ciclo cósmico.

Circulos de las cosechas milk hill

Círculos en Milk Hill

La formación más compleja y grande es la aparecida en el año 2001 en Milk Hill, pero son muchas las formaciones a las que se han encontrado semejanza con elementos mágicos o históricos, como el famoso sello mágico de Giordano Bruno.

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Glastonbury, un campo de estrellas entre las nieblas de la leyenda

Abril 21, 2008 By: Domingo A. Gómez Gallego Category: Lugares misteriosos 2 Comments →

Glastonbury es uno de los lugares con más misterio y magia del Reino Unido. Identificado por muchos con el Ávalon de las leyendas célticas y artúricas, constituyó siempre un importante centro sagrado para los diferentes cultos que se sucedieron en la isla. Se trata de una zona de unos 20 kilómetros cuadrados que comprende principalmente unas pequeñas colinas, las ruinas de una importante abadía medieval, y el pueblo que surgió al amparo de esta y la sobrevivió.

Glastonbury Tor

Dominando todo el lugar se alza la imponente colina de Glastonbury Tor, coronada por una torre que es lo único que queda de una antigua iglesia consagrada a San Miguel. Aunque la colina es de origen natural, en torno a ella se distingue los restos erosionados de un sistema de terrazas erigido por los pobladores prehistóricos del lugar. Algunos estudiosos creen reconocer en ellas una estructura de laberinto cuyo carácter simbólico parece indicar una finalidad religiosa. Se trataría un centro de peregrinaje e iniciación que probablemente se mantuvo con la llegada de los druidas.

Pero la colina Tor no es el único vestigio prehistórico. Para algunos autores, en el paisaje de toda la zona se esconde un zodiaco sagrado, reflejo de las constelaciones del firmamento, y solo apreciable por completo desde el aire. Los antiguos pobladores crearon este gigantesco templo de las estrellas aprovechando los accidentes naturales; su conservación la habrían llevado a cabo iniciados en la antigua sabiduría hasta llegar a época ya cristiana.

Cerca de la Tor se encuentran las fantasmagóricas ruinas de la abadía de Glastonbury. Fundada en el siglo VII, llegó a convertirse en uno de los monasterios más grandes de Inglaterra, hasta que en 1184 fue pasto de las llamas. Tras su reconstrucción, culminada en 1213, y tras posteriores ampliaciones, recuperó casi por completo su anterior importancia. Pero en 1539 fue finalmente abandonada debido a la disolución de los monasterios ordenada por Enrique VIII.

Abad�a de Glastonbury

Según una tradición cuyo origen data del siglo XII, en Glastonbury descansaron los restos del rey Arturo y de la reina Ginebra. Dicen que Enrique II, tras escuchar en 1171 a un bardo galés contar una extraña versión del fin de Arturo en la cual este era enterrado en Glastonbury, conminó al abad de allí a buscar los cuerpos. El rey no le debió de meter mucha prisa, ya que la búsqueda no se llevó a cabo hasta 1191, en tiempos de Ricardo I. Entonces, justo en el punto indicado por el bardo, a 16 pies de profundidad, se halló un gran tronco de roble hueco. En su superficie había adosada una cruz de plomo en la cual figuraba la siguiente inscripción: “Aquí yace el renombrado rey Arturo, en la isla de Ávalon, junto a Ginebra, su segunda esposa”. Y al abrir el rudimentario ataúd aparecieron los restos de los reyes. Cuentan que los huesos de Arturo poseían un tamaño inusual y que Ginebra aún conservaba su melena dorada, la cual se convirtió en polvo nada más ser tocada.

En un primer momento los restos se guardaron en la abadía junto a las reliquias sagradas. Más tarde fueron trasladados a un sepulcro de mármol negro, construido frente al altar principal. Sin embargo se perdieron en 1539, cuando se destruyó la abadía. Se dice que un misterioso caballero vestido de negro y con los ojos rojos atacó lo que quedaba del edificio, acabando con cualquier pista que pudiese conducir al paradero de las regias reliquias.

Pozo del cáliz

Los eruditos ponen hoy en duda la autenticidad de aquellos restos. Afirman que el estilo de la inscripción grabada en la cruz correspondería más con el de la época en que fue encontrada que con el de la época de Arturo, y sospechan de la confluencia de intereses que favorecía su aparición: por un lado, la abadía atravesaba un mal momento económico que la presencia del legendario rey entre sus muros podía ayudar a superar; y, por otro, a los Plantagenet, recientes conquistadores de Inglaterra, no les convenía que entre las clases populares se siguiese pensando que Arturo estaba vivo y algún día regresaría a recuperar su trono.

Pero las leyendas en torno a Glastonbury no terminan con el cadáver de Arturo. Otra de ellas, tal vez de origen más tardío que la anterior, trata acerca del Santo Grial. Cuenta cómo hace veinte siglos Jesucristo y su tío José de Arimatea viajaron a Britania y en Glastonbury levantaron la primera iglesia de las islas. Se supone que después volvieron a Palestina, pero, una vez crucificado Jesús, José de Arimatea regresó a Glastonbury acompañado por un grupo de seguidores y portando un cáliz con la sangre de Cristo. Al llegar enterró el cáliz en un punto cercano a la colina Tor, del cual surgió un manantial. Su agua poseía propiedades curativas y rejuvenecedoras. Ese manantial correspondería con el pozo conocido hoy como Pozo del Cáliz o Pozo de la Sangre, cuyas aguas son de color rojo debido a las características especiales de la rocas circundantes.

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Las Furias en la mitología griega

Abril 18, 2008 By: Carmen Márquez Category: Leyendas No Comments →

También conocidas como Erinias o Euménides, las Furias nacieron de la Noche, (aunque también se cuenta que surgieron cuando Cronos cortó los testículos a su padre Urano y la sangre del dios cayó sobre la Gea, la madre tierra), y vigilaban la puerta hacia el mundo inferior, castigando a aquellos cuyos crímenes no habían sido expiados en el mundo de los mortales. Trataban así de restablecer el orden perdido. En ocasiones también subían a la superficie y allí perseguían a aquellos que pretendían salir impunes de algún delito.

Las Furias

Las Furias, que en sus orígenes contaban con un número incierto, terminaron siendo tan sólo tres. Sus nombres eran Tisifone, Alecto y Megera y tenían cabeza de perro, alas de vampiro y, en vez de cabellos, serpientes. Para cumplir su misión llevaban consigo látigos de cuero y temibles anillos de bronce.

Tisifone era la encargada de castigar a los osaban traspasar los límites de la buena conducta y era conocida como la Furia Vengadora. Megera se encargaba de hacer nacer el odio, la discordia, entre los mortales. Alecto los perseguía sin descanso hasta conseguir que murieran de locura o que fueran incapaces de volver a cometer un crimen semejante.

Cuentan que cuando Orestes acudió desesperado ante Apolo para conocer el nombre del asesino de su padre, el rey Agamenon, el oráculo le reveló que había sido su propia madre, Climenestra, esposa del rey, la autora de tal delito. Orestes, fuera de si, puso fin a la vida de su madre. Entonces entró la Furia Alecto en escena, atormentado al desgraciado príncipe Orestes por el crimen que había cometido.

Furias y Orestes

Orestes acudió de nuevo a la ayuda de los dioses, siendo esta vez Atenea la elegida, para rogar el fin de su condena. Atenea, la diosa guerrera, consiguió convencer a Alecto de que el hijo de Agamenón ya había pagado con suficiente dolor sus actos y fue perdonado. Ahora bien, Orestes había de traer desde la ciudad de Taúride una estatua que hubiera sido consagrada a Artemisa, hermana de Apolo y diosa de la caza.

Desde este momento, las Furias pasan a llamarse Euménides y a ser consideradas como benevolentes, aunque, eso si, siguieron persiguiendo a los criminales.

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Mary Celeste, el barco misterioso

Abril 17, 2008 By: Carmen Márquez Category: Misterios sin resolver No Comments →

Allá por el año 1861 se terminó de construir en un muelle escocés un barco, bergantín para más señas por contar con velas cuadradas en sus dos mástiles, al que se bautizó como Amazon.

Pero se ve que nació ya con mal pie, (o mal ancla, según se mire), porque sufrió varios accidentes, de poco calibre eso si, en poco tiempo y cambió de propietario, (el primero murió antes de hacerse en él a la mar y el segundo durante la primera travesía), y de nombre, varias veces.

Mary Celeste

En 1972, bajo el nombre de Mary Celeste, emprendió la travesía desde Nueva York hasta Génova con unos 1.700 barriles de alcohol como cargamento en sus bodegas. Esto ocurría el 7 de noviembre…

Casi un mes después, el 5 de diciembre, desde el Dei Gratia lo avistaron navegando en solitario por el océano Atlántico, cerca de la isla de Madeira, sin ni un solo miembro de la tripulación a bordo, y se acercaron. Cuando por fin se consiguió acceder a él se comprobó que nadie lo dirigía, pero, eso si, lo que transportaba y estaba en su sitio, no había sido tocado por nadie. Lo único que faltaba era un bote salvavidas, el cuaderno de bitácora y algunos instrumentos de navegación. Pero sí que estaba la ropa en los armarios y el diario del capitán en su camarote, siendo la última página escrita el día 24 de noviembre. Todo estaba ordenado y un silencio inquietante lo envolvía todo.

Se descartó entonces la hipótesis de que hubiera sido asaltado por piratas. Ahora bien, ¿qué otra cosa podía haber ocurrido?, ¿qué había llevado a la tripulación y acompañantes a huir a mar abierto y dejar atrás el barco?.

Mary Celeste

El Mary Celeste fue remolcado hasta un puerto de Gibraltar y allí se investigó el caso, pero nunca se llegó a saber exactamente qué ocurrió. Entre las teorías que rondaron entre los investigadores está la de que el capitán, temiendo que el alcohol explotara en un momento determinado, decidiera abandonar la nave. Otra algo más macabra cuenta que puede ser que parte de la tripulación se emborrachara y asesinara no sólo al capitán, sino también a su mujer y su hija pequeña, (que viajaban también en el Mary Celeste), y después pretendieran huir de la justicia. Claro que también hubo quien defendió que todo pudo ser por culpa de algún gigantesco monstruo marino.

Los años pasaron y el Mary Celeste, (de nuevo cambiando de dueño cada cierto tiempo), terminó siendo estrellado contra un arrecife de coral en la isla de Haití. Su dueño de ese momento pretendía cobrar el seguro correspondiente y declaró que llevaba un cargamento muy valioso que había perdido con el naufragio. Pero el Mary Celeste, quizás intentando no tener un final tan poco digno después de haber sido el centro de todas las miradas, no se hundió por completo y se pudo comprobar que sólo llevaba en las bodegas comida para gatos y botas de goma, declarándose la actuación del último dueño como intento claro de fraude.

En el año 2001 se encontraron los restos del misterioso Mary Celeste entre los bellos arrecifes de coral.

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La leyenda de Melusina

Abril 16, 2008 By: Domingo A. Gómez Gallego Category: Leyendas 1 Comment →

Raimundo de Poitou se casó con una doncella llamada Melusina a la que conoció en medio del bosque durante una noche aciaga al principio de la cual, accidentalmente, había matado a su propio tío. Melusina demostró mucha diligencia: calmó al caballero e ideó una manera de evitar las sospechas que inevitablemente recaerían sobre él. Como además era hermosa, Raimundo se enamoró de ella y le pidió matrimonio. Melusina aceptó, pero le hizo jurar que nunca intentaría verla durante un sábado ni averiguar la causa de tal prohibición. De ello dependía la felicidad de ambos.

El castillo de Lusignan

Melusina resultó poseer muchas riquezas, y con ellas construyó a su marido un castillo, el castillo de Lusignan, al lado de una fuente a la que el vulgo llamaba Fuente de la Sed o Fuente de las Hadas. La pareja se instaló en aquella fortaleza, entre cuyos muros tuvieron nada menos que diez hijos. Por desgracia, cada uno de ellos nació con una extraña deformación: el primero era muy ancho y poseía unas enormes orejas; el segundo tenía un oído mucho más pequeño que el otro; el tercero, un ojo debajo del otro; la mejilla del cuarto estaba cruzada por lo que parecía el arañazo de un león; el quinto solo tenía un ojo, aunque su vista parecía sobrenatural; el sexto, al que llamaron Geoffroi el del Colmillo, contaba con un único y gigantesco diente, y era muy feroz; el séptimo tenía una marca peluda en medio de la nariz; etc. Sin embargo, estas anomalías de su progenie no empañaban la felicidad de Raimundo, que seguía muy enamorado de su mujer.

Pero un día, un primo suyo, envidioso de la prosperidad del nuevo linaje, le insinuó que si Melusina no quería verle los sábados tal vez fuese porque empleaba ese día para reunirse con un amante. A lo mejor aquellos a los que llamaba hijos no eran tales, lo cual explicaría sus marcas de nacimiento. Al principio Raimundo se resistió a creerlo, pero un sábado, corroído por las sospechas, se escondió detrás de un tapiz para espiar a su esposa. La vio bañándose en una gran cuba de mármol; se estaba peinando los cabellos como hacía habitualmente, pero de cintura para abajo, en lugar de piernas, tenía una gran cola de serpiente. En aquel momento Raimundio no sintió horror, sino una gran tristeza por haber roto el juramento que había hecho a su esposa. Decidió guardar el secreto y no decir nada de lo que había visto, ni siquiera a ella.

Melusina se baña

Sin embargo, el mal ya estaba hecho. Poco después, su hijo Geoffroi se peleó con uno de sus hermanos, Freimond, y cuando este se refugió en una abadía cercana le prendió fuego al edificio, causando la muerte de Freimond y de cien monjes. Al enterarse, Melusina acudió a consolar al conde, pero este, presa del dolor, escupió las siguientes palabras: “¡Desaparece de mi vista, perniciosa serpiente! ¡Tú has corrompido a mis hijos!”. Cuando escuchó estos reproches, Melusina se desmayó. Nada más recuperarse, saltó al alfeizar de una ventana y, tras desplegar unas alas de murciélago, se alejó volando del castillo de Lusignan.

En realidad, Melusina pertenecía al linaje de las hadas. Jean D’Arras nos cuenta que era hija del rey Elinas de Escocia y el hada Pressina, quien la había castigado a adoptar forma de serpiente por haberse portado mal con su padre. Melusina se transformaría en serpiente de cintura para abajo cada sábado hasta que encontrase un hombre que se casara con ella aceptando (y manteniendo) la promesa de no verla durante ese día de la semana. Había vagado por todo el mundo hasta llegar al bosque de Colombiers y conocer a Raimundo. De no haber sido por la desconfianza de este, ambos habrían sido felices durante el resto de sus vidas.

Antes de abandonar el castillo, Melusina prometió que volvería a aparecer antes de la muerte de cada Señor de Lusignan para llorar y lamentar la desgracia de la Casa. Y son muchos los que aseguran haberla visto, volando por el aire o bañándose en la Fuente de la Sed, aun años después de que el último de los Lusignan hubiese fallecido.

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El mito de Edipo

Abril 14, 2008 By: Carmen Márquez Category: Mitologia, Mitología griega 4 Comments →

Cuentan que en la Antigua Grecia, concretamente en la ciudad de Tebas de la región de Beocia, reinaba Layo acompañado de su esposa Yocasta.

Como era tradicional en aquel tiempo y lugar, el rey Layo acudía habitualmente a consultar al Oráculo de Delfos y poder así decidir en base a lo que éste le predecía, a sus vaticinios sobre los que no cabía duda alguna.

Edipo

Pero he aquí que cierto día en el que el Rey se encontraba ante el sabio Oráculo, éste le predijo que sería asesinado a manos de su propio hijo. Layo, terriblemente acongojado y asustado, regresó a junto a su esposa y planeó cómo actuaría cuando naciera su primer vástago. Así, cuando Yocasta trajo al mundo al primogénito, el atemorizado y cobarde Rey mandó que ataran los pies al bebé y que lo abandonaran a su suerte a los pies del monte Citerón, esperando así que muriera, y con él, la amenaza de una muerte segura.

Pero el destino tenía otros planes… Melibeo, un pastor de la zona que se dirigía hacia la ciudad de Corinto, encontró al desamparado recién nacido y, apiadándose de su situación, lo llevó consigo y finalmente lo dejó al cuidado de otro rey, el rey Pólibo, que junto a su consorte Mérope, cuidaron del hijo de Layo como si fuera suyo.

Y pasaron los años. Edipo, el bebé ya convertido en hombre, acudió al Oráculo de Delfos como era costumbre y recibió un vaticinio que lo dejó lleno de estupor y preocupación: mataría a su padre y se casaría con su madre. Tras recuperar un poco la calma, decidió abandonar su tierra, su casa y su familia para huir de tan atroz destino. Y se marchó… eligiendo como nuevo hogar la ciudad de Tebas. Pero en el camino tuvo la mala suerte de ser atropellado por un carruaje cuando pasaba por un lugar estrecho. Tan pésimo era su humor y tanta rabia llevaba en su interior que, ensañándose con el conductor del carruaje, le dio muerte. Y dicho conductor no era otro que el rey Layo, su verdadero padre, aunque Edipo aún no lo sabía.

Tiempo después, (Edipo pensó que era mejor no llegar aún a la ciudad por si descubrían su crimen), cuando ya había vuelto a encomendar sus pasos hacia Tebas, encontró a las puertas de ésta a la temida Esfinge, la cual planteaba una adivinanza o enigma a todo aquel que pasara. El no dar la respuesta correcta suponía ser devorado por el monstruo mitológico. La pregunta era: ¿Cual es el ser que camina sobre la tierra que lo hace primero a cuatro patas, después a dos y luego, cuando se vuelve débil utiliza tres patas?. La pronta respuesta de Edipo fue: “El hombre, que gatea de niño, camina sobre sus dos pies en la edad adulta y, cuando se vuelve anciano, usa un bastón“.

La Esfinge, llena de ira, se lanzó al vacío suicidándose. Al fin Tebas había sido liberada. Y la recompensa a tan grande y heroíca hazaña era la de casarse con Yocasta, la viuda del rey Layo, muerto en un camino. Y así se cumplió la profecía del oráculo de Delfos.

El ya rey Edipo y Yocasta llegan a tener cuatro hijos, los cuales fueron llamados Antígona, Eteocles, Polinices e Ismene. Y no fueron malos años, pero un día una epidemia se cebó con la ciudad y Edipo acudió de nuevo al Oráculo para conocer el origen de tanta desgracia. La respuesta del mensajero de Apolo fue contundente: todo pasaría cuando fuera descubierto y desterrado el asesino del anterior rey.

Edipo, preocupado por su familia, consultó al prestigioso vidente Tiresias con la esperanza de acabar con la plaga que asolabaTebas. Pero lo que descubrió lo dejó perplejo y horrorizado, descubrió que aquel a quien había dado muerte años atrás era Layo, que era su padre verdadero, y que efectivamente, y tal y como le habían predicho, había acabado casándose con su madre.

La verdad era demasiado despiadada… Yocasta se suicidó al comprender que su marido era en realidad su hijo perdido y sus hijos Eteocles y Polinices lo maldijeron de por vida. Sólo Antígona se queda con él hasta que muere de viejo. Viejo y ciego desde aquel fatídico día, pues al enterarse de la verdad, Edipo se quita los ojos con un broche del vestido de Yocasta.

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Gigantes en el virreinato de Perú

Abril 13, 2008 By: Domingo A. Gómez Gallego Category: Mitologia inca, Mitologia No Comments →

En casi todas las culturas existen leyendas sobre gigantes, y a veces estos juegan un papel muy importante en sus mitologías. Al ser humano los seres que son mucho más grandes que él le generan una fascinación reverencial. Puede que en la naturaleza acechen depredadores capaces de convertir al hombre en presa, desplazándolo de su trono como rey de la Creación, pero a la mayor parte de ellos los mira de arriba abajo. Nada comparable a estar en presencia de un gigante de dimensiones considerables. Ante el poder que su tamaño les da a los gigantes, el ser humano queda reducido a la insignificancia de una alimaña.

Gigante, perteneciente a una escultura de Manuel Ángel Ortega Alonso

Narraciones mitológicas, como las de la India, Grecia o Escandinavia, sitúan a los gigantes muy por encima del dominio de los hombres. Sólo los dioses y algunos héroes son sus dignos rivales, y aún estos deberán usar contra ellos recursos excepcionales, generalmente armas mágicas o una extraordinaria astucia, cualidad esta última que constituye el habitual punto débil de los gigantes. Porque, a ojos de los hombres, es como si su tamaño los deshumanizase, acercándolos al nivel de las bestias. Resulta difícil encontrar alguna narración en la que intervenga gigante más sofisticado que dioses o humanos.

Como no podía ser menos, entre los indígenas de América también se contaban leyendas sobre estos seres míticos. El cronista Pedro Cieza de León recoge una relativa a la localidad costera de Puerto Viejo (hoy perteneciente a Ecuador) en la Primera parte de la crónica de Perú. El Inca Gracilaso transcribe literalmente la versión de Cieza en los Comentarios reales, y lo mismo procedo a hacer yo a continuación:

“Cuentan los naturales por relación que oyeron de sus padres, la cual ellos tuvieron y tenían de muy atrás, que vinieron por la mar en unas balsas de juncos, a manera de grandes barcas, unos hombres tan grandes que tenía tanto uno de ellos de alto la rodilla abajo como un hombre de los comunes en todo el cuerpo aunque fuese de buena estatura, y que sus miembros conformaban con la grandeza de sus cuerpos tan disformes, que era cosa monstruosa ver las cabezas, según eran grandes los cabellos que les allegaban a las espaldas. Los ojos señalaban que eran tan grandes como pequeños platos; afirman que no tenían barbas, y que venían vestidos algunos de ellos con pieles de animales y otros con la ropa que les dio natura, y que no trajeron mujeres consigo; los cuales como llegasen a esta punta después de haber en ella hecho su asiento a manera de pueblo (que aún en estos tiempos hay memoria de los sitios de estas cosas que tuvieron) como no hallasen agua para remediar la falta que de ella sentían, hicieron unos pozos hondísimos, obra por cierto digna de memoria, hecha por tan fortísimos hombres como se presume que serían aquellos, pues era tanta su grandeza. Y cavaron estos pozos en peña viva hasta que hallaron el agua, y después los labraron desde ella hasta arriba la piedra; de tal manera que durará muchos tiempos y edades; en los cuales hay muy buena y sabrosa agua, y siempre tan fría que es gran contento beberla.”

Piedras gigantescas de la fortaleza de Sacsayhuamán

“Habiendo pues hecho sus asientos estos crecidos hombres o gigantes, y teniendo estos pozos o cisternas de donde bebían, todo el mantenimiento que hallaban en la comarca de la tierra que ellos podían hollar lo destruían, y comían tanto, que dicen que uno de ellos comía más de cincuenta hombres de los naturales de aquella tierra; y como no bastase la comida que hallaban para sustentarse, mataban mucho pescado en la mar con sus redes y aparejos que según razón tenían. Vivieron en grande aborrecimiento de los naturales, porque por usar con sus mujeres las mataban, y a ellos hacían lo mismo por otras causas. Y los indios no se hallaban bastantes para matar a esta nueva gente que había venido a ocuparles su tierra y señorío, aunque se hicieron grandes juntas para platicar sobre ello, pero no los osaron acometer. Pasados algunos años, estando todavía estos gigantes en esta parte, como les faltasen mujeres y a las naturales no les cuadrasen por su grandeza, o porque sería vicio usado entre ellos, por consejo e inducimiento del maldito demonio, usaban unos con otros el pecado nefando de la sodomía, tan grandísimo y horrendo, el cual cometían pública y descubiertamente sin temor de Dios y poca vergüenza de si mismos; y afirman todos los naturales que Dios Nuestro Señor, no siendo servido de disimular pecado tan malo, les envió el castigo conforme a la fealdad del pecado; y así dicen que estando todos juntos envueltos en su maldita sodomía, vino fuego del cielo, temeroso y muy espantable, haciendo gran ruido, del medio del cual salió un ángel resplandeciente con una espada tajante y muy refulgente, con la cual los mató a todos y el fuego los consumió, que no quedó sino algunos huesos y calaveras que por memoria del castigo quiso Dios que quedasen sin ser consumidas por el fuego. Esto dicen de los gigantes, lo cual creemos que pasó, porque en esta parte que dicen se ha hallado y se hallan huesos grandísimos y yo he oído a españoles que han visto pedazo de muela que juzgaban que a estar entera, pesara más de media libra carnicera; y también que habían visto otro pedazo de hueso de una canilla que es cosa admirable contar cuán grande era, lo cual hace testigo haber pasado; porque sin esto no se ve adónde tuvieron los sitios de los pueblos y los pozos o cisternas que hicieron. Querer afirmar o decir de qué parte o por qué camino vinieron estos, no lo puedo afirmar porque no lo sé.”

Es una pena que Cieza de León distorsione la historia indígena original con su recalcitrante catolicismo y con su desprecio hacia lo que llama “opiniones del vulgo y sus dichos varios”. Aunque en su defensa hay que admitir que logra dotar a la narración de un extraño realismo.

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